El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. YanguasMons. José María Yanguas    Queridos diocesanos:

La semana pasada veíamos los efectos del pecado en la mirada sobre el propio cuerpo y el de los demás, hombres o mujeres. Tras el pecado, el cuerpo, la persona como espíritu encarnado, ya no aparece como un regalo, como un don, que invita a darse. El cuerpo se convierte en objeto de concupiscencia, de deseo posesivo. Lejos de invitar al don, mueve a la satisfacción del propio deseo, poniéndolo a su servicio. Desaparece el significado esponsal del cuerpo, su sentido de don, para degradarse a la condición de cosa, de objeto del deseo de posesión.

Esta semana vamos a fijarnos brevemente en la condición nueva y gloriosa del cuerpo humano en la resurrección. Se mantendrá entonces la diferencia de los sexos, el doble modo de ser persona humana, como varón o mujer, pero entonces aquel no tomará mujer ni ésta varón. Ni el varón devendrá marido ni la mujer esposa. Entraremos en un nueva dimensión.

Pero esto quiere decir que el significado último de la dualidad de los cuerpos hay que buscarlos más allá del matrimonio y de la procreación. Éstos no son la última razón de ser de la dualidad de los sexos. El significado fundamental de la corporalidad sexuada es el de ser signo de la persona creada a imagen y semejanza de Dios, una imagen que se realiza en la comunión de las personas. Dicho de otro modo, la perfecta realización de la propia humanidad, incluida su dimensión corporal-sexual, tiene lugar en la espiritualización del cuerpo. Ahora bien, quede claro que realización plena del hombre, del espíritu encarnado, no significa de ningún modo desencarnación, deshumanización, pérdida del cuerpo para transformarse en puro espíritu. Eso no sería plenitud de lo humano sino su desaparición. En la resurrección seremos como ángeles, semejantes a ellos, gracias a la mayor espiritualización de nuestros cuerpos, pero sin perder nuestra condición carnal o corporal. Seremos como penetrados, transidos de Dios, lo que tendrá como consecuencia una mejor integración de cuerpo y alma, una superior armonía entre ambos, de manera que se asegure la primacía del espíritu. No será volver a la condición paradisiaca de nuestros primeros padres; esa fue una fase definitivamente periclitada; en la resurrección entramos en la fase definitiva de nuestra existencia: seremos espiritualizados, divinizados, también nuestros cuerpos. Todo lo humano, cuerpo y espíritu, se perfeccionará, alcanzaránuna plenitud inimaginada.

En la resurrección, precisamente cuando no se tomará marido ni mujer, el significado esponsal, donal y comunional del cuerpo, alcanzará su plenitud. La subjetividad personal quedará perfeccionada  como fruto de la comunicación graciosa de Dios a los hombres. El significado originario del cuerpo se manifestará entonces en todo su esplendor, sin las limitaciones ni condicionamientos del tiempo histórico: la persona encarnada, varón y mujer, unidos a Dios íntimamente mediante la visión de su rostro, y en la estrecha comunión con cuantos participan de la gloria de la resurrección. Se percibirá así el significado virginal de la condición corporal-sexual del hombre y de la mujer. En la resurrección no se tomará marido ni mujer porque encontraremos la plenitud de la donación y de la comunión interpersonal gracias a la plena espiritualización de nuestro ser, cuerpo y alma, en la visión de Dios.

La virginidad anticipa en este mundo lo que en la resurrección será el modo propio de la existencia del cuerpo sexuado. Vemos así que virginidad y matrimonio son los dos modos de realizar el significado esponsal del cuerpo.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).