La Catedral de Roma, nuestras catedrales y nuestros templos

Mons_Francesc_Pardo_ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas        Este domingo, toda la Iglesia celebra litúrgicamente la “dedicación” o consagración de la Catedral de Roma, San Juan de Letrán, construida por el emperador Constantino como sede o catedral del obispo de Roma, en honor de Cristo salvador.

Podemos preguntarnos el por qué de esta celebración.

Porque es la catedral del Papa, el obispo de Roma, símbolo de la unidad de todas las comunidades cristianas con Roma, por eso se la denomina “madre de todas las Iglesias”. Así la recordamos y lo celebramos porque todos estamos unidos en una misma fe y porque la Iglesia de Roma, la del apóstol Pedro y hoy la del papa Francisco, es punto de comunión y de referencia.

Este hecho me ha sugerido una reflexión sobre nuestros templos y su significado con relación a Jesús y a nosotros, su pueblo.

Fundamentalmente debemos afirmar que Dios se manifiesta, se hace presente y se deja encontrar en la persona de Jesús.

La mayoría de las religiones de todos los tiempos y culturas consideran los templos, sus edificios religiosos, como lugares de encuentro con Dios. Creen que Dios está presente en los edificios sagrados. Por ello, para entrar en relación con Dios es necesario ir a los templos.

Jesús —lo podemos apreciar al leer el evangelio, o cuando escuchemos o leamos el de este domingo— nos habla del templo desde una perspectiva diferente. Jesús habla del templo de su cuerpo, de si mismo como templo. Lo hace después de una acción profética al purificar el templo, una de las señales de la venida del Mesías, portador de una nueva manera de entender la relación con Dios.

Desde la fe cristiana, allí donde Dios se hace presente, donde lo podemos hallar personalmente, es en la persona de Jesús. Y es en Jesús como se nos manifiesta y se nos da.

Como consecuencia de esta nueva visión religiosa, los templos ya no son edificios sino, en primer lugar, son Jesús. Y también nosotros somos templo de Dios: “¿No sabéis que sois un templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”, escribe san Pablo.

No es necesario buscar a Dios fuera. Él se manifiesta y se da en Jesucristo y en su comunidad, en nosotros. Porque la comunidad tiene como centro la persona de Jesús.

Con frecuencia oímos: “Dios, si, y también Jesús, pero la Iglesia no”. La relación, nuestro encuentro y el de la gente con el Jesús viviente se hace por medio de la comunidad cristiana, la Iglesia. No tenemos otro medio. Nos basta con  recordar nuestra propia experiencia.

Debemos responder a la objeción que acentúa las deficiencias de la Iglesia y no tiene en cuenta su santidad. La Iglesia es santa, es de Jesús, porque el don del Espíritu lo hace presente y actuante en la propia comunidad y, por medio de ésta, en el mundo. No nos equivocamos al decir que la Iglesia es santa, aunque no nos comportemos siempre coherente y éticamente bien.

Es decir, no solo es posible una comunidad cristiana limitada y con defectos, sino que es la única que existe y de la cual formamos parte. Pero esta comunidad tiene el don del Espíritu, y lo ha de ofrecer. Esta comunidad tiende un puente entre Dios y el hombre, entre Dios y la humanidad. Eso si, siempre dispuesta a convertirse al Evangelio.

Esta convicción ha de ser fuente de alegría, de paz y serenidad para todos los que somos hijos de la Iglesia.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.