El gozo de participar

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella     Hoy celebramos el día de la Iglesia Diocesana. ¿Con qué imágenes describe la Sagrada Escritura a la Iglesia? Se la llama rebaño y a Jesús el Buen Pastor; viña escogida, y a Dios el labrador; casa de Dios en la que vive toda su familia; templo santo del Señor, hecho de piedras vivas que somos todos y cada uno de nosotros; Ciudad Santa que baja del cielo, adornada como una novia preparada para su Esposo que es Cristo; madre y maestra; esposa inmaculada del Cordero inmaculado. Finalmente, las dos imágenes más significativas, muy destacadas en el Concilio Vaticano II, Cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios.

Nos quedamos con estas últimas imágenes. Son las que más solemos emplear en la catequesis y en las homilías. En el Cuerpo hay distintos miembros, pero todos unidos y sostenidos por el espíritu o, como se suele decir, por el alma, hacen que el cuerpo funcione, se desplace, trabaje, ame. La Iglesia está formada, como el cuerpo humano, por los distintos miembros llamados carismas, ministerios o servicios. Cada uno ejerce un trabajo distinto, pero unidos por la fuerza del Espíritu, permite que la obra evnagelizadora, transformadora de la sociedad se pueda llevar a cabo. Pero es necesario el trabajo de todos y contar siempre con la ayuda de Dios.

¿Cómo puede sentir cualquier cristiano corriente su condición de miembro de ese Cuerpo, y a la par vivir y sentir su pertenencia a ese Pueblo de Dios? De igual manera que uno siente que pertenece a su familia: amando y dejándose amar; beneficiándose de todo lo que cada uno aporta espiritual y materiamente; y aportando cada uno lo que es y lo que ha conseguido con su trabajo. En la Iglesia sucede igual: se recibe el amor de Dios a través de la Comunidad; a través de la Palabra de Dios leída, reflexionada y celebrada en comunidad; a través de los sacramentos celebrados y vividos en su seno; y aportando lo que uno es, vive y siente; aportando sus cualidades y colaborando con el sostenimiento económico de la comunidad que es la Iglesia; y abriéndose a las necesidades de todos, especialmente de los más pobres y necesitados.

El slogan de la campaña de este año es muy significativo: “El gozo de participar”. Dios nos llama a ser protagonistas, y nos llama personalmente, sean las que sean nuestras circunstancias personales. No podemos estar pasivamente en la Iglesia, acudiendo a ella solamente cuando necesitamos un servicio, como hacemos cuando vamos a un supermercado. La Iglesia es nuestra casa, formamos parte de ella, somos miembros de ese Cuerpo Eclesial, de es Pueblo de Dios. Somos “piedras vivas”. No podemos olvidar que al final de la vida seremos examinados del amor. ¿Puede haber amor sin el gozo de participar, de ayudar, de empujar, de aunar esfuerzos? La Iglesia, Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios, Familia de creyentes en Dios Padre de todos, necesita de tu entrega gozosa, necesita de tu generosidad para hacer el bien. Puedes ayudar con tu entrega a las múltiples actividades que se organizan en la Parroquia; puedes ayudar con tu participación económica; y puedes también ayudar con tu oración y con tu sacrificio. Todos somos necesarios, nadie sobra.

¡Gracias por tu generosidad y gracias por tu compromiso, hecho tiempo y dinero! Sentirás un gozo indecible, ya que Dios no se deja ganar engenerosidad.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y la Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.