Tiempo de Adviento

Mons. Casimiro LópezMons. Casimiro López Llorente     Queridos diocesanos:

Este domingo comenzamos el Adviento. Es el tiempo fuerte o especial que la Iglesia nos ofrece para prepararnos a la celebración de la Navidad, del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios. Jesucristo es el sí definitivo de Dios al ser humano y la esperanza más profunda de los hombres. En Cristo, Dios ha llevado a la humanidad a su única y verdadera plenitud. Por su venida en la humildad de nuestra carne, el Señor realizó el plan de salvación de Dios. En Él, Dios ha restablecido de un modo único y definitivo la comunión con toda la humanidad y con toda la creación. En Él, la humanidad y el cosmos encuentran su sentido y realización últimos; y son purificados y liberados para siempre de la muerte física, social, ética, espiritual y cósmica. Cristo nos guía a la plenitud de la verdad y de la vida, y nos emplaza a ser fieles ‘hasta que El vuelva’.

Toda la vida de un cristiano debería ser como un adviento continuado; un tiempo de acogida permanente del Señor que viene a nosotros, a nuestras vidas, a nuestra historia, a nuestro mundo. El cristiano cabal vive su existencia con la alegre esperanza de la venida del Señor Jesús en el presente y en el futuro; y lo hace con una fe viva y operante: una fe que se hace obras de amor entregado a Dios y al prójimo, con verdadera hambre de Dios y con verdadera pasión por el bien de cada ser humano, y con una presencia misionera en el mundo para que la buena Noticia llegue a todos, especialmente a los más pobres.

Una y otra vez constatamos la urgencia de una renovada evangelización de nuestra tierra para que la Buena Nueva del Hijo de Dios, que nos nace en Belén, llegue a todos. Es ésta una tarea que corresponde a todos los cristianos, también a los fieles seglares. Cada uno debería sentirse interpelado; a nadie le es lícito permanecer ocioso.

Para poder acometer esta tarea, todo cristiano necesita renovarse y vivir con alegría la vida nueva recibida en el Bautismo y la belleza de la propia vocación y misión bautismal. El papa Francisco nos invita «a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo»; «El siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad» (EG 3 y 11). Este encuentro purificará y fortalecerá nuestra fe y vida cristiana, reforzará nuestra condición de cristianos y miembros de la Iglesia y nos llevará a vivir con audacia nuestra presencia visible e incisiva en la sociedad siendo verdaderamente “levadura evangélica” y “sal y luz” en un contexto socio-cultural que intenta neutralizar la presencia de Dios y de Cristo en el mundo.

En nuestro peregrinaje por esta vida, la vigilancia y la esperanza son pilares imprescindibles de la vida cristiana, de nuestra Iglesia y de cada uno de sus fieles, que os invito a avivar en este tiempo de gracia del Adviento. La vigilancia nos ha de llevar a una conversión constante a Dios en Cristo Jesús, intensificando la vida de oración, la escucha de la Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía y la acogida del amor misericordioso de Dios en el Sacramento de la Reconciliación; hemos de revisar el tono de nuestra caridad y compromiso cristianos. La esperanza en el triunfo definitivo de Cristo nos ayudará a fortalecer nuestra fe en la vida eterna y a no perder la paz ante las insidias de los poderes de este mundo. Renovemos nuestro encuentro con Jesucristo vivo, que da la verdadera alegría y el sentido último y definitivo a nuestra vida.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
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Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.