Navidad desde la fiesta de Reyes

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas    Esta semana he pensado nuevamente en la Navidad de Jesús, pero desde la fiesta de la Epifanía o de los Reyes Magos, considerando la narración evangélica y la fiesta popular. 

Cada año contemplo el rostro de admiración, sorpresa e ilusión de los niños que participan en la cabalgata de Reyes. 

Cada año escucho con más admiración la narración evangélica de san Mateo que ofrece la descubierta, la búsqueda ilusionada, la superación de las dificultades, hasta el encuentro también ilusionado de aquellos magos, astrólogos o reyes, con Jesús. La narración desea que, contemplando a los Reyes, lleguemos hasta Jesús. 

Hace años que me pregunto porqué tantos niños que admiran la representación de la narración evangélica no llegan hasta Jesús quedándose solamente con los personajes y los regalos. 

He de confesar que cuando era niño no pude admirar cabalgata alguna porque en mi “pequeño” pueblo no había. Creo recordar que la primera la seguí por televisión en blanco y negro. Las demás, cuando ya era vicario y, sobretodo, cuando era párroco en mi primera parroquia. Después de pasar por el ayuntamiento, los Reyes, y su séquito, llegaban a la iglesia parroquial, entraban y veneraban la imagen  del Niño Jesús. 

Les dirigía una breve salutación y orábamos juntos. 

Al finalizar y despedirnos, el rey negro siempre nos dirigía unas palabras: “Queríamos llegar hasta aquí, para hallar a Jesús, como hicimos la primera vez. De no ser así, no valdría la pena salir de casa”. Y a mi, en un susurro, me decía: “Ya lo ve: pasamos de largo de los palacios…  pero nuestro destino es la cueva. Ya me entiende”. 

No reivindico que las cabalgatas finalicen con la adoración de la imagen del Niño Jesús –donde así lo hacen, les felicito-, pero si que es del todo conveniente, en un ambiente de ignorancia cristiana, explicar el porqué de la representación y donde finalizó la primera comitiva de los Reyes. No lo hizo ni en el palacio de Herodes, ni en el centro de Jerusalén, sino donde estaba el niño con su madre para adorarlo y reconocerlo por medio de los dones de oro, incienso y mirra. 

Por lo menos nosotros —sacerdotes, padres, abuelos, educadores…— sí que seria conveniente que lo explicásemos y comentásemos. Como lo sería también explicar el porqué de los regalos que nos traen los Reyes, y porqué en este día y no en otro… De todas formas debemos hablar de Jesús y de su nacimiento.  Y es en este punto cuando nos pueden preguntar: ¿Por qué nació Jesús? Y ¿Por qué Jesús era tan importante que hasta Él llegaron los Reyes y le ofrecieron regalos tales como oro, incienso y mirra? 

¿Qué responderemos? 

Cada cual, a nuestra manera, hemos de ser capaces de explicar que Jesús nació porque Dios nos ama tanto que ha querido ser como uno de nosotros. Así le podemos escuchar, sentirlo cerca de nosotros y conocer lo que desea ofrecernos si lo acogemos. Para eso ha nacido, vivido, muerto y resucitado su Hijo, Jesús. 

Ésta es la gran noticia de la Navidad. Éste es el canto de los ángeles, como mensajeros de Dios, anunciando la gran alegría para todo el pueblo, y también para nosotros. 

Ésta es la razón de la alegría de la Navidad y de Reyes, una alegría que es un don y que queremos manifestar y compartir en medio del dolor y el sufrimiento. Una alegría que nadie ni nada nos puede arrebatar. 

¿Seremos capaces de explicarlo? 

¡Una feliz fiesta de Reyes junto a Jesús! 

 +Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 412 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.