"Crecer en familia"

Mons. José VilaplanaMons. José Vilaplana Blasco      Mis queridos hermanos y hermanas:

Los ojos de los pastores, que habían acogido la Buena Noticia del nacimiento del Salvador, quedaron asombrados al contemplar al Hijo de Dios hecho hombre, como un frágil Niño, envuelto en pañales y acostado en un pobre pesebre. Junto a Él, María, su madre, que le había dado a luz, y José, que asumía su papel de padre. El Niño Dios necesitó el cuidado de una familia.

La familia de Jesús, tuvo que huir perseguida a Egipto y, pasado el peligro, volver a Nazaret, donde el Hijo de Dios vivió sujeto a sus padres, creciendo en sabiduría, estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres (cf. Lc 2, 52).

La Sagrada Familia de Nazaret es contemplada por todos nosotros en estos días de Navidad como modelo de toda familia. En ella crecen todos en el cumplimiento de la voluntad del Padre: las pruebas, el trabajo, el silencio, la humildad se desarrollan en el amor mutuo bajo la mirada bondadosa de Dios.

Al dirigirme a vosotros en este mensaje navideño, queridos diocesanos de Huelva, quiero centrarme sobre todo en la familia, porque la fiesta de la Navidad del Señor tiene un sentido familiar muy arraigado. Todos deseamos unirnos a nuestros seres queridos para celebrar juntos la Navidad.

Como dice el Papa Francisco, “la familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros y donde los padres transmiten la fe a sus hijos” (Evangelii Gaudium nº 66).

Deseo que Jesús esté presente en todas nuestras familias. Él es el centro de nuestra fiesta. Él está en medio de nosotros para ofrecernos su paz, porque nos enseña a comprendernos, a perdonarnos, a crecer en confianza y en fidelidad a los planes de Dios para cada uno de nosotros. Si Jesús es acogido en nuestras familias siempre estará ardiente el calor del amor, porque Él nos impulsa a amar dando la vida, atentos siempre a la necesidad del otro, a tratarnos con ternura y misericordia. Si Él habita en nuestros hogares no faltará la alegría, incluso en las lágrimas, porque nos sentiremos acompañados por su presencia que conforta y consuela, que hace brillar la luz en medio de nuestras noches. Con Él todos podemos crecer en santidad y renovar el mundo.

Al desearos esta presencia de Jesús en medio de nuestras familias, para que juntos crezcamos en la confianza en Dios y en el seguimiento del que es nuestro Camino, pienso en todas las situaciones diferentes que viven tantas familias. Me uno al sufrimiento de las que están angustiadas por el paro y las necesidades materiales y de las que están afectadas por la enfermedad. Rezo por las que viven situaciones de tensión, desavenencia o ruptura, por las que están fuera de su patria o tienen dispersos a sus miembros, por los que están solos. Mi pensamiento se dirige también, más allá de nuestras fronteras, a todas las familias que padecen los horrores del hambre, de la guerra y la persecución, así como las que han sucumbido en el mar buscando una vida mejor.

Comparto también la acción de gracias por los que están reunidos y contentos celebrando la Navidad: abuelos, padres e hijos, pequeños y mayores. Que este ambiente cálido y entrañable sea un momento propicio para transmitir la fe en Jesús nuestro Salvador, renovar la esperanza en el Mesías deseado por los pueblos y consolidar el amor que el Señor nos ha mostrado.

Una de mis mayores ilusiones pastorales es que los padres e hijos podáis crecer juntos en la vida cristiana. Un crecimiento que respete los ritmos y procesos de cada uno, sin caer en la ansiedad que no tolera “fácilmente lo que significa alguna contradicción, un aparente fracaso, una crítica, una cruz” (cf. Evangelii Gaudium nº 88).

Con afecto os bendigo y deseo que el Hijo de Dios, hecho hombre, llene de paz, amor y alegría a todas las familias de la tierra.

¡Feliz Navidad a todos!

+ José Vilaplana Blasco

Obispo de Huelva

Mons. José Vilaplana Blasco
Acerca de Mons. José Vilaplana Blasco 30 Articles
Nació en Benimarfull, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia, el 5 de diciembre de 1944. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario metropolitano de Valencia, recibiendo la ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1972. Durante el curso 1980-1981 realizó estudios de Teología Espiritual en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Tras su ordenación sacerdotal desarrolló su ministerio, de 1972 a 1974, como coadjutor en la parroquia Cristo Rey de Gandía (Valencia). Desde ese año y hasta 1980 fue Rector del Seminario menor de Játiva y Responsable del Instituto de BUP de la misma población. Fue Vicario Episcopal de la zona de Alcoy-Onteniente y párroco de Penáguilla, Benifallim y Alcolecha entre 1981 y 1984. En 1984 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante). El 20 de noviembre de 1984 fue nombrado obispo auxiliar de Valencia y recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. El 23 de agosto de 1991 fue trasladado a la sede episcopal de Santander. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión Episcopal del Clero. Con fecha 17 de julio de 2006, fue nombrado por S.S. el Papa, Benedicto XVI, Obispo de Huelva, sede de la que toma posesión el día 23 de septiembre de 2006.