Fiesta de Cristo Rey

antonio_canizaresMons. Antonio Cañizares      Jesucristo es rey Señor, muestra su realeza y hace presente en medio de nosotros su reino –Reino de la verdad y de la gracia, Reino de la paz y de la justicia, Reino del amor, Reino de Dios que es Amor– rebajándose, despojándose de su rango, tomando la condición de esclavo, haciéndose pequeño y ocultándose, como en la Encarnación, identificándose con los últimos, con los pobres, con los necesitados del amor y de la misericordia, obedeciendo al Padre, ofreciéndose en oblación, hasta la muerte y una muerte de cruz. Jesucristo reina desde el madero de la cruz, perdonando, ofreciendo salvación al que la pide y la busca, dando su vida, sirviendo, amando a los hombres hasta el extremo. Ahí, en la Cruz, está toda la verdad, de la que Cristo es el fiel testigo: la verdad de cómo Dios ama sin límite a los hombres, y la verdad del hombre, tan engrandecido y exaltado que de esta manera ha sido y es amado por Dios. Esto acontece en el misterio eucarístico, se hace realmente presente y permanece. El Reino de Dios es Cristo, la Eucaristía misma.

Contemplamos y vemos ese reino en el rostro de Cristo, en la persona de Cristo, en el misterio eucarístico; al contemplarlo y gustarlo en sus sufrimientos y muerte, en el misterio eucarístico, podemos reconocer –lo reconocemos y proclamamos– de manera clara y sin complejos el amor sin límites de Dios por nosotros: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna»: Es la carne de Cristo, que se entrega por nosotros. El amor de Dios, su Reino, ha encontrado su expresión más profunda en la entrega que Cristo hizo de su vida por nosotros en la Cruz, en ese amor con que ahí nos ama sin límites. Ahí tenemos a nuestro Dios, Dios único y universal: Señor crucificado, identificado con los que sufren tanto, no espectador de las humillaciones, escarnios, privaciones, injusticias y pobrezas, sino sufriéndolas en su propia carne, que es también la nuestra.

La proclamación de Jesucristo Rey, el ¡Viva Cristo Rey! que brota de lo más hondo y mejor de nuestro corazón, ese grito, que es plegaria y confesión de fe, que estuvo en los labios de tantos mártires, que fue consuelo ante destrucción de vidas, que fue testimonio de que Dios es Dios, es Amor, es misericordia, esa proclamación no es un gesto devocional ni un grito en el vacío, es el gesto que expresa nuestra entrega al Señor. Es contenido de toda verdadera espiritualidad y devoción cristiana, es núcleo de la experiencia cristiana, es motor de la vida cristiana como testimonio de Dios vivo, Dios que es amor y misericordia, redención y salvación, gloria y llamada a dejarse transformar por Dios y su infinita bondad para con nosotros, haciendo del amor la seña de identidad y el móvil de nuestras vidas en todo, anticipo de gloria donde sólo reinará el amor, Dios que es Amor.

Esta fiesta debe ayudarnos a recordar y vivir incesantemente que Él ha cargado voluntariamente con el sufrimiento de los hombres, por los hombres, y se ha identificado con los que sufren. Con esta fiesta, y la correspondiente adoración, no sólo reconocemos, pues, con gratitud el amor de Dios sino que seguimos abriéndonos a este amor, de manera que nuestra vida quede cada vez más modelada por Él; acogemos el amor de Dios, nos acogemos a Él, para amar con ese amor que hemos recibido, y comunicarlo a los demás.

Quien acepta el amor de Dios interiormente queda plasmado por él. El amor de Dios experimentado es vivido por el hombre como una «llamada» a la que tiene que responder. La mirada dirigida al Señor, que «tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades», nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a la necesidad de los demás; nos abre a la misericordia, para vivir desde ella y haciéndola realidad viva en las obras de misericordia, caridad y amor. La experiencia del amor del Rey y Señor Jesús nos tutela ante el riesgo de replegarnos en nosotros mismos y nos hace más disponibles a una vida para los demás: «En esto hemos conocido lo que es amor: en que Él dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar la vida por los hombres».

A la luz de esto, nos adentramos más y más en la página del capítulo 25 del Evangelio de San Mateo y, «ateniéndonos a las indiscutibles palabras de este Evangelio», conocemos y vemos que «en la persona de los pobres hay una presencia especial suya, que impone a la Iglesia una opción preferencial por ellos. Mediante esta opción, se testimonia el estilo de amor de Dios, su providencia, su misericordia y, de alguna manera, se siembran todavía en la historia aquellas semillas del Reino de Dios que Jesús mismo dejó en su vida terrena, atendiendo a cuantos recurrían a Él para toda clase de necesidades espirituales y materiales». Este Evangelio es una página de Cristología (S. Juan Pablo II).

Es la hora de la caridad a la que nos impulsa la fiesta de Cristo Rey, para que estemos atentos a las nuevas pobrezas de nuestro momento, para que ayudemos a sanar la enfermedad que aflige hoy a la humanidad, y atendamos a la pobreza más honda que es el no tener a Dios, la indigencia de Dios, el pretender edificar nuestro mundo sin Dios, en la soledad de nuestras fuerzas. Con esta fiesta nos entreguemos del todo al Señor, con el amor de nuestro corazón, con una confianza incondicional porque Él es Amor, reconociéndole en aquellos con los que se identifica –pobres, hambrientos…–. Dios nos abre un gran futuro y nos entrega el don de la esperanza que se vive en la caridad.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014