Cantos de “¡Oh!”

AGUSTINCORTÉSMons. Agustí Cortés Soriano     En pleno Adviento resuena en la Iglesia el canto de las famosas “Antífonas de la O”. Son unos textos muy antiguos que la tradición ha ido depositando en la liturgia y que se han mantenido en el tiempo, tanto por su belleza, como por su adecuación a la espiritualidad del tiempo de Adviento. El actual abad de Santa María de Poblet ha confeccionado bellos comentarios sobre ellas.

Volvemos a la imagen del embarazo y el parto para entender la espiritualidad de Adviento y Navidad. Aludíamos a la incapacidad para la admiración, que sufrimos cuando banalizamos el sexo y consideramos todo el proceso de la concepción y el nacimiento como un simple mecanismo fisiológico, que se puede manipular como si se tratara de “cosas”. Por suerte no siempre es así. Hace unos días, visitando una familia, que había tenido un nuevo hijo hacía unos meses, escuché cómo un amigo del matrimonio susurraba al oído del padre estas palabras: “Es impresionante. ¿No te parece una maravilla, que sólo hace unos meses Bruno –que así se llamaba el recién nacido– fuera un ser minúsculo en el vientre de Sara –la madre?”

Este amigo denotaba que era capaz de entender la Navidad; su predisposición ya era de Adviento. ¿Por qué? Porque el espíritu de Adviento requiere capacidad para la admiración y el entusiasmo. Poder captar lo maravilloso es condición para apasionarse por el misterio que celebramos.

Las “Antífonas de la O” responden a esta actitud. Se cantan acompañando al Magníficat en las Vísperas de los siete días previos a la Navidad. En ellas la Iglesia, manifestando su sorpresa y admiración por el acontecimiento que está a punto de producirse, alaba al Mesías, al tiempo que le llama y le pide que acelere su venida. Así Jesús es invocado como Sabiduría, Señor, Renuevo de Jesé, Llave de la casa de David, Sol, Rey y Emmanuel.

Observamos que todas estas antífonas conservan la misma composición. Primero es la admiración y la invocación (“Oh”), después la petición de que venga pronto a este mundo (“ven”). Aprendamos de este modo de orar.

Nosotros estamos quizá más cerca de este segundo sentimiento. Cuando tenemos clara conciencia de que las cosas van mal, nos sale espontánea la petición: ¡ven, ayúdanos, soluciona nuestros problemas! Son nuestras carencias lo que nos preocupa, antes que su persona en sí. Pero ¿cómo dirigirse a Él y pedirle algo, sin ponderar antes quién es, sin dejarse impresionar por su ser y su misión? La petición de que venga procederá del sufrimiento presente, pero sobre todo ha de nacer del deseo de su persona, una vez que ha sido contemplada y admirada.

Él es la Sabiduría esparcida por toda la creación, que necesitamos para caminar.

Él es el Señor, que se apareció a Moisés y que necesitamos para que nos libere de la esclavitud.

Él es el brote de la casa de Jesé, que ha de renacer ante los pueblos cuando la esperanza parecía perdida.

Él es la llave de David, que tiene el poder de abrir y cerrar.

Él es el sol, que ha de brillar iluminando a los que yacen en tinieblas y en sombras de muerte.

Él es el Rey deseado de los pueblos y piedra angular de la Iglesia que reúne en un solo pueblo a todos los dispersos.

Él es Emanuel, nuestro hermano, rey y legislador, esperanza y salvador.

Nos preparamos para la Navidad, una vez haber conocido quién es el que nace entre nosotros y para nosotros. Pero siempre nos sorprenderá, cada vez más admirable y deseable, cada vez más amable a nuestros ojos.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
Acerca de Mons. Agustí Cortés Soriano 279 Articles
Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.