Sin ética no hay desarrollo

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     Este es el título de un pequeño libro del Cardenal Oscar Maradiaga (Presidente de Cáritas Internacional) y, en su presentación, se lee que «los frecuentes casos de corrupción nos impulsan a volver a los valores evangélicos para lograr un desarrollo más humano y humanizador». Son afirmaciones que nos hacen pensar en la gran cantidad de noticias que recientemente van apareciendo sobre actitudes y conductas escandalosas de personas de un cierto nivel.

Paralelamente, y también muy preocupante, es el último Informe FOESSA que hace patente la dolorosa realidad de exclusión social que padecemos en la sociedad española donde sólo un tercio (34%) vive en situación de integración plena. Casi doce millones de personas están excluidas en España. Es un fracaso evidente del actual modelo social y es una fuerte llamada de atención a revisar nuestra escala de valores como ciudadanos. Y también a cuestionar las lógicas que se utilizan a la hora de combatir la pobreza y la exclusión.

Teniendo en cuenta las circunstancias, parece urgente, por ejemplo, revisar nuestro concepto de bien común, dado que cada día se considera más normal aprovecharse de todo lo que calificamos como público, con el impúdico razonamiento -consciente o inconsciente- de que «todos lo hacen» o «lo que es de todos no es de nadie». Aquí es donde entraría de lleno la cuestión ética o, al menos, el respeto de lo público que debería estar muy presente en todas las instancias educativas, familiares y sociales.

Podríamos hacernos algunas preguntas y tratar de contestar honradamente y con sinceridad: ¿No parece que la cultura que compartimos está llena de complicidades, silenciando, tapando o restando importancia a comportamientos que son impresentables? Está bien crecer en libertad y facilitar una relación social sin tantas reglas o limitaciones como en tiempos pasados, pero no todo vale. ¿Dónde queda la conciencia de las personas y su adecuada formación? ¿El crecimiento económico debe ser el único o el principal parámetro a tener en cuenta a la hora de considerar positivo un determinado modelo de desarrollo?

Es necesario que reivindiquemos la dimensión moral de todas nuestras opciones y tener muy presente también las implicaciones que conlleva y sus consecuencias. Y esto vale igualmente tanto para los responsables públicos y los agentes sociales como para cada uno de nosotros.

Ciertamente, tampoco podemos negar los esfuerzos que se hacen en la lucha contra la desigualdad, la pobreza y la exclusión social en muchos niveles, pero la realidad demuestra que siguen siendo claramente insuficientes y tenemos que seguir implicándonos más y más en la transformación de nuestra realidad para que, como nos indica el Papa Francisco, «nadie nos robe la esperanza de hacer otro mundo posible».

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.