Caminar desde Cristo en la Vida Consagrada

Mons Ángel RubioMons. Ángel Rubio         1) Caminar desde Cristo: porque es tiempo de ponerse en camino de remar mar adentro, de asumir con nuevos ímpetus la misión evangelizadora de avanzar con esperanza de tener el mismo entusiasmo apostólico de los comienzos, de vivir apasionadamente los proyectos comunitarios y pastorales, con fidelidad y renovación.

2) Caminar desde Cristo: porque los consagrados y consagradas están llamados a una constante conversión para dar nuevas fuerzas a la dimensión profética de su vocación, sabiendo que Cristo Resucitado ha cumplido su promesa y acompaña sin cesar a su Iglesia y nos da su Espíritu. Las pruebas y deficiencias invitan a profundizar en la vida consagrada y a madurar en la fe.

3) Caminar desde Cristo: porque la vida consagrada en el continuo desarrollarse y afirmarse en formas siempre nuevas, es ya en sí mismo como una especie de Evangelio vivo desplegado durante los siglos con la presencia del Señor Resucitado. El martirologio ha sido notablemente enriquecido. No es una cuestión de carácter o coraje. El Espíritu acompaña siempre a la Iglesia.

4) Caminar desde Cristo: porque la vida consagrada no es algo caduco, pasado, superado vestigio de una Iglesia en extinción. Hay una «valiente expansión». Nunca como en estos años ha habido tantas fundaciones precisamente en momentos agravados por la dificultad numérica que sufren los Institutos.  La vida consagrada tiene mucho futuro por delante.

5) Caminar desde Cristo: porque es el Espíritu Creador quien irradia el esplendor del misterio sobre la entera existencia, gastada por el Reino de Dios. El futuro de la vida consagrada se ha confiado al dinamismo del Espíritu, autor y dispensador de los carismas eclesiales, puestos por Él al servicio de la plenitud del conocimiento y actuación del Evangelio de Cristo. Hay una vinculación especial entre el Espíritu Santo y vida consagrada. Vivimos los tiempos del Espíritu.

6) Caminar desde Cristo: porque las dificultades y los interrogantes que hoy vive la vida consagrada pueden traer un nuevo tiempo de gracia. La tensión entre secularismo y auténtica vida de fe, entre la fragilidad de la propia humanidad y la fuerza de la gracia es la condición de todos los miembros de la Iglesia. No se buscan alabanza humana sino gozo interno. Cuando se vive una cultura de la muerte, es importante ser testigos, portadores y siervos de la vida.

7) Caminar desde Cristo: porque si en algunos lugares las personas consagradas son «pequeños rebaños» a causa de la disminución en el número, este hecho puede interpretarse como un signo providencial que invita a recuperar la propia tarea esencial de levadura, de fermento, de signo y de profecía. Desde la calidad llegara la cantidad.

8) Caminar desde Cristo: porque de Él han partido los primeros discípulos en Galilea, porque de Él a lo largo de la historia de la Iglesia, han salido hombres y mujeres de toda condición y cultura que consagrados por el Espíritu en virtud de la llamada por Él, han dejado familia y patria y lo han seguido incondicionalmente. El don de Dios ha sido más fuerte que la insuficiencia humana.

9) Caminar desde Cristo: porque toda la vocación a la vida consagrada ha nacido de la contemplación, de momentos de intensa comunión y de una profunda relación de amistad con Cristo; de la belleza y de la luz que se ha visto resplandecer en su rostro. Toda vocación debe madurar constantemente en esta intimidad con Cristo.

10) Caminar desde Cristo: porque los jóvenes consagrados y consagradas son los «centinelas de la mañana» y deberán ofrecer a todos un testimonio limpio y alegre de su propia espiritualidad. En buena parte, el futuro de la vida consagrada y de su misión pasa por su respuesta de fe, por las actitudes y aspiraciones a la santidad, y por lo que el Espíritu quiera decirles.

Epilogo: Caminar es lo mismo que buscar, investigar, averiguar, enseñar, indagar, explorar y encontrar.

+ Ángel Rubio Castro, obispo

Administrador apostólico de la diócesis de Segovia

 

 

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.