Un mensaje alentador

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez      Así se puede calificar el Mensaje final de la III Asamblea General del Sínodo de los Obispos, celebrado en Roma en el mes de octubre. Reunidos los padres sinodales junto al Papa Francisco nos han enviado mensaje que es de agradecer. Es, en primer lugar, una admiración y gratitud a todas las familias del mundo, sobre todo a aquellas que siguen a Cristo, por el testimonio que ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor. A mí me parece esto muy importante y significativo, porque se pidió, para preparar esta asamblea sinodal, respuestas al cuestionario enviado a todas las Iglesias del mundo, que permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares, la inmensa mayor –no se nos olvide- felices, normales, positivas que muestran la bondad del matrimonio y la familia.

Los padres sinodales indican cómo en los hogares de hoy se siguen viviendo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. Está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. Se asiste a no pocas crisis matrimoniales. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonio, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para el matrimonio católico. Es cierto. Como son ciertos los cansancios, el sufrimiento por los hijos, sobre todo si están enfermos, o en el deterioro de la vejez. Pero, ¡cuánta admirable fidelidad de tantas familias cristianas que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, descubriendo a Cristo en esas situaciones, y perdonando como Él, al levantarse cada día o al finalizar la jornada!

Fijaos en la dificultades económicas “causadas por sistemas perversos, originados en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” (La alegría del Evangelio, 55)), que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes ante las necesidades aun primarias de su familia, o en los esposos que, abiertos a la vida, apenas reciben ayuda cuando tienen más hijos “de lo normal”. Pensamos en las familias que migran sin esperanza, en las que son perseguidas por su fe o sus valores espirituales; también en las mujeres que sufren violencia, trata de personas, en los niños y en los jóvenes víctimas dela violencia.

Los padres sinodales piden a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común. A mí me gustaría pedir a nuestro Gobierno que retirara la actual ley del aborto, que sigue ahí, al no presentar otra, con ese rasgo único en la legislación mundial: derecho al aborto. Claro que estamos dispuestos a atender y a acompañar a las heridas interiores y sociales que sufren los matrimonios y las familias en nuestra sociedad, pero apuntando a donde están los verdaderos problemas de esa institución familiar básica para la humanidad.

Por eso, yo también animo a ver la luz que viene de los hogares en ciudades y en pueblos; y a valorar el compromiso nupcial de los cónyuges, que es un don y una gracia, una “ayuda adecuada” para hombre y mujer. Animo a una buena preparación al matrimonio, porque es vital para la felicidad humana; animo al perdón y acogerse constantemente, porque el divorcio soluciona pocas cosas. Animo a seguir orando, reflexionando con la llamada “Relatio Synodi”, la relación de lo hablado, dialogado y discutido en este Sínodo, porque no hemos acabado el camino a recorrer juntos. Así lo dicen los padres sinodales: “Pedimos que caminéis con nosotros hacia el próximo Sínodo”, a celebrar en octubre 2015. Tenemos tiempo..

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
Acerca de Mons. Braulio Rodríguez 314 Articles
Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.