Adviento es coraje

Mons_Francesc_Pardo_ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas     El segundo domingo de adviento nos invita siempre a contemplar la figura de Juan el Bautista, bisagra entre la Antigua y Nueva Alianza. Juan Bautista era quien ayudaba al pueblo a acoger el Mesías, quien señaló a Jesús, quien sufrió prisión y fue decapitado por su coherencia. Un hombre con coraje. 

En este adviento pidamos el don del coraje; lo necesitamos. ¿Por qué? 

Coraje para afrontar los retos actuales de evangelización, políticos, económicos, sociales, familiares, educativos… ante los que nos hallamos la Iglesia y el país. 

En relación con el coraje para evangelizar, recuerdo algunas expresiones del papa Francisco: “Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio por todas partes, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todos, sin exclusiones. Así lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: “No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo”. 

La comunidad evangelizadora experimenta que el Señor ha tomado la iniciativa en el amor (cf. 1 Jn 4,10); y, por ello, sabe avanzarse, tomar la iniciativa sin miedo, sabe salir a buscar a quienes están en lugares lejanos y llegar a las encrucijadas de los caminos para invitar a los excluidos. Vive un deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusora. 

La comunidad evangelizadora penetra con obras y gestos en la vida cotidiana de los demás, recorta distancias, se rebaja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo. Es así como los evangelizadores hacen “olor a oveja”, y éstas escuchan su voz. Después, la comunidad evangelizadora se dispone a “acompañar”. Acompaña la humanidad en todos sus procesos, por duros y prolongados que sean. Sabe esperar largamente y aguantar apostólicamente. La evangelización tiene mucha paciencia, y evita maltratar los límites (núm. 24). 

Coraje para defender la Buena Nueva en un mundo empeñado, a veces, en centrarse más en aquello que deshumaniza que en aquello que dignifica la persona. 

Coraje para señalar a Jesucristo, facilitando que las personas que caminan a nuestro lado puedan encontrarlo, saliendo Él mismo a recibirlas. 

Coraje para llegar a ser —nosotros  mismos y nuestras instituciones de Iglesia— voces que ofrezcan la sabiduría de la fe vivida durante siglos en todo tipo de situaciones. Voces que merece la pena escuchar en nuestra sociedad; que aporten ideas y propuestas nobles, válidas, humanizadoras, porque son voces que concretan y aplican la Buena Nueva —el Evangelio— en las diversas situaciones que vivimos. 

Coraje para superar el desánimo y la hostilidad que pueden generar algunos fenómenos como la corrupción, el paro, la dificultad para un auténtico diálogo. Sería muy conveniente meditar sobre la encíclica Ecclesiam Suam, del beato Pablo VI: “La Iglesia ha de dialogar con el mundo que le ha tocado vivir. La Iglesia se hace palabra. La Iglesia se hace mensaje. La Iglesia se hace coloquio (nún. 27). Esta “pedagogía del diálogo” de Pablo VI también se puede aplicar al tan necesario coloquio social y político. 

Coraje para ser fieles a nuestros compromisos, aunque a menudo no palpemos los resultados como quisiéramos. 

El adviento es tiempo para pedir coraje.

 + Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 413 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.