El año de Santa Teresa

Mons. Jaume PujolMons. Juame Pujol    La historia comienza con una niña de Ávila, Teresa de Cepeda y Ahumada que vino al mundo el 28 de marzo de 1515, pronto hará 500 años. Con este motivo son muchas las celebraciones que se preparan y que se enmarcan en el Año de la Vida Consagrada, que el papa Francisco ha querido que fuera el 2015.

En octubre se abrió ya el año jubilar teresiano en nuestra Archidiócesis en la que tenemos el gozo de la presencia de la Orden del Carmelo desde hace 400 años. Así lo resalté en la misa celebrada en el Monasterio de Sant Josep i Santa Anna, tan querido.

Tuve entonces ocasión de agradecer una vez más la actividad de las distintas congregaciones religiosas carmelitanas en nuestra tierra. Hombres y mujeres que se mantienen fieles al espíritu con el que la reformadora de Ávila fundó tantos conventos en distintas regiones.  Personas entregadas a la oración, a la enseñanza, a la asistencia a los necesitados.

¡Qué riqueza más grande es contar en nuestra Archidiócesis con estas comunidades religiosas que unen contemplación y actividad! Y que lo hacen con la paz y serenidad de aquella gran fundadora.

Las personas de vida consagrada son como luceros en un mundo en tinieblas que está buscando cómo orientarse. A través de la plegaria y la fidelidad, nos señalan el sentido de la vida, que no es otro que el que refleja aquel poema de la santa: «Vuestra soy. Para Vos nací. ¿Qué mandáis hacer de mí?».

El carisma teresiano, como toda vida consagrada, es una concreción del espíritu cristiano vivido hasta sus últimas consecuencias. Se cuenta que alguien preguntó a san Juan María Vianney si era verdad que él vivía siempre inmerso en los misterios divinos, y contestó: «¡Ah!, pero ¿existe otra cosa que los misterios divinos?».

El monje de Poblet Agustí Altisent escribió que en el Monasterio los monjes tenían una vida muy reglamentada, con largos ratos de oración y lectura, pero también de trabajo, bien entendido que la oración debía ser calmosa y el trabajo no podía ser nervioso. Al respecto comentaba que una vez tomó un taxi en Madrid y el conductor le dijo: «Cuando trabajaba para otro, pensaba: el día que yo sea dueño del taxi viviré como un rajá. Y ahora vivo peor».

No es tener cosas lo que hace feliz, sino tener tiempo y tenerlo para Dios y para los demás. Esta es nuestra experiencia, que las personas consagradas nos recuerdan con su simple presencia.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.