Como Santa María hagamos la cultura del encuentro

OsoroSierraCarlos2Vamos a celebrar este próximo fin de semana la fiesta de la Virgen de la Almudena. Como siempre el Señor nos sorprende y nos regala este encuentro con su Madre, la Santísima Virgen María, con esta advocación entrañable para todos los madrileños, Santa María la Real de la Almudena. Este encuentro con la Virgen María tiene mucha importancia, pues ella nos enseña y nos regala el rostro de Dios y nos dice que hay que dar espacio al Señor en nuestras vidas, que debemos dejar tiempo en la jornada de la vida diaria para que Él actúe en nosotros y a través de nosotros, nos enseña a verificar que no puedo estar ocupado en hacer yo las cosas y no acordarme de dejarlo entrar a Él, “porque para Dios nada hay imposible”.

En estos días he tenido muchos encuentros personales y con grupos. Me he dado cuenta de que lo más importante es hacer presente a Cristo, tener la “mirada de Cristo”, hacer la cultura del encuentro. Él nos hace encontrarnos. El ser humano que mejor realizó esa presencia, mirada y cultura fue la Santísima Virgen María. Por eso, en estos encuentros quise ver cómo detrás de cada una de las personas con las que me encontré había una llamada, una elección, una vocación: sacerdotes, consagrados, laicos de edades muy diferentes y con compromisos muy distintos. Necesitamos acoger a la Virgen María para poder aprender a hacer presencia, mirada y encontrarnos con todos los hombres que van por los caminos de este mundo, pues no se trata de pasar por los caminos sin más: hemos de pasar realizando encuentros, pero a la manera que nos enseña el Señor y que su Santísima Madre vivió con singular intensidad. La cantidad y la calidad de los problemas con los que nos encontramos diariamente nos llevan a la acción; aportamos soluciones, ideas, caminos, construcciones para todos, en las diversas edades en las que los encontramos: niños, jóvenes, adultos, ancianos. Pero, ¿provocamos el encuentro con Jesucristo? María lo hizo, y la encargó el Señor que nos lo enseñara: “haced lo que Él os diga”.

Seamos valientes, audaces e inteligentes, en una cultura que genera desencuentros, que pregona unos principios y valores que provocan angustias, pesimismos y “hombres vagabundos”, ya que no saben para dónde ir, o igual les da estar en una parte que en otra. ¡Qué fuerza tiene encontrarnos con quien es el origen de la cultura del encuentro, Jesucristo, y que tiene una vasija en la que por vez primera se muestra y nos manifiesta cómo se construye esa cultura en la que nadie sobra, y todos somos necesarios! Me refiero a la Virgen María. Ella es la vasija elegida para hacerse presente, quien engendra el encuentro entre los hombres con las medidas que Dios da a todo ser humano. ¡Qué bien nos lo dice el Apóstol Pablo!: “tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo, hecho hombre semejante a los hombres” (Fl 2, 5-7a).

Os invito a tener el atrevimiento y la osadía de decir a todos los hombres lo que tan maravillosamente una mujer excepcional y única, como es la Virgen María, dijo. Ante la llamada, Ella respondió con prontitud: “hágase en mí según tu palabra”. Prestó su vida enteramente a Dios diciendo un “sí” absoluto para provocar la cultura del encuentro. Esa cultura que se inicia en su vida, y que comienza en el momento en que dice a Dios “hágase en mí según tu palabra”. Complicarse la vida para que los hombres nos enterásemos de una vez para siempre que somos hijos de Dios y, por ello, hermanos entre nosotros, que nadie puede prescindir de nadie. Todos estamos llamados a no olvidar esta pregunta: ¿dónde está tu hermano? Esto, en su vida, ya desde aquél “sí” incondicional, tiene unas manifestaciones pública, primero en casa de su prima Isabel, más tarde en Belén, posteriormente en la vida de Nazaret, y en toda la vida pública de Jesús, a quien acompañó siempre su Madre. ¡Qué bien viene contemplar y hacernos conscientes de que nuestra vida es una iniciativa de amor, que es la que está en el origen de todo lo que somos! Reconocer que todos somos don y gracia y que estamos llamados a estar con Él, como Él y en Él, es toda una revolución, como lo es “complicarse la vida por los demás”.

Os invito a vivir desde tres dimensiones, como lo hizo la Santísima Virgen María, para construir la “cultura del encuentro: 1) ser discípulos enamorados; 2) viviendo con ardor misionero y 3) siendo constantes en el andar por todos los caminos:

1. Ser discípulos enamorados: como Santa María seguimos al Señor, dejamos que entre en nuestra vida, vivimos de su Palabra. Pasamos tiempos largos de encuentro con el Señor, le miramos y nos dejamos mirar por Él, lo escuchamos y nos escucha. Nuestra vida está centrada cuando no escuchamos cualquier palabra, sino cuando escuchamos la Palabra de Dios y cuando nos encontramos con Él en la Eucaristía y descubrimos que la Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada.

2. Viviendo con ardor misionero: como Santa María, que después de decir “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”, se “puso en camino de prisa hacia la montaña”. Sale al encuentro de todos los hombres, sale con ardor misionero: provoca que un niño en el vientre de su madre sienta la presencia de Dios, que hace que “salte de gozo”. Provoca ardor en los demás que reconocen a Dios, como Isabel: “Bienaventurada la que ha creído, porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá”.

3. Siendo constantes en andar por los caminos: como Santa María, también en la Cruz. Ella nos acompaña en todos los caminos, para darnos y contagiarnos su amor al Hijo, su ardor misionero, su constancia en salir a todos los caminos.

Con gran afecto, os bendice:

+Carlos Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.