Dios con nosotros

Cesar_Franco_SegoviaMons. César Franco     Me alegra profundamente que mi primer artículo en este periódico vea la luz el mismo día que inicio mi servicio como Obispo de Segovia. El papa Francisco me envía a esta antiquísima sede como sucesor de los apóstoles para realizar la misión de Jesús, el Cristo: evangelizar y ofrecer la salvación que nos trae. Entro en Segovia cuando agoniza el tiempo de Adviento y la Navidad toca a nuestras puertas con su alegría y esperanza desbordantes. Por eso, me apresuro a desear a todos los segovianos una feliz y verdadera Navidad. Aunque es una fiesta que pierde progresivamente su genuino sentido cristiano, late en ella aún el carácter de «Buena Nueva»,  que es el significado de la palabra evangelio. Cuando los primeros cristianos utilizaron esta palabra estaban convencidos de que el nacimiento de Cristo, confesado como Hijo de Dios, era la gran buena noticia para el mundo. Que Dios mismo quisiera ser y llamarse Enmanuel, Dios con nosotros, era el mejor anuncio, capaz de asombrar  a toda la tierra.

Para el pueblo judío, esta noticia resultaba escandalosa, dado el concepto tan inefable que tenían de Dios, incompatible con hacerse sangre y carne, es decir, fragilidad y muerte.  Para la mentalidad griega, el evangelio era pura necedad, pues la carne no merecía el aprecio de los dioses. El hecho es que los cristianos proclamaron el evangelio a los cuatro vientos y ha llegado a los últimos confines de la tierra como una oleada pacificadora de esperanza y alegría. Decir que Dios ha tomado nuestra carne es afirmar que el hombre ha dejado de estar solo, radicalmente solo ante su destino en esta tierra, aunque transcurra en compañía de los hombres. Me refiero a la soledad del hombre que camina, como dice el libro de Job, irremediablemente hasta la muerte.

En la obra teatral «Esperando a Godot», el premio nobel de Literatura Samuel Beckett nos deja una escena sobrecogedora en este diálogo de los dos protagonistas:

«VLADIMIR: Nos ahorcaremos mañana. (Pausa). A menos que venga Godot.

ESTRAGON: ¿Y si viene?

VLADIMIR: Nos habremos salvado».

Se discute quién se esconde detrás del personaje llamado Godot. Algunos quieren ver en él a Dios. A mi me gusta pensar, en el contexto existencialista de la obra teatral, que es la salvación anhelada por el hombre desde sus entrañas, el deseo de superar la desesperación que supone la vida sin horizonte trascendente, más allá de la muerte. Israel esperaba que el cielo se abriera y descendiera el Salvador. Los griegos inventaron sus mitos para alimentar su esperanza, y el hombre, quiéralo o no, vive como un drama la espera inevitable de la muerte. El cristianismo proclama que el hombre ha sido salvado por Dios, al asumir éste nuestra condición mortal. Las imágenes de los profetas son elocuentes. Basta la de Isaías para mostrarlo: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló» (9,1). Con gran habilidad, el evangelista Mateo cita estas palabras para presentar el ministerio público de Cristo y su llamada a la conversión. En Cristo ha brillado la luz que pretende alcanzar a cada hombre para disipar toda tiniebla y oscuridad de su corazón y del mundo.

Me alegra, repito, anunciar el Evangelio de la Navidad cuando entro en Segovia. Y vivir esta primera navidad en mi diócesis como testigo de la esperanza de Cristo. El hombre, aún cerrado en sí mismo, sabe que tiene salvación, que puede esperar: está abierto a la posibilidad de esa visita que le cambie, que le transforme y le arranque de cualquier tentación de desesperanza. ¡Cuántos hombres en el umbral de la decepción, se han abierto a Dios! Recordemos a nuestro Manuel García Morente. Cuando se convierte, dice él que «había llegado al fondo de un callejón sin salida» y contemplando a Cristo exclama: «Ése es Dios, que entiende a los hombres, que vive con los hombres, que sufre con ellos, que los consuela, que les da el aliento y los trae la salvación. Si Dios no hubiera venido al mundo, si Dios no se hubiera hecho carne de hombre en el mundo, el hombre no tendría salvación, porque entre Dios y el hombre habría siempre una distancia infinita que jamás podría el hombre franquear».

Feliz Navidad.

+ César Franco Martínez

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).