Vendrá con gloria

Mons. Atilano RodríguezMons.  Atilano Rodríguez       Con la celebración de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, clausuramos el tiempo ordinario y nos preparamos para iniciar el nuevo año litúrgico con el tiempo de Adviento. Esta conmemoración de la realeza de Cristo nos recuerda que el mundo y la historia del hombre tienen su fundamento y su meta en el Hijo de Dios, muerto y resucitado para liberar a la humanidad y a la creación del pecado y de la muerte eterna.

Los primeros cristianos, conscientes de su pertenencia a Cristo, esperaban con ilusión y alegría el cumplimiento rápido de su última venida para participar de forma plena y definitiva de su gloria y de su triunfo sobre el poder de sus enemigos. El gran amor a Jesucristo y la entrega generosa a los hermanos les animaba a esperar confiadamente el encuentro último con el Señor, vencedor de la muerte y glorificado para siempre junto al Padre.

San Pablo, profundamente convencido del cumplimiento de las promesas del Señor y de su venida gloriosa al final de los tiempos, le recordará a su discípulo Tito y a los cristianos de las comunidades fundadas por él cómo tendrían que actuar ante la espera de la manifestación gloriosa de Jesucristo: “Porque ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, justa y piadosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo” (Tito 2, 11-13).

Partiendo de estas enseñanzas de la Sagrada Escritura, la Iglesia, desde los primeros momentos de su peregrinación por el mundo, confiesa con alegría y gozo esta confianza en la venida gloriosa del Señor al fin de los tiempos: “Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos”. Los cristianos, cada vez que recitamos el Credo, repetimos esta fórmula de fe, es decir, afirmamos nuestra esperanza en el juicio misericordioso de Dios al fin de los tiempos.

Sin embargo, aunque con los labios confesamos la fe en la venida gloriosa del Señor y en su juicio sobre vivos y muertos, para muchos cristianos esta promesa en el fin del mundo les llena de miedo y prefieren no plantearse preguntas sobre el tema. El papa Francisco, consciente de esta realidad, en la audiencia del 15 de octubre, proponía unas preguntas a sus oyentes para que respondiesen con sinceridad si realmente esperaban  con fe verdadera la última venida del Esposo.

Al finalizar el año litúrgico, todos podríamos examinar la calidad de nuestra fe y de nuestra esperanza respondiendo personalmente a estas preguntas del Santo Padre: “¿Somos de verdad testigos luminosos de esta espera, de esta esperanza? ¿Viven aún nuestras comunidades en el signo de la presencia del Señor Jesús y en la cálida espera de su venida, o bien se presentan cansadas, adormecidas, bajo el peso del agotamiento y de la resignación? ¿Corremos también nosotros el riesgo de agotar el aceite de la fe y el aceite de la alegría? ¡Estemos atentos!”.

Para permanecer vigilantes ante la última venida del Señor y para cuidar nuestra actuación como creyentes, no olvidemos nunca que El va a juzgarnos de la actitud de amor y de indiferencia hacia los hermanos más pequeños, débiles y necesitados. Estos son los hermanos de Jesús, con los que Él ha querido identificarse: “Cada vez que lo hicisteis o dejasteis de hacerlo con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”.  Por lo tanto, la actitud de vigilancia y la preparación para la venida del Señor consiste fundamentalmente en vivir el mandamiento del amor.

Con mi sincero afecto, feliz día del Señor.

+ Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.