Participar en tu parroquia es hacer una declaración de principios

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez      Hacer una declaración de principios parece una exigencia demasiado fuerte para los miembros de nuestras parroquias. ¿Se puede exigir la participación de los fieles en su parroquia? Depende del alcance que le demos a la palabra exigencia; parece una consecuencia lógica que ha de unirse al deseo de ser bautizado, recibir el santo crisma en la Confirmación, y querer participar en la Eucaristía, desde la Primera Comunión. Son los Sacramentos de la Iniciación Cristiana.

Por desgracia, no siempre a la celebración de esos tres sacramentos ha precedido un proceso de iniciación, cuyo protagonismo lo tienen Dios Trino y Uno, pero en el que participan los que quieren ser cristianos, que es una gracia de Dios a la que hay que prepararse. Ya sé que la inmensa mayoría de los católicos reciben los sacramentos de Iniciación Cristiana en los primeros quince años de su existencia. Después, la existencia concreta no siempre alcanza el grado de madurez de la fe suficiente como para hacer lógica la participación de cada católico en la vida de su comunidad parroquial o en otra parroquia de tantos modos posibles para hacerlo. Veis que aquí la exigencia tiene otro significado: nadie es obligado de forma coercitiva a participar.

Este curso pastoral 2014-2015, la programación pastoral se centra mucho en “la parroquia, familia de familias”. No es lo mismo ir “por libre” en tu vida de fe que sentir que formas parte de una comunidad cristiana viva concreta, con fallos y pecados en sus miembros, pero en la que la vida de las personas que las componen actúa Jesucristo y nos libra de la soledad personal. En una familias, por ello, todos deben poner algo de su parte para ser precisamente familia y no “unidad habitacional”, que es lo más alejado a lo que Jesucristo muestra que es la Iglesia.

Ahí radica la exigencia de participación y la declaración de principios. Hay que superar, sin embargo, la idea de que la parroquia es el párroco y algunos que no tienen otra cosa más importante que hacer o de qué ocuparse. Participar es vocablo de larga intensidad; pero que posibilita llevar a cabo muchas acciones parroquiales. ¿Y hemos pensado en la participación en el sostenimiento económico de tu parroquia? Todavía continúa el mito de que la Iglesia, tu parroquia la sostienen el Estado, el gobierno, central o autonómico, y que son muchos los millones de euros que recibe la Iglesia que no quiere renunciar a “sus privilegios”.

Ya sé que no todo el mundo piensa de este modo, y que existe tanta gente que ayuda económicamente a su parroquia por muchos motivos, y que entienden que es un dinero bien empleado. Pero molesta mucho cuando se dan cifras de cuantos miles de millones de euros recibe la Iglesia de Hacienda. Aquí Iglesia es sinónimo de clero, palabra hermosa en sí, pero tantas veces utilizada despectivamente. Así lo volví a sentir este verano pasado, cuando en el sitio donde descansaba y paseando con alguno de mis hermanos, me encontré con dos jóvenes, uno de los cuales dijo: “¡Abajo el clero!”. Cuando le pedí explicaciones por la valentía de su expresión, me dio una sola: “yo pago para que la Iglesia (=clero) recibáis 4 o 5 mil millones de euros sin trabajar”.

Evidentemente este joven no hacía en su declaración anual de la renta la asignación a favor de la Iglesia con la “crucecita”. Otros muchos lo hacen, gracias a Dios, y también porque saben que ese dinero no es para el cura, sino para tantas cosas que redundan a favor, sobre todo de los más pobres. Yo os lo agradezco de corazón. Podemos asegurarles, eso sí, que como Archidiócesis de Toledo, nuestras cuentas están claras. Se puede comprobar.

Con mi saludo y bendición.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.