El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José Mª Yanguas      El concilio Vaticano II ha hablado del matrimonio poniendo de relieve su naturaleza íntima, su origen y propiedades. A lo largo de las próximas semanas  iremos exponiendo la doctrina conciliar sobre esta realidad, de cuya prosperidad depende  en buena medida “el bienestar de la persona y de la sociedad”, como dice el mismo concilio y tuvimos ya ocasión de recordar.

Considero importante subrayar que el matrimonio es una realidad precisa, algo que tiene su propia verdad. Cuando hablamos de matrimonio nos referimos a algo bien concreto; no se trata de algo sometido totalmente a la voluntad o al capricho de los individuos o de las sociedades, algo dentro de lo cual puede caber cualquier cosa. No es el matrimonio una realidad meramente cultural, fruto de las decisiones humanas, sino que está, por el contrario más allá de éstas. Para decirlo de una manera que todos puedan entender, el matrimonio no es un invento humano, “no depende de la decisión humana”; y ello por la sencilla razón de que “Dios mismo es el autor del matrimonio” (Gaudium et spes, 48).

Se trata de una afirmación básica, fundamental a la hora de preguntarnos por lo que el matrimonio es, por su naturaleza, por su ser. Los hombres no podemos cambiar la naturaleza del matrimonio, no podemos modificarla a capricho o conveniencia, porque eso sería lo mismo que destruirla de raíz. El matrimonio pertenece al orden de lo creado, de lo puesto por Dios en la existencia; es algo, por tanto, “natural”, más allá de lo simplemente cultural, por más que el matrimonio como realidad natural esté estrechamente ligado a las diversas culturas. Siempre subyace algo natural y fijo en las distintas formas en las que el matrimonio se   celebra, en las modalidades que reviste o en las consecuencias jurídicas del mismo. El matrimonio tiene una estructura natural, constitutiva, que le ha dado el mismo Creador. Con razón dice, pues, el Catecismo de la Iglesia Católica: “El matrimonio no es una institución puramente humana a pesar de las numerosas variaciones  que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales” (n. 1603). Así el Concilio se referirá a distintos aspectos del matrimonio afirmando que derivan o entroncan con “su índole natural”, es decir, fluyen de la naturaleza misma del matrimonio “al que Dios ha dotado con bienes y fines varios”, que no dependen “del arbitrio humano”.

¿Cuál es su estructura, en qué consiste básicamente la institución matrimonial, cuál es su verdad fundamental? Un primer elemento de ésta verdad es aquel al que acabamos de referirnos: Dios es el autor del matrimonio, es Él quien determina su naturaleza propia, lo dota de sus propias leyes, precisa sus fines y bienes, establece el modo en que se origina… Estos aspectos esenciales del matrimonio, sus “rasgos comunes y permanentes”, como dice el Catecismo en el número citado, no pueden ser modificados sin dar al traste con el matrimonio mismo. Bien asentado esto, el concilio Vaticano II define en seguida el matrimonio como “íntima comunidad de vida y de amor conyugal”, un “consorcio” de toda la vida de las personas que forman esa comunidad. Se trata, pues, de una realidad interpersonal, de algo que implica a la persona como tal; no uno u otro aspecto de la persona, sino a toda ella: cuerpo y alma, cabeza, corazón y sentimientos. El matrimonio, en la intención del Creador, es comunidad o comunión, estrecha, íntima, total, plena, de personas. Es “consorcio de toda la vida”, participación mutua de la vida de los esposos. De toda la vida, de la totalidad del propio ser. Por eso dirá san Pablo que los esposos no se pertenecen a sí mismos de manera exclusiva, sino que se pertenecen el uno al otro. Con palabras del Concilio: en el matrimonio “los esposos se dan y se reciben mutuamente”. Se dan a sí mismos. Dejémoslo aquí por hoy.

+ José Mª Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).