Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     No estará mal advertir que la Catedral de la Iglesia de Roma no es la Basílica de San Pedro, sino la Basílica de San Juan de Letrán. Hoy, en la solemnidad de su dedicación como tal, quiero invitar a todos a contemplar una vez más el misterio de la Iglesia Católica, de la que la Iglesia que peregrina en Roma es la cabeza visible presidida por el papa Francisco.

Además, el domingo 19 de octubre pasado, el papa Francisco beatificó a Pablo VI, el Papa que, sucediendo a san Juan XXIII, fue elegido el 21 de junio de 1963, decidió continuar con el Concilio Vaticano II hasta su clausura en 1965. Finalizado este, hasta su muerte el 6 de agosto de 1978, llevó adelante la puesta en marcha de las reformas conciliares.

Hay un tercer acontecimiento que nos invita también a vivir inmersos en el misterio de la Iglesia: la celebración de la Tercera Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, institución eclesial que puso en marcha el ya beato Pablo VI al terminar el Concilio para establecer este camino sinodal, este estilo de trabajar juntos el Papa y los obispos. Así lo estableció: «después de haber observado atentamente los signos de los tiempos, nos esforzamos por adaptar los métodos de apostolado a las múltiples necesidades de nuestro tiempo y a las nuevas condiciones de la sociedad». Al finalizar este Sínodo, nos dijeron los obispos: «Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes, y, en particular, a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiración y gratitud por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor».

Vivamos, pues, con la alegría del Evangelio esta nueva forma de vida que es la Iglesia. Llevamos en la fragilidad de nuestras miserias, como en vasija de barro, la grandeza de la gracia de Dios que nos hace hermanos, miembros del cuerpo de Cristo. Rotas las esclavitudes del egoísmo, encerrados, como estábamos, en los estrechos límites del individualismo, hemos sido liberados y en la Iglesia se nos ha enseñado a amar a todos, a participar en la construcción de la comunidad eclesial al servicio de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo y de todos los tiempos.

Qué lección nos está dando el Papa, de confianza y de responsabilidad para llevar adelante esta renovación de la sociedad de nuestro tiempo. Todos estamos llamados a vivir esta novedad de vida que es la Iglesia. Lo mismo cuando participamos en alguna de las tareas de la Catequesis, la celebración litúrgica o en el ejercicio de la caridad, como cuando imprimimos este carácter participativo a la vida social en que estamos insertos: familia, barrio, pueblo, sindicato, partido etc.. Así nos habló en la homilía de la misa de beatificación del Papa del Concilio: «Lo hemos visto en estos días durante el Sínodo extraordinario de los Obispos —“sínodo” quiere decir “caminar juntos”—. Y, de hecho, pastores y laicos de todas las partes del mundo han traído aquí a Roma la voz de sus Iglesias particulares para ayudar a las familias de hoy a seguir el camino del Evangelio, con la mirada fija en Jesús. Ha sido una gran experiencia, en la que hemos vivido la sinodalidad y la colegialidad, y hemos sentido la fuerza del Espíritu Santo que guía y renueva sin cesar a la Iglesia, llamada, con premura, a hacerse cargo de las heridas abiertas y a devolver la esperanza a tantas personas que la han perdido».

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.