¡Vivir el nuevo año con intensidad, como verdaderos protagonistas de nuestra vida!

Mons. Rafael ZornozaMons. Rafael Zornoza     La vida es un regalo. Lo comprendemos cuando vemos que pasan los años y que, con ellos, nos dejan muchos vivientes, como los resúmenes de prensa nos los recuerdan sin parar.

¿Y si el año próximo fuese el último de nuestra vida? ¿Cómo viviríamos? Supongo que cobraría valor cada conversación, cada encuentro cada amigo, hasta con los simples conocidos. Es posible que quisiésemos disfrutar más de las cosas pequeñas. Dicho de otro modo, pondríamos en todo el corazón y estaríamos más pendientes de lo fundamental. Decía Chesterton que los cristianos “esperan la muerte como el agua pero apuran la vida como el vino”.

Os invito a vivir así, de modo consciente, como protagonistas de nuestra vida, nosotros que sabemos su valor y que somos amados por Dios. No es tan sencillo vivir así.  Para muchos, no es fácil soportar el vacío del nihilismo puro, que se convierte finalmente en un tránsito para llegar después a una religiosidad vaga, a técnicasNew Age para aquietar la conciencia con músicas relajantes y técnicas de relajación. Salgamos del bunker, y mejor aún, no entremos en el. En cualquier caso, vivimos en la sociedad el regreso de los ídolos, dioses hoy al gusto del consumidor, pero que no acallan el grito del corazón, aunque consiguen aletargarlo bastante.

Cuantos sabemos que el Infinito se ha hecho humano, que el Hijo de Dios ha tomado carne de la Virgen María, solo nos queda anunciar “lo que hemos visto y oído, lo que hemos palpado del Verbo de la Vida”, de modo que nos inunde la vida.

Vivir la fe es inseparable del testimonio cristiano. La mejor aportación que podemos ofrecer a nuestra sociedad es ser personas en las que se puede confiar porque actúan en conciencia, porque pueden aportar otro juicio sobre la realidad y dialogar con la mentalidad imperante de lo políticamente correcto, pero mostrando que lo más valioso que busca el hombre, todo lo verdaderamente humano se encuentra esclarecido, purificado y realizado en Jesús. Por eso anunciamos su evangelio, vivimos en comunión de caridad entre nosotros fuertemente unidos a Dios. El mensaje del Dios vivo y verdadero va dirigido a la razón y al corazón de los hombres, de su libertad, y esclarece el misterio de la vida y de la muerte. Es necesario, pues, que el Evangelio en el mundo (en la familia, en la política, la cultura, las ciencias, la economía, etc) resplandezca por su belleza y oportunidad ofrecida en nuestro testimonio y nuestro discurso.  ¡Cuánto vale ante Dios tu disponibilidad para evangelizar!

Te propongo, mientras damos gracias a Dios por el año que se va y las gracias inmensas que hemos recibido en el, que aproveches el momento (diríamos nosotros también: Carpe Diem!, vive el presente, disfruta el instante, la vida),  y te preguntes qué supone para ti lo que exige la llamada al apostolado y que entres en la dinámica del cambio de mentalidad que nos pide el Papa Francisco.

Permíteme dos observaciones prácticas.

La primera: dedica tu tiempo este año a lo esencial, lo que sabes que es necesario, lo más importante. Y Dios ocupa, sin duda, el primer lugar. Tu relación con el, la renovación de tu vida cristiana en las Escuelas de Evangelizadores o de Discipulado, tus Ejercicios Espirituales, tu oración, animará en tu conciencia el valor de tu familia, del trabajo, de la caridad, y revalorizará lo más valioso que Dios te ha dado, tu lugar en el mundo, para que lo abraces con la intensidad de la caridad. Cobrará importancia tu familia, tu matrimonio, tu trabajo tu apostolado.

Uno de los mayores tesoros es el tiempo de que disponemos. Es importante, pues, saber administrar bien el tiempo, puesto que tenemos la sensación de que el tiempo no nos cunde, que nunca tenemos tiempo. Hay algo de cierto, pero también lo es que hemos desarrollado una sensación de insatisfacción por hipertrofia del deseo. La “empresarialidad” de la vida laboral nos hace valorar la productividad pero no ese tiempo para nosotros. Parece un elogio que nos hacemos cuando presumimos de “no tener ni un minuto”. Tenemos siempre tanto que hacer porque caemos en la tiranía de la abundancia, que se convierte en ironía de la vida que nos lleva a la insatisfacción. El ritmo frenético oculta con frecuencia un gran vacío, un tranquilizante para no responder a las grandes preguntas, no afrontar bien las relaciones, para no ser creativos. Pero solo Nuestro Señor es el Señor de nuestros años, de nuestros días, de nuestro tiempo.

Segunda observación: El mejor testimonio que podemos dar a la sociedad es el vivir en comunión. Necesitamos pasar del “yo” al “nosotros”, romper con el individualismo auto-suficiente que tanto nos limita. Todos somos responsables y tenemos, además, la fuerza de Dios, pero necesitamos un cambio en la mirada. Debemos mirar las cosas como los navegantes que forman parte del mismo navío y están involucrados en el mismo viaje del mundo. Nosotros en la barca de la Iglesia de Jesús. Cualquier grieta o filtración nos afecta a todos. Nuestra comunión nos afecta a todos, pero también afecta al mundo, al que convocamos a unirse con nosotros en esta peregrinación.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.