Urgencia de la oración por la unidad de los crisitanos

gilhellinMons. Francisco Gil Hellín      Jesucristo fundó una única Iglesia. Sin embargo, quienes nos llamamos “sus discípulos” hemos roto esa unidad. Durante el primer milenio estuvimos unidos y, dentro de las legítimas y deseables diferencias, todos profesamos la misma fe y celebramos los mismos sacramentos. El año 1054 tuvo lugar el primer gran desgarrón del manto inconsútil de la Iglesia, surgiendo dos grandes bloques: el de Oriente y el de Occidente. En el siglo XVI tuvo lugar otro gran desgarrón: el de la Reforma Protestante y Anglicana. Desde este momento la Iglesia de Jesucristo presenta este estado de cosas: la Iglesia católica, la Iglesia ortodoxa y las Iglesias reformadas.

No hace falta tener la piel espiritual excesivamente fina para percibir que esto es una gran tragedia y un grave obstáculo para la evangelización. Más aún, un escándalo, pues contraviene la voluntad expresa de Jesucristo. Como las culpas no suelen ser patrimonio exclusivo de una de las partes, todos tenemos nuestra propia responsabilidad y hemos de pedir perdón al Señor. Ahora bien, para que esta petición sea auténtica necesitamos aportar lo que esté en nuestras manos para remediar con urgencia nuestra desunión.

Con todo, sería una ingenuidad creer que la tarea es sencilla y que todo se resolvería si cada una de las partes aporta un poco de buena voluntad. Las heridas profundas e inveteradas –como es el caso- tienen un proceso de curación lento y difícil. Más aún, hay casos en los que la enfermedad está tan arraigada, que supera las posibilidades humanas y sólo queda el recurso a la fuerza de lo Alto, a la gracia de Dios. Las personas y grupos con una especial sensibilidad sobre la desunión están firmemente persuadidos de que los hombres somos incapaces de superar la situación actual y necesitamos que Dios nos conceda el don de la unidad.

Fruto de esta convicción es la Semana de oración u Octavario. Desde la primera asamblea de obispos anglicanos en Lambeth, en el lejano 1867, pasando por los papas León XIII, Pablo VI, Juan Pablo II y el papa Francisco, sin olvidar al Concilio Vaticano II y la Comisión Fe y Constitución han insistido en la necesidad de pedir a Dios que tenga misericordia de nosotros y nos conceda el don de la unidad. El decreto sobre Ecumenismo del Concilio Vaticano II señala que la oración es el alma del movimiento ecuménico y anima a la práctica de la semana de oración.

No cabe duda de que se han dado ya pasos importantes, sobre todo, en la remoción de obstáculos. Por ejemplo, ya es historia la mutua excomunión entre ortodoxos y católicos y ha desaparecido lo que podríamos llamar psicología de desconfianza y hostilidad. Pero no podemos engañarnos: resta mucho camino por hacer. Por eso, nuestra oración tiene que ser aún más insistente y apremiante. Hay que urgir al Señor poniendo ante sus ojos la grandísima necesidad que tiene el mundo actual del anuncio salvador de Jesucristo y el freno que a ello supone la desunión entre quienes nos llamamos cristianos.

Por otra parte, causa mucha pena que persista la desunión ahora que el cristianismo está sufriendo grandes oposiciones en tantas partes y son tantos los cristianos de Oriente, Asia y África que padecen en sus carnes intensos dolores físicos y morales por ser fieles a su fe.

Desde aquí animo a todos los que hemos recibido el Bautismo a volcarnos este año en el Octavario por la Unidad de los Cristianos que comienza hoy y se prolongará hasta el próximo 25, fiesta de la Conversión de san Pablo. Acudamos a la Virgen, como Madre de la unidad, para que nos alcance de su Hijo la gracia de ser pronto un solo rebaño bajo el cayado de uno solo Pastor.

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.