El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José Mª Yanguas    Queridos hermanos:

En mi última “conversación” con vosotros, insistí en alguno de los aspectos fundamentales de la verdad del matrimonio, en concreto en su carácter “natural”, es decir, en el hecho de ser una realidad debida al Dios creador. Se trata de algo que está más allá de la voluntad de los hombres, y ello por más que el matrimonio revista diferentes “formas”, se realice mediante “ceremonias o ritos” diversos o implique unas u otras consecuencias sociales, económicas o de organización social, o haya sufrido deformaciones, incluso serias. En cualquier caso, Dios es el autor del matrimonio. Dicha autoría se pone de manifiesto en el hecho de que la celebración del matrimonio reviste un cierto carácter sagrado en las diversas tradiciones y culturas. Se entiende entonces más fácilmente que el matrimonio en su verdad más íntima, en sus elementos o características esenciales es algo que escapa al capricho de los hombres, está por encima de su voluntad.

Hoy resulta particularmente importante insistir en este punto. Entre los rasgos más característicos de la cultura-ambiente en la que se desenvuelven nuestras vidas, figuran los del subjetivismo y el relativismo. No interesa tanto lo que son las cosas en sí mismas, su verdad; sino lo que son para uno mismo. Su valor depende en gran medida, si no exclusivamente, de que me favorezca o perjudique más o menos. Las cosas no parecen tener valor en sí mismas; el valor se lo damos nosotros; cada uno pone valor a las cosas. Lo que valen, ¡y lo que son!, parecen deberlo por entero al juicio de cada cual. Como si fuéramos creadores de todas las cosas y todo dependiera de los hombres en su ser y en su valor. Todo es relativo al hombre; más aún todo es relativo a cada uno de los hombres. Desaparecen así los valores y verdades absolutas, se hacen imposibles los juicios o valoraciones universales, las cosas no tienen ya entidad propia, quedando al arbitrio de la voluntad de uno o de la mayoría. Según este modo de ver, el matrimonio quedaría siempre en manos de las voluntades cambiantes, interesadas y falibles de los hombres.

Frente a esta mentalidad, en la que todo pierde entidad y valor, y todo puede ser continuamente rehecho, transformado y cambiado, es importante mantener el principio fundamental de que el matrimonio no es creación humana sino fruto de la intervención sapientísima de Dios. Es Él quien lo ha hecho de una determinada manera. Olvidarse de esta verdad, no puede dejar de tener gravísimas consecuencias. Algunas de ellas, por desgracia, son especialmente visibles en nuestros días.

Según la voluntad del Creador que ha instituido el matrimonio,  la inclinación que se da entre varón y mujer, concretamente la inclinación sexual, se vive en el matrimonio como una elección entre varias posibilidades; la inclinación queda voluntariamente fijada en un varón o mujer concretos; la inclinación se supera a sí misma, va más allá de sí, y se transforma en amor; al enamoramiento, al momento de la pasión, de la profunda conmoción que produce el conocimiento de la otra persona, sucede el amor, la entrega, la alegre y gozosa donación de todo el ser,  el deseo de la comunión indivisible, es decir, la voluntad de pertenecerse por entero y exclusivamente, que da lugar, la íntima e indisoluble comunión de vida que es exclusiva del matrimonio, abierta a la transmisión de la vida.

Esta es la verdad de la sexualidad humana y del amor de los esposos en el matrimonio. La verdad que la Iglesia anuncia como obra de la sabiduría divina, como guión para la felicidad de los esposos, como clima necesario para el crecimiento y desarrollo humano y moral de los esposos. Fuera de esta verdad, al margen de o contra ella, las nobles realidades del matrimonio, de la familia y del amor humano, olvidan su identidad, oscurecen su brillo, pierden su belleza y lozanía, y el amor, con sus signos y gestos, se torna egoísta búsqueda de uno mismo. Por un cierto tiempo, el matrimonio conserva quizás la apariencia de tal, pero, internamente corrompido, no es extraño que termine por quebrarse y convertirse en un infierno.

+ José Mª Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).