La alegría del Evangelio

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    Este domingo es para celebrar la alegría, ese valor auténticamente cristiano al que nos invita la liturgia de hoy y por lo que he pensado recordar la persona del papa Francisco cuando nos habla de la Alegría del Evangelio, su denuncia, llamada constante, grito de advertencia, fuerza vital que comunica, en una palabra fidelidad al Espíritu Santo en su misión de presidir en la caridad al pueblo cristiano defendiéndonos de la tragedia y del descrédito de la persona y de la sociedad que estamos haciendo entre todos: muchos de fuera y muchos de dentro de la Iglesia, si es que se pueden hacer separaciones.

Con la peculiar metodología del Papa de encerrar en pocas palabras grandes discursos, periodistas y redes sociales han recogido las tres tes de: tierra, techo y trabajo, de las que se ha hablado en el «Encuentro Mundial de Movimientos Populares» patrocinado por el Pontificio Consejo «Justicia y Paz» y la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y que ha tenido lugar en Roma del 27 al 29 de octubre pasado. El Papa alentó estas reflexiones y nos deja palabras como estas:

«Hablamos de la tierra, de trabajo, de techo… hablamos de trabajar por la paz y cuidar la naturaleza… Pero ¿por qué en vez de eso nos acostumbramos a ver cómo se destruye el trabajo digno, se desahucia a tantas familias, se expulsa a los campesinos, se hace la guerra y se abusa de la naturaleza? Porque en este sistema se ha sacado al hombre, a la persona humana, del centro y se lo ha reemplazado por otra cosa. Porque se rinde un culto idolátrico al dinero. Porque se ha globalizado la indiferencia, se ha globalizado la indiferencia: a mí ¿qué me importa lo que les pasa a otros mientras yo defienda lo mío? Porque el mundo se ha olvidado de Dios, que es Padre; se ha vuelto huérfano porque dejó a Dios de lado… Este sistema ya no se aguanta. Tenemos que cambiarlo, tenemos que volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos. Hay que hacerlo con coraje, pero también con inteligencia. Con tenacidad, pero sin fanatismo. Con pasión, pero sin violencia. Y entre todos, enfrentando los conflictos sin quedar atrapados en ellos, buscando siempre resolver las tensiones para alcanzar un plano superior de unidad, de paz y de justicia. Los cristianos tenemos algo muy lindo, una guía de acción, un programa, podríamos decir, revolucionario. Les recomiendo vivamente que lo lean, que lean las bienaventuranzas que están en el capítulo 5 de San Mateo y 6 de San Lucas, (cfr. Mt 5, 3 y Lc 6, 20) y que lean el pasaje de Mateo 25. Se lo dije a los jóvenes en Río de Janeiro, con esas dos cosas tienen el programa de acción».

Pues bien, hagamos de las Bienaventuranzas nuestro programa de vida en este preparar la venida de Jesús en la cueva de Belén y que sea la dicha, el gozo de creer lo que alimente nuestra existencia para acoger al hombre que nace porque Dios, Santísima Trinidad, ha decretado hacerse hombre enviando al seno de la Virgen a Jesús, el Enmanuel, el Verbo de Dios hecho hombre, la segunda persona que es la Buena Noticia, el Evangelio que nos salva. «Alegraos», nos dice el Verbo, la Palabra: «Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: esta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros». De la alegría del Evangelio nace la esperanza para los últimos.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.