«Gloria a Dios en el cielo»

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella     ¿Puede haber felicitación navideña mejor que esta? Son las palabras del ángel anunciador, y con ellas quiero desear lo mejor a las familias riojanas.

En estos días todos nos decimos unos a otros un “¡Feliz Navidad!” que nos sale del corazón, pero que a menudo se nos puede quedar vacío. Celebramos una fiesta litúrgica – el Nacimiento del Hijo de Dios – posiblemente la más bonita, la que más ha calado en el pueblo creyente. Encierra tanta dulzura, tanta ternura, tanta sencillez… Sin embargo, sería una pena que nos quedásemos sólo en lo “bonito, en lo sensible, en definitiva, en lo superficial”.

Nos encontramos ante el hecho histórico más importante – y más documentado – en toda la historia de la humanidad. Si profundizamos, aunque sea mínimamente, en lo que quiere decir que Dios se ha hecho hombre, un hombre exactamente igual a cada uno de nosotros menos en el pecado, y que nació de una joven virgen hace dos mil años, nos quedaremos en un primer momento asombrados, perplejos, para acabar después en una actitud agradecida, comprometedora. Si Dios ha hecho esto por mí, ¿qué no he de hacer yo por Él?

De ahí que nuestra felicitación en estos días no se puede quedar en un plano puramente horizontal: Dios ha tomado la iniciativa y, desde ese momento, ninguno de nosotros permanecerá indiferente, extraño, a este hecho.

Una vez nacido el Hijo de Dios en la gruta de Belén, aparecieron unas criaturas extrañas – a las que llamamos ángeles – y comunicaron la noticia por todo aquel valle, cantando “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”. No puede haber paz y seguridad entre los hombres sin una referencia a la fuente de la paz que es Dios. El olvido de Dios ha llevado a la humanidad a actitudes y planteamientos que son fruto del egoísmo, de la soberbia y de la manipulación. No puede haber respeto por la dignidad del otro, del prójimo, si borramos de nuestro panorama vital a Dios. Las actitudes laicistas conducen, no a la confraternización sino a la confrontación. Todos debemos recordar que – en la larga historia del hombre – solamente ha habido un tiempo de paz en todo el planeta, el tiempo que acogió el nacimiento del Niño Dios. De ahí que el título de “Príncipe de la Paz” solamente es aplicable en sentido pleno y verdadero a ese Niño que María sostiene en su regazo.

Os deseo a todos unos días de alegría, de serenidad y de entraña familiar. Tendré muy presentes en mi plegaria a tantas familias riojanas que lo están pasando mal por muchas causas que nos están desbordando: separaciones por motivos de trabajo, paro, penuria económica, futuro incierto en tantos hogares. También quiero tener muy presentes a los miembros de las familias que nos han dejado y que ya no gozarán con nosotros en estas fechas tan especiales. Y los emigrantes: miles de hombres y de mujeres que han abandonado – con gran pena y gran pesar – sus países de origen, que están buscando un hueco entre nosotros, y que estos días tendrán sus corazones afligidos porque echarán de menos muchas cosas.

Invito a todos a entrar en el Portal de Belén. A colocarnos en un rinconcito y ver, como ven los niños pequeños, lo que allí sucede. La entereza de José, la ternura de María y, por encima de todo, la carita de ese Niño que dará sentido a nuestras penas y a nuestras alegrías. Haz de pastor o de rey mago y ofrécele al Niño un presente, no material que tal vez no tengas, sino espiritual, personal: yo te sugiero que le ofrezcas tu interés por los que sufren a tu alrededor, tu atención por los que lo están pasando mal, tu afecto y estima por tantos y tantos que viven solos.

Termino con otra sugerencia, que por supuesto yo también me aplicaré: cada vez que cantes, recites o escuches un villancico, entra mentalmente en el Belén y haz algún propósito de mejora personal. Agradarás a dios y harás mucho bien a tus hermanos.

¡Feliz Navidad!
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.