La gran luz y esperanza de la familia

antonio_canizaresMons.  Antonio Cañizares    El domingo celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, el día de la familia. Son bien conocidos los problemas que en nuestros días asedian al matrimonio y a la institución familiar, debidos a una cierta mentalidad ambiental hedonista, permisiva e insolidaria. La familia atraviesa dificultades importantes por las presiones que sufre, particularmente con la plaga del divorcio, que cobra especialmente sus víctimas en los hijos, con la mentalidad anti-vida, con la impregnación de una cultura de muerte y de miedo al futuro que reduce el sentido de acogida de la vida, impide su concepción o la elimina antes de nacer, y con la insuficiente protección en los aspectos económico, social y de vivienda o con el injusto tratamiento al que en estos campos muchas familias se ven sometidas. Especial dificultad en estos momentos es el intento de imponer legislaciones que atentan contra el matrimonio y la familia, vulneran la más elemental dignidad y verdad del ser humano, conducen a la quiebra de humanidad o a ahondar en ella, y ponen en peligro, en consecuencia, la estabilidad de la misma sociedad. Lo mismo habría que decir de las políticas antinatalistas o en contra de la vida o que favorecen la muerte de seres inocentes y débiles, constituyendo así un ataque frontal a la familia que está llamada a ser santuario de la vida, matriz de esperanza que en cada vida se alumbra.

Por eso es tan sumamente necesario y apremiante presentar con autenticidad el ideal de la familia según el designio de Dios, basado en la unidad y fidelidad del matrimonio, abierto a la fecundidad, guiado por el amor, fuente de vida, santuario de la vida. Son estos aspectos los que corresponden mejor a las exigencias del corazón humano, aunque contrasten con las propuestas del mundo, de la moda y aunque haya que ir contra corriente.

Todos, sin excepción, estamos obligados a promover y fortalecer los valores y exigencias de la familia. Esta debe ser ayudada y defendida mediante medidas sociales apropiadas. La sociedad tiene la grave responsabilidad de apoyar y vigorizar la familia, y su fundamento que es el matrimonio único e indisoluble. La misma sociedad tiene el inexorable deber de proteger y defender la vida, cuyo santuario es la familia, así como dotar a ésta de los medios necesarios –económicos, jurídicos, educativos, de vivienda y trabajo– para que pueda cumplir con los fines que le corresponden a su propia verdad o naturaleza y asegurar la prosperidad doméstica en dignidad y justicia. No ayudar debidamente a la familia constituye una actitud irresponsable y suicida que conduce a la humanidad por derroteros de crisis, deterioro y destrucción de incalculables consecuencias.

La promoción y defensa de la familia, basada en el matrimonio único e indisoluble, es la base de una nueva cultura del amor. Es el centro de la nueva civilización del amor. Lo que es contrario a la civilización del amor, y por tanto a la familia, es contrario a toda la verdad sobre el hombre y al mismo hombre, constituye una amenaza para él. Sólo la defensa de la familia, apoyada y asentada en el amor indisoluble e indestructible, abrirá el camino hacia la civilización del amor, hacia la afirmación del hombre y de su dignidad inviolable, hacia la cultura de la solidaridad y de la vida, será la base de la paz. La familia es la gran esperanza de la humanidad. Urge y apremia mostrar en realidades concretas, testimoniales, la verdad, la grandeza, la belleza de la familia, asentada sobre el fundamento firme del amor consolidado y real del matrimonio único e indisoluble entre un hombre y una mujer, abierto a la vida, prolongado en el gran don de ese amor que son los hijos cuidados, alimentados, educados, crecidos en el seno de la familia.

Estamos llamados a que las familias, en medio de las dificultades que las envuelven hoy, tomen conciencia de sus capacidades y energías, confíen en sí mismas, en las propias riquezas de naturaleza y gracia que en ellas reside, en la misión que Dios les ha confiado. Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto, muy alto: la verdad de la familia que se realiza en el amor. Los católicos tenemos en ello una especial responsabilidad que se traduce en el anuncio, testimonio, presencia del «evangelio de la familia», la gran y alegre noticia que el mundo necesita para abrirse al futuro, para que haya un futuro grande para la humanidad.
Debemos dar gracias a Dios por el don de la familia, verdadero camino del hombre, de la humanidad entera y de la Iglesia. Necesitamos implorar el auxilio de Dios sobre las familias y sobre este mundo para que se promueva, defienda y fortalezca la institución familiar. Necesitamos afirmar el valor insustituible de la familia. Necesitamos abrirnos al don de Dios, y participar de su amor que es el vínculo y la entraña misma de la familia.

Todo el esfuerzo de la Iglesia ha de encaminarse a que todo hombre, toda familia, pueda encontrar a Cristo, para que Cristo pueda recorrer con cada una, con cada familia, el camino de la vida –el camino de ser hombre, el camino de la familia, inseparable del ser hombre–. La familia no puede comprenderse hasta el fondo sin Cristo. La exclusión de Cristo de la familia se vuelve contra el hombre. Sólo en Cristo la familia adquiere su plena verdad y su plena realización. Cristo se ofrece como encuentro necesario para cualquier realidad humana, y ninguna tan hondamente humana y fundamental como la familia. Por eso, exhorto a todas las familias cristianas a que ahondéis vuestra adhesión y seguimiento de Jesucristo, a que seáis verdaderas iglesias domésticas donde Él vive, a que seáis lugar de encuentro con Dios, presencia y anuncio del Evangelio, centro de irradiación de la fe en Jesucristo, escuela de vida cristiana y del seguimiento de Él.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014