Alegraos en el Señor

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell          Queridos hermanos en el Señor:  Os deseo gracia y paz.

En la oración colecta del tercer domingo de Adviento rezamos: “Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe la fiesta del nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”.

El profeta Isaías anuncia la llegada del mensajero que ha sido enviado “para dar la buena noticia a los que sufren”. Por eso afirma: “Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios”. San Pablo exhorta en su primera carta a los Tesalonicenses: “Estad siempre alegres”. El motivo de la alegría profunda es la presencia de Dios en medio de nosotros.

La verdadera alegría consiste en sentir que nuestra existencia personal y comunitaria es visitada y colmada por un gran misterio, el misterio del amor de Dios. Para alegrarnos, necesitamos no sólo cosas, sino amor y verdad: necesitamos a un Dios cercano, que responde a nuestros anhelos más profundos.       La seguridad de la cercanía del Señor que viene es el fundamento de la actitud de alegría de los cristianos durante el Adviento. Y como el Señor se acerca para darnos vida abundante, nos comprometemos en la misión de dar vida a los demás.

En “Evangelii gaudium” el Papa Francisco nos advierte del riesgo, cierto y permanente, de ser creyentes “resentidos, quejosos, sin vida” (EG 2), “evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos” (EG 10), de modo que se desarrolle en nosotros “la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo” (EG 83).

Por el contrario, “la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).

El evangelio es radicalmente buena noticia, la máxima noticia. Somos más cristianos en la medida en que experimentamos un gozoso anuncio que cambia nuestros criterios, nuestras actitudes, nuestro modo de pensar y nuestra forma de actuar. Quien encuentra a Dios vive en alegría y paz. Una buena evangelización hace felices y una mala evangelización origina personas frías e indiferentes.

En la actualidad, el mundo nos ofrece sucedáneos de felicidad, un gozo efímero, de chatarra, basado en desperdicios y residuos, realidades aparentes y sin consistencia. Por otra parte, no encontramos paliativos eficaces ante el sufrimiento, la enfermedad, la ancianidad, la soledad, el fracaso y la muerte.

La auténtica alegría brota de la libertad interior y es consecuencia del esfuerzo creativo, del dolor fecundo, de la comunicación abierta y sincera, de la apertura incondicional y generosa, del testimonio decidido, de la pasión evangelizadora, del impulso misionero. Somos verdaderamente felices cuando experimentamos que el perdón gratifica más que la venganza; cuando sentimos que es mejor compartir que acaparar y derrochar; cuando somos conscientes de que es preferible entregarse al otro que aprovecharse de los demás; cuando nos decidimos a animar y ser fieles, en lugar de envidiar y traicionar; cuando nos esforzamos en comunicar el bien para que arraigue y se desarrolle.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.