El misterio de la luna

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris     Vivimos las más de las veces con mirada autorreferencial y por eso buscamos tanto el reconocimiento y la alabanza. Es frecuente la expresión «sentirme bien conmigo mismo». Pero si en el centro de nuestros intereses estamos nosotros, difícilmente hay lugar para los demás y para Dios. Nuestro peligro es ponernos de tal modo en primer plano, que casi puede decirse que vamos camino de convertirnos en pequeños dioses. Como decía el Papa Francisco en Brasil, en la Jornada Mundial de la Juventud (2013): «La gran tentación de la Iglesia es querer tener luz propia y dejar de ser ese ‘misterium lunae’ del que nos hablaban los Santos Padres. El misterio de la luna. Se vuelve así cada vez más autorreferencial y debilita su necesidad de ser misionera, facilitadora de la fe».

Está claro que si los bautizados perdemos la tensión de ser sólo reflejo de Cristo, y pensamos en brillar con luz propia, dejamos de tener conciencia de instrumentos y dejaremos de ser dóciles al querer de Dios. Hay que tener la mirada puesta en Dios para que todo lo que hacemos sea ante todo de Él. Vivir cristianamente nos reclama una donación generosa, pero el primado es siempre de Dios, que ha querido llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios (Evangelii Gaudium 12). Es esta convicción justamente la que nos permite conservar la alegría en medio de una tarea tan exigente y desafiante que abruma totalmente nuestra vida. Nos lo pide todo, pero al mismo tiempo nos lo ofrece todo.

Según el Papa Francisco, una comunidad evangelizadora experimenta que es el Señor quien ha tomado la iniciativa (1Jn 4,10); y, por ello, sabe avanzar sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos. Quiere brindar misericordia, porque ella misma ha experimentado la infinita misericordia de Dios y su fuerza difusora. Como consecuencia, sabe «involucrarse», como Jesús, y acompaña con obras y gestos la vida cotidiana de los demás, tocando en ellos la carne sufriente de Cristo, acorta distancias y asume la vida humana. Una comunidad evangelizadora acompaña a la gente en sus procesos. Sabe esperar y aguantar apostólicamente, tiene mucha paciencia y evita forzar límites. Fiel al don del Señor, también sabe «fructificar»: siempre está atenta a los frutos, porque el Señor la quiere fecunda. Cuida el trigo y no pierde la paz por la cizaña. Encuentra la manera de que la Palabra se encarne en una situación concreta y dé frutos de vida nueva, aunque en apariencia sean imperfectos o inacabados. El discípulo sabe dar la vida y jugársela hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño es que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora. Una comunidad evangelizadora sabe «cortejar»: celebra y festeja cada pequeña victoria, cada paso adelante. Y la evangelización gozosa deviene belleza en la liturgia y fuente de un renovado impulso oblativo en medio de la exigencia diaria de propagar el bien (EVG 24).

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+ Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.