Adviento, esperanza, y el Señor que grita dentro de la tormenta

Mons. Rafael ZornozaMons. Rafael Zornoza       Charles Péguy escribía en su Pórtico del misterio de la segunda virtud: “Una llama atravesará las tinieblas eternas”. Efectivamente “La fe que más me gusta, dice Dios, es la Esperanza”, escribe el autor francés. Si la fe es luz –afirma el papa francisco en su primera encíclica La luz de la fe, la Esperanza – nos lo recuerda en su nueva encíclica El evangelio de la alegría- es el destello de esa luz capaz de iluminar como un relámpago la tiniebla de la noche más oscura y permitir “ver” por un instante la meta y el camino.El Santo Padre sabe bien que nuestro mundo está ávido de razones para esperar, para luchar, es mendigo de una alegría que no defraude.

No es casualidad que el tema de la luz esté tan presente en este tiempo previo a la Navidad que ya comenzamos. Todos sabemos que esta fiesta no comenzó en la era cristiana sino que ya los paganos celebraban el solsticio de invierno, el momento en que los días empiezan a ser más largos, en que el sol comienza a vencer a la noche, la luz a las tinieblas, la vida a la muerte. Por eso los cristianos celebramos en esta época al auténtico Vencedor de las tinieblas, al verdadero Sol invictus. No es una mera transposición. Es que la creación habla en sus ciclos del misterio del hombre, de quién es, de su drama, su origen y su destino. Este tiempo estaba hecho para simbolizar la
Esperanza del ser humano. No estoy hablando del pálido optimismo, ese producto crédulo e irracional de nuestro tiempo que hoy tantos mezclan con el noble término de ilusión que en nuestra lengua española –como bien explica Julián Marías en su Breve tratado sobre la ilusión- nada tiene que ver con los ilusos. Me refiero a la confianza en que, a pesar de todo, las cosas irán mejor no sólo porque sí, sino porque
Quien lo garantiza es digno de crédito y su actuación en nuestro beneficio es patente, al menos para las personas que se saben mirar bien, más allá de la apariencia.

Contra lo que podría parecer al mundo ateo, la Esperanza no consuela mediante el falaz mecanismo de cerrar los ojos a la realidad, sino que abre la percepción a su totalidad. A esta virtud no se le escapa lo mucho que se sufre, ni se le escapa en un ápice la herida honda que es la vida. Pero sabe que eso no es todo. Hay más. La vida es más. No sólo en el más allá sino también aquí en la tierra.

Por ella es por lo que no desesperamos —tentación a la que nos enfrentamos más de lo que quisiéramos. Y es que lo fácil, lo obvio, es desesperar. No tiene ningún mérito saber que estamos en un mundo más bien triste. Pero esperar que suceda algo nuevo, levantarse una y otra vez sostenidos por un misterioso elans vital que parece atravesar el universo, eso sólo lo puede hacer la Gracia y sólo puede ser un regalo.
¿Qué es la Gracia? ¿Cómo lo soportaste? Le pregunta a su madre el protagonista de El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011), madre que perdiendo a su hijo continuó amando, en medio del dolor y más allá de él. Tiene que haber algo –la Gracia- que provoque la humilde llama que alumbra la oscuridad que habitamos, -la Esperanza-que “vacilante al soplo del pecado, temblorosa a todos los vientos”, no obstante es
“una llama inextinguible, inextinguible al soplo de la muerte” que atraviesa los mundos y los tiempos, dice Péguy.

Esta Esperanza –ha dicho recientemente el papa Francisco- no es un sentimiento etéreo, tiene rostro, es Jesús en persona, es su fuerza de liberar y volver a hacer nueva cada vida. El Evangelio es alegría porque es Jesús mismo quien llena el corazón de quienes se dejan amar por El. Su misericordia eleva, su amplitud nos saca del individualismo, su mirada es luz de verdad, fuerza contra la injusticia; un señorío sin mundanidad que nos llama a ser protagonistas de la historia sin narcisismo. Porque El vive ningún esfuerzo se pierde y no cabe el desaliento.

Por eso los católicos celebramos cada año la Navidad preparándonos con un tiempo de esperanza que llamamos Adviento, no una simple espera sino un momento especial para volver a creer que Dios no ha desesperado de la historia humana sino que viendo
la dureza del corazón humano que se aleja de El y del otro (ésa es la raíz de todas las crisis que pasamos los hombres) se ha metido hasta el fondo en el barro de nuestras luchas y fatigas hasta el punto de confundirse con uno más de entre nosotros, cargando con nosotros el destino de la historia. Llevándola con nosotros hacia su destino definitivo, gritando en medio de la tormenta –no desde fuera de ella- que nada
está perdido. Nunca es más fría y oscura la noche como antes de que amanezca.

¿Quién diría entonces que esa tímida luz que vislumbra en el horizonte llegará a iluminarlo todo, a hacerlo todo nuevo?

+ Rafael Zornoza Boy

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.