Santidad y conciencia moral

garcia_burilloMons. Jesús García Burillo      Queridos diocesanos:

Cuando poco a poco vamos dejando atrás el otoño para dar paso al invierno, la Iglesia nos invita a celebrar la fiesta de todos los Santos y traer a la memoria con nuestra oración a los fieles difuntos. En torno a estos días tradicionalmente visitamos en el cementerio a nuestros seres queridos que descansan en la paz de Dios.

Pensando en cada uno de vosotros quiero mostraros mi cercanía con dos palabras: alegría y esperanza.

Verdaderamente esta festividad de todos los Santos, que la Iglesia celebra desde el siglo VIII, nos invita a la alegría trayendo a nuestro recuerdo a tantos hombres y mujeres que gozan de la gloria de la inmortalidad, y desde el Cielo interceden por nosotros ante de Dios. Estos santos no son solamente aquellos de quienes la Iglesia proclama su santidad, sino todos aquellos de los que habla el libro del Apocalipsis: una muchedumbre que procede de todos los pueblos y razas del mundo y que durante su vida terrena vivieron acordes con las Bienaventuranzas, y ahora conforman la Iglesia del cielo.

Al venerarlos en la fiesta de todos los Santos, glorificamos a Dios por sus vidas a la vez que lo proclamamos tres veces “Santo”, como hacemos cada día en la Eucaristía: ¡Santo, Santo, Santo es el Señor!

En este día, el Señor nos invita a la alegría porque muchas personas que fueron como nosotros, peregrinos del pueblo de Dios, han sido por Él glorificados y gozan de su presencia, al tiempo que nos ayudan, con su intercesión, a hacer firme nuestra fe y nuestro amor que proclama sin cesar: “creo en la comunión de los santos”. Mantengamos también nosotros la alegría de ser amigos de Dios en su Iglesia peregrina.

¿Cómo llegar a ser santos? Es el mismo Jesús en el evangelio quien nos marca el camino de la santidad: “Dichosos los pobres, los que lloran, bienaventurados los sufridos, los que tienen hambre, dichosos los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por defender la justicia, dichosos cuando os persigan e insulten por mi causa, vuestra recompensa será grande en el cielo”.

No tenemos dificultad para entender el lenguaje de Jesús y comprender que es en esta escuela donde aprendieron los santos a ser honestos trabajadores, padres bondadosos, hijos respetuosos, hermanos de todos. En la escuela de Jesús comprendieron que no se debían dejar sobornar por el afán del dinero, del poder; sabían que no era lícito abusar de los pobres, enriquecerse sin límite, mostrar indiferencia a los que erraban de país en país buscando un mundo mejor. Su fe y su amor a Dios les hicieron artesanos de la justicia y de la paz. Estos hermanos nuestros, hombres y mujeres, muchos de ellos contemporáneos, hicieron de forma extraordinaria el deber ordinario que conduce hasta Dios por el camino del bien. Sin embargo vivimos tiempos tenebrosos de corrupción. A la luz de la santidad de tantos fieles vivos y difuntos, somos llamados a reflexionar este día, cada uno, sobre el pecado social que en la actualidad nos abruma. Ellos nos invitan a entender que la corrupción no tiene salida sin una conciencia moral personal que nos conduzca a un modo de vivir recto, justo y solidario. Sin conciencia moral no hay justicia ni paz social. Aprendamos a caminar por la senda de la honradez y santidad.

Pero también hoy os invito a la esperanza. El día dos de noviembre honramos con piedad el recuerdo de nuestros difuntos. Una numerosa familia de seres queridos por los que tenemos la piadosa costumbre de orar. Sabemos por la fe que nuestra oración no solamente puede ayudarles, sino además hacer eficaz su intercesión en nuestro favor. A esto que sentimos en nuestro corazón llamamos esperanza. Una esperanza que consuela nuestro dolor y nos ayuda a aguardar nuestra unión definitiva con ellos. Una esperanza en la regeneración personal y social que alumbre una sociedad limpia y solidaria.

En nuestra oración, Jesús es el lazo de unión con nuestros hermanos santos y difuntos. Junto a Él nuestro amor, la presencia y la comunión continúan; nuestras vidas siguen unidas sobre todo en la celebración del memorial de la pascua con la comunión de su Cuerpo y de su Sangre.

La esperanza que cobija nuestro corazón nos habla de la presencia de Dios en la historia de cada hombre, en la Iglesia peregrina, y de su señorío sobre el mundo creado. La alegría y la esperanza nos vienen de Dios y a Dios nos conducen. Feliz fiesta de todos los Santos!

Con mi bendición,

+ Jesús García Burillo

Obispo de Ávila

 

Mons. Jesús García Burillo
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Nació en Alfamén, Provincia y Archidiócesis de Zaragoza, el 28 de mayo de 1942. Tras finalizar la carrera de Profesor de E.G.B., inició los estudios eclesiásticos en Valladolid, ciudad a la que se trasladó desde muy joven, terminándolos en la Universidad de Comillas de Madrid. Fue ordenado sacerdote en Valladolid, el 25 de julio de 1971. En la misma Universidad de Comillas obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología y en 1977 el Doctorado en Teología Bíblica. Ha desempeñado el cargo de Vicario Episcopal en la Diócesis de Madrid, de la Vicaría III (1985-1996) y de la Vicaría VIII (1996-1998). Fue preconizado Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante el 19 de junio de 1998. Recibió la Ordenación Episcopal en Alicante el 19 de septiembre del mismo año. Preconizado Obispo de Ávila el 9 de enero de 2003, tomó posesión de la diócesis el pasado 23 de febrero de 2003, domingo. CARGOS DESEMPEÑADOS: Capellán de la Residencia Universitaria Torrecilla (Valladolid, 1971-75); Coadjutor de la parroquia de San Andrés de Villaverde (Madrid, 1977-79); Dir. de la Residencia Divino Maestro (Valladolid, 1964-66); Dir. de la Revista "Ekumene" (1966-71); Coordinador del Movimiento "Ekumene" en Andalucía (1966-71); Secretario General de la Vicaria III (Madrid, 1979-85); Vicario Episcopal de la Vicaría III (Madrid (1985-96); Vicario Episcopal de la Vicaría VIII (Madrid (1996-98). Obispo Auxiliar de Orihuela-Alicante (1998-2002) CARGOS EN LA CONFERENCIA EPISCOPAL: Miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1999-) y Relaciones Interconfesionales (1999-). ACTIVIDADES: Profesor de E.G.B. (1962-64); Prof. titular en Estudio Agustiniano (Valladolid, 1972-74); Colaborador del C.S.I.C. (1974- 76); Profesor del Instituto Internacional de Teología a Distancia (Madrid, 1977-98); Profesor de Radio ECCA (1977-98). PUBLICACIONES: Destacan entre todas ellas: Catequesis de primera comunión, en colaboración (Madrid: Studio 1968); su Tesis doctoral El ciento por uno. Historia de las interpretaciones y exégesis, (Madrid: C.S.I.C. 1977). Ha colaborado en el Departamento de Producción del Instituto Internacional de Teología a Distancia (1977-1998).