José Luis Pinilla: "Ninguna Ley de Extranjería dará cauce a lo que el Evangelio pide con los emigrantes"

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Hoy se celebra el Día Mundial del Emigrante, y por este motivo entrevistamos a José Luis Pinilla, director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española. Esta comisión ofrece asistencia espiritual y pastoral a sectores de la población como los trabajadores del mar, los circenses o los inmigrantes que cruzan las fronteras para llegar a nuestro país, entre otros. Para unirse a este día tan significativo, esta comisión ha lanzado un vídeo en el que se muestra su trabajo. Publicamos aquí la primera parte de esta entrevista.

P. Para las personas que no saben el cometido de la Comisión Episcopal de Migraciones, ¿podría explicarnos, qué es y cómo se estructura?

R. El nombre puede prestarse a equívocos porque cuando se habla de migraciones se piensa en emigrantes o inmigrantes, y esta comisión abarca mucho más que ese sector. En América Latina, por ejemplo, esta comisión tiene el nombre de “Movilidad humana” que es un término más comprensivo porque abarca a todos los colectivos que la Iglesia atiende que no están vinculados a estructuras estables de atención pastoral.

Esta comisión atiende a todas las personas en tránsito, en movilidad humana. La que más tiempo y dedicación lleva ahora mismo es  el departamento de inmigración, es decir el que atiende a los inmigrantes que llegan a España.  Otro departamento es el de emigración, que atiende a los emigrantes españoles que están fuera de España, que por desgracia ahora mismo va en aumento. Más de 60 capellanías en toda Europa acogen a estos emigrantes de habla hispana.

Como consecuencia de la inmigración irregular hay dos fenómenos emergentes muy  significativos a los que estamos dedicando mucho tiempo y para los que hemos creado dos departamentos nuevos que llevan en marcha los últimos 4 años: colectivo de mujeres de la calle y el de menores en situación de riesgo, lo que en américa latina y en Asia se llama los niños de la calle. Además aunque no hay un departamento específico para esto, cuando hay demanda de adultos sin hogar que viven en la calle y necesitan este tipo de atención, también nos encargamos desde esta comisión. Tenemos otras dos secciones que son la de estudiantes internacionales, aquellas personas que por razones de estudio han tenido que abandonar su patria y también necesitan la labor de la Iglesia de acogida y la de los que se ha referido varias veces el Papa Francisco en su mensaje, y los refugiados que, por motivos de origen político o petición de asilo, también necesitan esta atención pastoral.

Otro departamento es el de apostolado del Mar que atiende a todas aquellas personas que por razón de trabajo no tienen estructuras de acompañamiento religioso, como pueden ser pescadores, transatlánticos de navegación o en marina mercante. Esta sección cuenta con las llamadas “Stella Maris” que son casas de atención a los marines en los puertos de las costas españolas. Pastoral con los gitanos, es otro departamento ya histórico que acompaña la religiosidad de este pueblo. Pastoral en ferias y circos, abarca a las personas que por su propia condición itinerante, que van de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, cuando necesitan atención espiritual o sacramental no tienen estructuras estables de acompañamiento a dónde acudir.

Y por último está el departamento de pastoral de la carretera que atiende a todos los colectivos asociados con la carretera que demandan atención religiosa, como asociaciones de transportistas, taxistas… y últimamente con mucho empeño a todo lo que deriva de las víctimas de accidentes de tráfico.

P. El Papa Francisco en su intervención ante el Parlamento Europeo, incluyó en su discurso el punto de las migraciones diciendo: “No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio. En las barcazas que llegan cotidianamente a las costas europeas hay hombres y mujeres que necesitan acogida y ayuda”. ¿Por qué pasa esto? ¿Qué le lleva a un hombre a huir desesperadamente de su tierra, incluso sabiendo que puede morir en el intento?

R. Las razones fundamentales de la emigración vienen en origen por razones económicas, violencia o guerra, por estructuras dictatoriales o por un deseo lógico que hay en todo ser humano de buscar mejores oportunidades.

La doctrina del Papa y la Doctrina Social de la Iglesia dice que toda persona tiene derecho a emigrar como a no emigrar es decir que si alguien emigra no tiene por qué hacerlo forzado contra su voluntad o por los motivos que he explicado antes, es un principio innegociable, que han subrayado todas las doctrinas pontificias y los documentos de la Iglesia.

«Las devoluciones sumarias tienen importancia porque aunque fuera una sola persona la que estuviera siendo tratada vulnerando los derechos humanos ya tendría que ser denunciado»

P. España es puerta de entrada de los emigrantes  africanos, además de emigrantes procedentes de otros países, ¿cómo podemos acoger desde nuestro país a estas personas?

R. Hay que decir que cuando el Papa dijo que el mediterráneo se está convirtiendo en un cementerio, no hay que olvidar que España es un país ribereño del mediterráneo por lo que nos compete directamente. Nosotros hemos destacado en distintos momentos que  los tres puntos calientes más importantes para el paso de emigrantes son Lampedusa, Arizona y el nuestro del Estrecho.

Las líneas de trabajo pastoral de la Iglesia en este aspecto son: pasar de un trabajo que vaya de la acogida a la integración o la comunión pues no hay que olvidar que en España hay 5 millones y medio  de inmigrantes y que no son solo los que atraviesan el Mediterráneo. La acogida no es fácil por la época de crisis que atravesamos, pero la Doctrina de la Iglesia dice que en los momentos de crisis, precisamente, los que más sufren esa crisis son los primeros que deberían de ser atendidos.

El Estado tiene derecho a regular el flujo inmigratorio, pero la Iglesia dice que esta política no tiene que atentar a la dignidad de los propios inmigrantes. España ha pasado de ser un país emigrante a ser un país de acogida de Inmigrantes. Cuando empieza este fenómeno atravesamos una época de bondad económica, muy rápida, muy plural, numerosa e intercultural. No teníamos estructuras y se han ido haciendo. Fue una buena acogida. Pero ahora que estamos en crisis se está produciendo un rechazo. No es verdad que los inmigrantes estén quitando el pan a los nacionales, muchos informes y estudios lo dicen.

Lo inmigrantes están adoptando trabajos que los propios españoles no querían hacer: cuidado de niños, cuidado de ancianos, temporeros del campo, trabajos en la construcción. Si Madrid parara a los inmigrantes a las 6 de la mañana, los mercados quedarían muy desabastecidos, si pararan a las 8 de la mañana muchas madres no tendrían con quien llevara a sus hijos al colegio, si pararan a las 12, muchos ancianos nos tendrían quien les acompañase…etc.

P. La Comisión de Migraciones está en diálogo permanente con las Diócesis que especialmente tratan con esta problemática como la de Málaga, Cádiz o Almería. ¿Con las administraciones competentes del Gobierno mantienen diálogo?

R. Por parte de la Iglesia siempre hay dialogo sea con administración pública, privada o asociaciones que no son católicas. Una cosa en la que se insiste mucho es que las delegaciones, congregaciones que en este campo están muy presentes y ONG´s católicas trabajen en coordinación con administraciones públicas y otras organizaciones. Precisamente acabamos de tener un encuentro muy fructífero de delegaciones de Migraciones de Cáritas, de CONFER y de Justicia y Paz del sur de España y norte de África que son las que están más en frontera para tratar de ampliar las relaciones, las reflexiones… etc en un espacio común.

En este sentido quiero destacar que varias de las más fuertes instituciones civiles que hay ahora mismo atendiendo a gitanos y a inmigrantes nacieron en parte o estuvieron muy relacionadas con de la CEE, el, la Red Acoge, la Asociación Comisión Católica de Emigrantes y el Secretario Gitano.

P. Hace unos días, se presentó al congreso de los diputados en Madrid, por parte de más de 100 organizaciones civiles y religiosas una petición para que no se apruebe la cobertura legal a las llamadas devoluciones sumarias o «devoluciones en caliente” ¿qué respuesta ha tenido esta petición? ¿Cuál es la realidad de lo que está pasando?

R. Cabe destacar que esta petición firmada por más de 100 organizaciones, acude a textos de la Iglesia para formar el texto definitivo. El secretariado de Migraciones, junto con CONFER, Justicia y Paz y Cáritas Española, firmamos una nota en la que pedíamos lo mismo.

Lo que hizo que estas peticiones aumentaran y que se diera conocimiento de lo que estaba pasando, fue el caso del emigrante que caído herido en torno a la valla y sin pedirle identificación fue devuelto a Marruecos.

Este tema es importante por la dimensión social y pública que las devoluciones sumarias están teniendo; tiene importancia porque aunque fuera una sola persona la que estuviera siendo tratada vulnerando los derechos humanos ya tendría que ser denunciado, porque este hecho supone que no se cumplen las diferentes consideraciones que el mismo Estado ha firmado como que se tienen que esperar 10 días para su devolución y comprobar  si no se le devuelve a un país en guerra o dictatorial o esa persona está enferma.

Los Obispos en su mensaje de 2014 dicen que a las personas cuya vida corre peligro hay que auxiliarlas siempre. No se puede devolver a nadie si antes no se le ha identificado y ver si tiene derecho al asilo o refugio. Una devolución inmediata supone que ni si quiera se sabe si esa persona tiene derecho o no a permanecer aquí.

La cooperación internacional ha disminuido mucho, y proporcionalmente la acogida que España hace en comparación con otros países de Europa es irrisoria. ¿Por qué no hacer un esfuerzo para que los más necesitados sean acogidos? Esto es lo que la Iglesia pide. La Iglesia en el emigrante no ve un número, un ciudadano o un trabajador que me puede echar una mano, ve a un hijo de Dios, a un hermano mío y como tal hay que ayudarle. No tenemos que olvidar el mandato de Cristo: “Fuiste extranjero y me acogisteis”. Ninguna ley de extranjería dará cauce a lo que el Evangelio pide con los emigrantes. Por eso hay que acercar el Evangelio a la sociedad con respecto a los emigrantes.

(Lourdes Artola – Agencia SIC)

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