Cada vida importa

Mons. Esteban EscuderoMons. Esteban Escudero     El pasado sábado, 22 de Noviembre, se celebró en Madrid una manifestación bajo el lema Cada vida importa. Por la vida, la mujer y la maternidad. La manifestación, al margen de los partidos políticos y no confesional, fue convocada por más de cuarenta asociaciones civiles, que representan a varios millones de familias españolas. Distintas asociaciones palentinas en defensa de la vida viajaron en autobuses a la capital de España para tomar parte en esta marcha reivindicativa.

Sus convocantes solicitaban, entre otras cosas, la derogación de la vigente “ley del aborto”, el compromiso del ordenamiento jurídico y de las políticas públicas de amparar siempre al no nacido como a cualquier otro ser humano y proteger siempre a la mujer a través de una red solidaria de apoyo, para que nunca se vea abocada al aborto por carecer de información y de alternativas viables para afrontar los problemas que están en la base de la decisión de abortar. Igualmente solicitaban la agilización de la adopción, incluyendo un protocolo por el cual se informe a la mujer de esta alternativa en caso de embarazo imprevisto. Terminaban sus demandas pidiendo al Presidente del Gobierno y al Partido Popular que cumplan su compromiso electoral de modificar la “ley del aborto” y aprobar una ley de protección de la vida.

En la legislación actual española existe una despenalización total de su práctica y un reconocimiento expreso del aborto como un derecho de la mujer embarazada. Ello implica, de mantenerse el presente ordenamiento jurídico de la cuestión, una desprotección de las dos víctimas del aborto: el niño no nacido y la mujer, abocada al aborto sin alternativas posibles en el caso de un embarazo no deseado, todo ello agravado por la amplia difusión en nuestra sociedad de la llamada ideología de género y su particular visión de la sexualidad y de la persona.

Las asociaciones provida, religiosas y laicas, denuncian que “cualquier enfoque legal o político que olvide al niño que en virtud del aborto no llega a nacer o que olvide proveer los medios y soluciones precisos para que cualquier embarazada pueda llevar a buen término su embarazo, da lugar a situaciones injustas e incompatibles con el equilibrio de derechos y bienes que el humanismo exige en esta cuestión”.

La postura de la Iglesia en este tema no ofrece lugar a dudas y su asentimiento es de obligada aceptación para todo fiel católico que quiera mantenerse en la plena comunión con la Iglesia. Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral. El concilio Vaticano II ratificó esta doctrina común afirmando: «Dios […], Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables» (GS 51, 3).

“La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. ‘Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae”, es decir, ‘de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito’, en las condiciones previstas por el Derecho. Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad’” (CCE nº 2271s.)

El sábado 15 de Noviembre, el Papa Francisco dirigió un vibrante discurso a los participantes del encuentro conmemorativo de la Asociación de Médicos Católicos Italianos con ocasión del 70 aniversario de su fundación. Durante la entrevista, el Papa hizo una apasionada defensa de la vida humana; de toda vida humana. Dirigiéndose a los participantes, subrayó entre otras cosas: “la atención a la vida humana, especialmente aquella que atraviesa por dificultades, implica y afecta profundamente la misión de la Iglesia. La Iglesia se siente llamada también a participar en el debate que tiene como objeto la vida humana, presentando la propia propuesta, basada en el Evangelio.

Vuestra labor quiere testimoniar con la palabra y el ejemplo que la vida humana es siempre sagrada, válida e inviolable, y como tal debe ser amada, defendida y protegida. En consecuencia, os animo a seguir con humildad y confianza por este camino, esforzándoos por alcanzar vuestras finalidades estatutarias, que recogen las enseñanzas del Magisterio de la Iglesiaen el campo médico-moral.

El pensamiento dominante -continuó diciendo el Papa- propone a veces una ‘falsa compasión’, que considera una ayuda para la mujer el favorecer el aborto, un acto de dignidad procurar la eutanasia, y una conquista científica ‘producir’ un hijo, considerado como un derecho en lugar de acogerlo como un don; o usar vidas humanas como cobayas de laboratorio para salvar, presumiblemente, otras vidas. La compasión evangélica es, en cambio, la que acompaña en los momentos de necesidad, la del Buen Samaritano, que ‘ve’, ‘tiene compasión’, ‘se acerca’ y ‘ofrece una ayuda concreta’ (Lc. 10,33). La fidelidad al Evangelio de la vida y al respeto por ella como un don de Dios, a veces requiere elecciones valientes, a contra corriente, que, en circunstancias particulares, pueden llegar a la objeción de conciencia”.

+Esteban Escudero, 

Obispo de Palencia

Mons. Esteban Escudero Torre
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Mons. Esteban Escudero Torres nació en Valencia, el 4 de febrero de 1946. Cursó los estudios primarios y el bachillerato superior en el Colegio de los PP. Agustinos, de Valencia. A la edad de 17 años entró en el Seminario Metropolitano, sito en Moncada, donde cursó tres años de Filosofía y tres de Teología. Tras el bachillerato en Teología, obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Con permiso del entonces Arzobispo de Valencia, don José María García Lahiguera, inició estudios de Filosofía en la Universidad literaria de Valencia obteniendo, en 1974, la Licenciatura en Filosofía pura. Durante el tiempo de sus estudios civiles, trabajó activamente en la Comisión Diocesana del Movimiento Junior, organizando frecuentes cursillos de formación religiosa y de técnicas de tiempo libre para los educadores de los distintos centros Juniors de la diócesis. Tras un año de diaconado en la Parroquia de San Martín, en la ciudad de Valencia, fue ordenado sacerdote el 12 de enero de 1975 y destinado, como coadjutor, a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, de Carlet. Durante cuatro años, simultaneó los trabajos pastorales de vicario parroquial con las clases de religión en el Instituto de Bachillerato de la localidad. Igualmente dirigió y animó espiritualmente el centro del Movimiento Junior de Carlet. Enviado a Roma en 1978 para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana por el Arzobispo don Miguel Roca Cabanellas, obtuvo el grado de Doctor en Filosofía de la Universidad con una tesis sobre el pensamiento filosófico de don Miguel de Unamuno. De regreso a la actividad pastoral de la diócesis, colaboró en la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y, posteriormente, en la Delegación Diocesana de Enseñanza y Educación Religiosa, donde desempeñó el cargo de Coordinador de la Enseñanza Religiosa Escolar y Director de la Escuela Diocesana de formación del profesorado de Enseñanza Religiosa Escolar. Igualmente, fue adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro, de Valencia, donde ha venido trabajando pastoralmente hasta su ordenación episcopal. Durante seis años fue profesor de Filosofía en el C.E.U. San Pablo de Moncada y, desde 1988, profesor, jefe de estudios y posteriormente director de la Escuela Diocesana de Pastoral. Al erigirse en 1994, por el Arzobispo don Agustín García-Gasco, el Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas, fue nombrado Director, recorriendo regularmente las distintas sedes del mismo, e impartiendo clases de Fe-Cultura y Teología Dogmática. Desde 1982 impartió diversas asignaturas en la Facultad de Teología «San Vicente Ferrer», de Valencia, haciéndose cargo, como profesor agregado de dicha Facultad, desde el curso escolar 1988-1989 hasta su nombramiento episcopal, de las asignaturas de Historia de la Filosofía Antigua, Historia de la Filosofía Moderna y Filosofía y Fenomenología de la Religión. También fue profesor de Antropología Filosófica en la sede española del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, desde su erección en la diócesis de Valencia. Desde 1988 es miembro de la asociación «Viajes a Tierra Santa con los PP. Franciscanos», habiendo dirigido y animado espiritualmente en numerosas ocasiones peregrinaciones a los lugares santos del cristianismo. Ha participado en varias reuniones y simposios sobre el diálogo, cristianismo y judaísmo. En 1999, don Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, le nombró canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, donde desempeñó el cargo de Secretario Capitular. Es autor de varios artículos de Filosofía y Teología de las Religiones, publicados en los números de la Revista Anales Valentinos de los años 1983, 1989, 1990, 1991 y 1999. Igualmente publicó, en 1994, el audiolibro en seis volúmenes Contenidos básicos de la fe cristiana, Valencia 1994, y el libro Creer es razonable. Introducción a la Filosofía y a la Fenomenología de la Religión, Valencia 1997. El 17 de noviembre de 2000, fue nombrado, por Su Santidad el papa Juan Pablo II, Obispo Titular de Thala y Auxiliar de Valencia, recibiendo la consagración episcopal el 13 de enero de 2001.