La alegría del seguimiento de Cristo

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar    Queridos diocesanos:

El testimonio de la alegría es necesario, especialmente en nuestros días, en un mundo en crisis de valores, angustiado por tantas situaciones. Nuestro mundo, hemos de reconocerlo con pesar, es un mundo triste.

El paro produce angustia en el corazón de tantas personas que carecen de un trabajo que dignifique sus vidas y les proporcione los recursos necesarios para vivir. La corrupción, que aparece como un fenómeno generalizado en los estamentos con poder sean éstos de la clase que sean, ha ido creando un ambiente de desconfianza, de rabia y repulsa. La proliferación de las rupturas matrimoniales y familiares llena de amargura el corazón de tantas personas que las sufren en sus propias carnes, produciendo soledad, desesperanza y odio. Estas y otras muchas situaciones han ido creando un ambiente lleno de tristeza, de egoísmo, de soledad, de discordia y de insatisfacción en la sociedad.

Lo único que puede vencer esta insatisfacción del hombre actual es el testimonio -personal y comunitario de alegría y esperanza oxigenantes- fundado en la fe en Cristo; testimonio liberador, vivo y presente entre los hombres que sufren por cualquier motivo. Es el testimonio de alegría de los creyentes el que debe suscitar en los demás la pregunta y el interrogante: «¿qué secreta esperanza alegra la vida de esta persona o de este grupo?». Ésta es la pregunta que surge espontánea cuando uno se acerca, por ejemplo, a un convento de religiosas de clausura en el que, lo primero que sorprende, es su profunda alegría; muchos, al contemplarlas, se interrogan: «¿qué tienen estas mujeres que, sin tener nada de lo que en el mundo hace feliz a la gente, se les ve mucho más felices y mucho más alegres que al común de los mortales?».

La respuesta es sencilla: la fe en Cristo es el origen y la motivación de esta alegría. Seguir a Cristo produce alegría, da sentido a todo cuanto nos sucede en la vida y es la respuesta a los interrogantes más profundos del hombres. San Pablo, en la segunda lectura de este Domingo laetare, Domingo de la alegría, invita a los cristianos de Tesalónica a estar siempre alegres. Invitación que tenemos que recoger cada uno de nosotros como cristianos: debemos estar y ser testigos de la alegría en la que vivimos siendo seguidores de Cristo porque el seguimiento del Señor llena de alegría, de paz y de sentido la vida del hombre. Escribe el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica «Evangelli gaudium»«La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con el Señor. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Cristo siempre nace y renace la alegría» (EG 1).

El cristiano debe vivir su vida de fe con verdadera alegría porque ésta surge de la conciencia del amor y del perdón de Dios. Fe y tristeza son dos polos opuestos que no pueden darse en el cristiano. El cristiano debe ser una persona alegre porque, por encima de sus fallos, siente en él el amor y el perdón de Dios. La fe lleva a la alegría que brota del encuentro con Jesucristo y, a la vez, nos impulsa a comunicarla a los demás; de este modo, al comunicarla a los demás, la alegría se renueva en nosotros: es la alegría de la evangelización, de la entrega a los demás y de la comunicación de la Buena Noticia de Jesús.

Muchas veces los cristianos decaemos en la alegría porque caemos en el fango del mundo y nuestras actitudes son más mundanas que evangélicas; ahora bien, cuando vivimos desde el Evangelio, cuando comunicamos a los demás la Buena Noticia de Jesús con nuestra palabra y nuestro testimonio, aunque lo hagamos con dolor y sufrimiento, nos sentimos realmente contentos y alegres. El Señor está cerca. Él quiere nacer en el corazón y en la vida de cada uno de nosotros en esta Navidad; preparemos nuestra casa, nuestro corazón, todo nuestro ser. Hagámosle un hueco, un sitio para que Él entre en nosotros, nos transforme y nos alegre demostrándonos lo mucho que nos quiere.

Vuestro Obispo,

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.