Vocaciones y acompañamiento espiritual

Mons. Manuel Sánchez MongeMons. Manuel Sánchez Monge       La escasez de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, nos ocupa y nos preocupa a todos. El papa Francisco nos indica una de las causas principales: “Frecuentemente esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas«(1). No lo olvidemos. Oremos insistentemente al Señor de la mies para que no nos deje caer en la tentación de rebajar las exigencias a la hora de seleccionar a los candidatos ni que la sequía vocacional nos conduzca a la lamentación y al desánimo. Al contrario, esta situación ha de servirnos de acicate para trabajar todos, según nuestras posibilidades, en el fomento de las vocaciones. Hoy quisiera reflexionar sobre la necesidad y la urgencia del acompañamiento espiritual o la dirección espiritual en el camino vocacional.

1. El acompañamiento espiritual sólo se comprende dentro de una pastoral de la santidad

Si nos conformamos con cristianos superficiales y mediocres, no tendremos vocaciones. Es necesaria la pastoral de la santidad. Pero ¿qué significa una ‘pastoral de la santidad’? Responde el santo Papa Juan Pablo II: “Significa expresar la convicción de que, si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno, «¿quieres recibir el Bautismo?», significa al mismo tiempo preguntarle, «¿quieres ser santo?» Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48)(2).

Como hizo Benedicto XVI, siguiendo la estela de su antecesor, hemos de anunciar con plena convicción a nuestros adolescentes y jóvenes: “Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. No os conforméis con ser de segunda fila. Os pido que no persigáis una meta limitada y que ignoréis las demás. Tener dinero posibilita ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero, por sí mismo, no es suficiente para haceros felices. La clave para esto es muy sencilla: la verdadera felicidad se encuentra en Dios. Necesitamos tener el valor de poner nuestras esperanzas más profundas solamente en Dios, no en el dinero, la carrera, el éxito mundano o en nuestras relaciones personales, sino en Dios. Sólo él puede satisfacer las necesidades más profundas de nuestro corazón. Dios quiere vuestra amistad. Y cuando comenzáis a ser amigos de Dios, todo en la vida empieza a cambiar. Comenzáis a ver la avaricia y el egoísmo y tantos otros pecados como lo que realmente son, tendencias destructivas y peligrosas que causan profundo sufrimiento y un gran daño, y deseáis evitar caer en esas trampas. No os contentéis con ser mediocres» (3).

2. La dirección espiritual, una prioridad pastoral

Se puede afirmar que esta atención a la vida espiritual de los fieles, guiándolos en el camino de la santidad y ayudándolos en el discernimiento vocacional, es una prioridad pastoral: «En esta perspectiva, afirmaba S. Juan Pablo II, la atención a las vocaciones al sacerdocio se debe concretar también en una propuesta decidida y convincente de dirección espiritual […]. Por su parte, los sacerdotes sean los primeros en dedicar tiempo y energías a esta labor de educación y de ayuda espiritual personal. No se arrepentirán jamás de haber descuidado o relegado a segundo plano otras muchas actividades también buenas y útiles, si esto lo exigía la fidelidad a su ministerio de colaboradores del Espíritu en la orientación y guía de los llamados» (4).

La dirección espiritual es necesaria para todo cristiano, pero lo es de modo especial para los que desean seguir al Señor de cerca. “Todos, de hecho, y en modo particular los que han acogido la llamada divina para seguirlo más de cerca, necesitan estar acompañados de un guía seguro en la doctrina y experto en las cosas de Dios”, que “puede ayudar a defenderse de subjetivismos fáciles, poniendo a disposición sus conocimientos y experiencias en el seguimiento a Jesús”. “Se trata de instaurar la misma relación personal que el Señor tenía con sus discípulos, el especial lazo con el que Él les condujo, tras de sí, para abrazar la voluntad del Padre, para abrazar, esto es, la cruz» (5).

La vocación de cada persona es singular, dinámica e irrepetible. Y por ello no se puede tratar de igual modo a todos los que pueden haber recibido la llamada de Dios. Cada uno de los llamados responde a Dios desde su propia historia y desde sus singulares circunstancias. El acompañante vocacional debe adaptarse a las peculiaridades propias de cada llamado. Y, como en la mayoría de los casos, el esclarecimiento de la vocación suele ser progresivo y gradual, necesitará tiempo y ayudas para su confirmación. La labor del acompañantetiene como objetivo ayudar al candidato a responder positivamente a las tres preguntas ineludibles en todo discernimiento: ¿Sabes si tienes vocación? ¿Quieres responder a ella positivamente? ¿Puedes responder a ella? La conjugación adecuada de estos tres verbos (saber-querer-poder), conforma el camino vocacional pretendiendo que el candidato: 1º) adquiera conciencia clara de ser llamado por Dios; 2º) esté recta y consistentemente motivado y 3º) cuente con la idoneidad necesaria para abrazar la vocación que ha recibido.

+ Manuel Sánchez Monge

Obispo de Mondoñedo-Ferrol

Mons. Manuel Sánchez Monge
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Mons. Manuel Sánchez Monge nació en Fuentes de Nava, provincia de Palencia, el 18 de abril de 1947. Ingresó en el Seminario Menor y realizó luego los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor Diocesano. Cursó Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo en 1974 la Licenciatura, con una tesina sobre la infalibilidad del Papa y ,en 1998, el Doctorado con una tesis sobre "La familia, Iglesia doméstica". Fue ordenado sacerdote en Palencia el 9 de agosto de 1970. Fue Profesor de Teología en el Instituto Teológico del Seminario de Palencia (1975), Vicario General de Palencia (1999) y Canónigo de la Catedral (2003). Fue ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el 23 de julio de 2005. En la Conferencia Episcopal Miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desde 2005 Desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar