El Reino que nos reclama

IcetaGavicagogeascoaMons. Mario Iceta       1. El Reino que nos reclama es una hermosa expresión que utiliza el Papa Francisco en su exhortación “Evangelii Gaudium” (EG 180). Pienso que puede ser una atractiva invitación para comenzar el año nuevo: somos invitados a una tarea, reclamados para una misión en compañía de Jesús. El Reino de Dios es uno de los aspectos centrales de la predicación de Jesús. Son bien conocidas sus parábolas del Reino: es como un grano de mostaza, un tesoro escondido, está en vuestro corazón, es como un banquete de bodas, se parece a las diez vírgenes en espera, del padre de familia, de la red, de la perla del gran valor, de la levadura en la masa… Constituyen una impresionante novedad en la Sagrada Escritura. Con su estilo pedagógico, Jesús nos abre a una realidad nueva. Y nos dice: “Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura» (Mt 6,33). El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre; Él pide a sus discípulos: ¡Proclamad que está llegando el Reino de los cielos! (Mt 10,7).

2. Como afirma Orígenes, Jesús es la “autobasileia”, Él es el Reino. Es de naturaleza personal. Donde está Jesús presente, donde se hace realidad su Espíritu que transforma los corazones, y desde el corazón transformado, la realidad circundante, allí se hace presente el Reino de Dios. A este respecto, el Papa nos dice que “En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos” (EG 180). Somos invitados a formar parte de este reino naciendo de nuevo, del agua y del Espíritu. Este nacimiento nos impulsa a colaborar en la edificación del Reino de Dios, a anunciarlo y hacerlo realidad.

3. El Reino de Dios es un reino de justicia y de paz. El primer día del año, solemnidad de María, Madre de Dios, la Iglesia celebra la jornada mundial de la paz. Nos recuerda el Concilio Vaticano II que “la paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre… en la medida en que los hombres, unidos por la caridad, triunfen del pecado, pueden también reportar la victoria sobre la violencia hasta la realización de aquella palabra: De sus espadas forjarán arados, y de sus lanzas hoces” (GS 78). Una vez más se nos insiste en que la paz proviene del efecto de Cristo en nuestros corazones, de un corazón que es purificado por la gracia de Dios y lo vuelve manso, pacífico y humilde.

4. El día seis de enero celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor. Es la fiesta de la manifestación de Cristo como luz de los pueblos. A Él acuden estos magos de oriente que, fiados de la estrella, se pusieron en camino al encuentro de Aquél que ha venido a buscarnos. El Santo Padre nos vuelve a recordar la dimensión universal del Evangelio, utilizando un texto de Aparecida: “la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene un destino universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño” (V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida 2007, 380).

5. Pero no sólo los magos salen al encuentro del Señor. También a nosotros llegan personas de diversas latitudes buscando un futuro mejor. En ellas, es el Señor quien viene a nuestro encuentro. Nadie sale de su tierra sin una causa realmente necesaria, huyendo de la pobreza, de la explotación, de la miseria. La Escritura nos dice que Jesús, María y José, huyeron a Egipto porque querían matar al Niño. En los rostros concretos de las personas inmigrantes se juega la verdad de nuestro amor, en la medida en que somos capaces de propiciar su acogida e inclusión para trabajar juntos, fraternalmente, por un futuro mejor para todos.

6. No quiero concluir sin hacer referencia al octavario por la unidad de los cristianos. El Papa Francisco ha dado pasos muy importantes, con gran contenido teológico y pastoral en vistas a progresar en el camino ecuménico. También nuestra Iglesia diocesana celebra con gozo estos días en que pedimos al Espíritu Santo el don de la unidad, algo por lo que rogó Jesús con tanta insistencia antes de su Pasión: “Para que todos sean uno, como Tú, Padre, en mi y yo en ti, que ellos sean también uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17-21”). El Reino de Dios nos reclama durante este año 2015. Os deseo un año lleno de la bendición y de la gracia de Dios. Haber sido llamados a este Reino, anunciarlo y trabajar por Él llenará nuestro corazón de alegría, esperanza y de paz. Con afecto.

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

Obispo de Bilbao

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 64 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.