Terminada la Navidad… ¿ahora qué?

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     No sé exactamente cuál habrá sido el resultado de la campaña de Navidad para la economía. Esperamos todos que se haya alegrado la economía del país por la vertiginosa circulación del dinero y hayamos dado pasos firmes hacia el pleno empleo alejándonos de la profunda crisis que nos ha invadido. Lo que sí podemos haber observado todos, han sido los esfuerzos por declarar como ya logrados los éxitos del consumo de estos días. Se nos anunció desde octubre mayores porcentajes que el año pasado en todo: comida, regalos, salidas, turismo… por tanto, la idea que se quiere introducir es la de gastar carburante, moverse antes de Navidad para viajar y comprar, y, después, para divertirse en el merecido descanso de darse la paliza viajando.

Me reconozco muy irónico en este forzado alejamiento de la Navidad para que ya no sea la celebración cristiana que ha marcado la división de la historia en un antes de Cristo y un después de Cristo; no es una cosa solamente curiosa que se refiere al calendario: 2014 años ya de su nacimiento. Pero ya se sabe «una cosa tenida como real, es real en sus consecuencias», si antes de estas fiestas de invierno solo esperaba gastar dinero, ahora lo único que me ha de preocupar es la llamada cuesta de enero.

Para nosotros, los miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, este tiempo después de la Navidad aparece como lleno de esperanza, de caridad y de fe. Porque Cristo aparece hoy, Día del Bautismo del Señor, metido en la larga fila de los pecadores. Si me permitís el símil taurino, «coge el toro por los cuernos» del pecado, de todo lo que destroza a la persona. Del estatuto de una Humanidad que necesita purificar su vida de todo el mal realizado —Él, que no ha tenido parte en ese mal—, pasa a ser el Hijo amado del Padre, primicia de lo que hemos sido llamados a ser y se nos ha dado en el Bautismo: hijos de Dios.

Después de Navidad, porque Dios se ha hecho Hombre y vive con nosotros, ahora ya no hay cuesta de enero que se nos resista… pues nos vamos a poner a pedalear codo con codo con nuestros vecinos de cerca y de lejos por las cuestas de este mundo ciertamente injusto con los que solo tienen sus manos y sus pies para sobrevivir. Sin despreciar a toda persona que ha gastado de más, y no solo los dineros sino a lo mejor su propia dignidad arrastrada por el placer o por el oportunismo de quien la ha manejado en el juego infernal de la utilización y el provecho, quedando solamente la soledad y el resabio ante los demás.

¿Ahora qué? Ya sabéis, ahora es el tiempo de la Iglesia, empezamos a pasar los días del tiempo que llamamos Ordinario por ser el más propio nuestro, de los que —por la misericordia de Dios— hemos descubierto el amor que Dios nos tiene al enviarnos a su Hijo como Enmanuel, como Dios-con-nosotros. ¿Ahora qué? Sencillamente entregados a su amor, con palabras de Santa Teresa que suenan a exageradas pero que son terriblemente realistas: «Si queréis que esté holgando,/quiero por amor holgar./Si me mandáis trabajar,/morir quiero trabajando./Decid, ¿dónde, cómo y cuándo?/Decid, dulce Amor, decid:/¿qué mandáis hacer de mí?». La voluntad de Dios que más clara nos ha llegado en la Navidad es que viene a entregarse por nosotros. ¿Ahora qué? Vayamos y entreguemos la vida con Él en favor de todos los hermanos, salgamos de nuestras cómodas celebraciones a la periferia de un mundo que vive como si Dios no existiera, pedaleando por las cuestas de la vida sin mucho entusiasmo, con el decaimiento propio del que se ha gastado lo que no tenía o simplemente no era suyo. ¡Feliz Año Nuevo! Feliz tiempo que poseemos para preguntar ¿Que mandáis hacer de mí?

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.