El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José  Mª Yanguas    Queridos diocesanos:

El miércoles pasado, una vez finalizadas las catequesis semanales sobre la Iglesia, el Santo Padre ha iniciado un nuevo ciclo que esta vez tendrá a la familia como tema central. Pienso, pues, que es el momento de concluir estas reflexiones semanales mías sobre el matrimonio, base de la comunidad familiar. Todos juntos prestaremos ahora atención a las enseñanzas de Papa Francisco. Más adelante tendremos quizás ocasión de volver sobre este tema, tan decisivo para la vida de la Iglesia.

Concluiré fijándome hoy en el matrimonio como sacramento. Decíamos la semana pasada, e insistíamos en ello, que el matrimonio pertenece a las realidades que llamamos “naturales”, aquellas que tienen como autor al Dios creador, el cual las ha dotado de una naturaleza que en su estructura íntima, en sus leyes fundamentales nadie puede cambiar, a menos que quiera encontrarse entre las manos una realidad distinta. Quiero decir, el matrimonio  es como Dios lo ha instituido o no hay verdadero matrimonio.

Pero según la doctrina de la Iglesia, y según la voluntad de Jesucristo, el matrimonio es, además, un sacramento, es decir, un signo eficaz de la gracia. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia Católica citando el canon 1055 § 1 del Código de Derecho Canónico: “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen  entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados”. El amor mutuo ente varón y mujer se hace imagen del amor “absoluto e indefectible” con que Dios ama a los hombres. Como hemos tenido oportunidad de recordar, el matrimonio es una comunidad de vida y amor, un amor fiel, indisoluble, uno y abierto a la vida. Pues bien, en la economía sacramental, Dios ha querido también que el matrimonio fuera imagen, signo, del amor de Dios al hombre, subrayando, de ese modo la radical bondad del matrimonio. El verdadero amor de los esposos remite al amor de Dios por la humanidad.

Como base de la doctrina sobre la sacramentalidad del matrimonio, la tradición cristiana recurre a las palabras del Apóstol a los Efesios (5, 25-26, 31-32): “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo, para santificarla (…). Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne. Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia”. El analogado principal de la unión esponsal es la que se da entre Cristo y la Iglesia: la entrega total, la donación de Jesucristo a su esposa la Iglesia, que pide como contrapartida la total entrega de la Iglesia a su esposo. El matrimonio entre varón y mujer es imagen de la unión esponsal entre Cristo y su Iglesia. La calidad de la imagen o del signo depende de que reproduzca más o menos la realidad de lo significado, en este caso el amor total, exclusivo, perfecto entre Cristo y su Iglesia.

Como todo sacramento, el matrimonio es signo eficaz de la gracia; causa lo que significa, pues perfecciona el amor de los esposos y, por lo mismo, fortalece su unión, ya que el amor dice ante todo comunión. Cuanto más acendrado es el amor, más estrecha es la unión. Como dice el Concilio Vaticano II: “el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos”; y el Catecismo de la Iglesia glosa esta idea diciendo: “Permanece con ellos, les da fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse después de sus caídas, de perdonarse mutualmente, de llevar unos las cargas de los otros, de estar sometidos unos a otros en el amor de Cristo y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo”. Gracias al sacramento del matrimonio, Jesucristo hace participar a los cónyuges en el amor que Él nutre por su Iglesia.

El misterio del amor esponsal entre Cristo y su Iglesia esclarece así el misterio del matrimonio y éste, a su vez, introduce en la comprensión de la relación Cristo-Iglesia.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).