Instituto Secular de Schoenstatt: "Vivir con espíritu extraordinario lo ordinario de la vida"

Sevilla Manuel RoldánEl Instituto Secular de Schoenstatt es un movimiento de renovación espiritual y eclesial (cuyos responsables han sido recibidos recientemente por el papa Francisco) con presencia en la Archidiócesis de Sevilla. El sacerdote Manuel Roldán es responsable en Sevilla de uno de los Institutos Seculares de Shoenstatt. Además, es profesor en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas ‘San Isidoro y San Leandro’ y párroco de Santiago el Mayor en Alcalá de Guadaira. En esta entrevista revela algunas facetas del carisma de este movimiento de reciente implantación en la Archidiócesis.

Don Manuel, ¿qué es Schoenstatt?

Es un movimiento internacional que responde a los carismas que el Espíritu Santo regala a su Iglesia en este último siglo. El nombre, que es un poco peculiar y en alemán significa ‘lugar hermoso’, es donde tiene el origen el movimiento. Schoenstatt  procura una renovación eclesial que repercuta también en el orden social, es decir, una renovación de las personas para que también se puedan renovar y cambiar las estructuras según el espíritu del evangelio.

-¿En qué consiste su espiritualidad?

La espiritualidad de Schoenstatt parte de un principio para nosotros práctico, y es la Alianza de Amor con la Madre tres veces Admirable,  la titular de un pequeño Santuario donde apenas caben 20 personas. Sus miembros  hacen una alianza de amor con María. Ofrecen vivir con espíritu extraordinario lo ordinario de la vida, cada uno según su estado de vida, en su profesión, en su circunstancias. Tiene un valor importante porque es un compromiso ético, pero también un compromiso de crecimiento espiritual. Y en esta Alianza el otro componente es María que nos regala las gracias del Santuario. También vivimos la fe práctica y diaria en la divina providencia. Dios es el Dios de mi historia y es también el Dios de la Historia; es un Padre amoroso, un Dios cercano que quiere establecer relaciones personales concretas con cada uno de nosotros.

El Santuario es el eje de donde parte todo ¿qué representa para ustedes?

El santuario es para nosotros el taller donde María nos educa, nuestra Educadora en la fe, porque Schoenstatt es un movimiento pedagógico. Todo lo recibimos de Dios, pero nosotros también debemos hacer fecundo sus dones; en esta alianza interviene María, es la presencia  de Jesús a través de ella, y también está el componente humano que tiene que cooperar y concurrir en su auto educación. Cuando vamos al santuario vemos una tinaja de barro donde escribimos e introducimos los compromisos y aportaciones dejándolo como un depósito. Es algo muy pedagógico porque ayuda  a la persona a formular concretamente qué entrega ella a María para que «desde el Santuario fluya y penetre el alma de quienes a Schoenstatt han dado su corazón». Por otro lado María nos regala fundamentalmente las tras gracias del Santuario: en primer lugar la gracia del cobijamiento, el sentirse arraigados en Dios, cobijados y protegidos por El. La segunda gracia que regala María es la transformación en Cristo, la transformación interior. Ella invoca al Espíritu Santo, que es el que verdaderamente puede formar en nuestro interior otro Cristo.  Y la tercera gracia es la fecundidad o el envío apostólico.

¿A quiénes está dirigido?

A todo el mundo, porque la estructura de Schoenstatt se basa en la libertad de elección. Lo importante es la persona, cuál es su historia, dónde se sitúa. Tenemos desde el Movimiento Popular y de Peregrinos, que son las personas que van por el santuario – rezan, asisten a la Eucarística, participan en retiros espirituales, sin más compromisos-, hasta personas que hacen su Alianza de Amor. Todos son llamados y a todos se les respeta su vocación y su carisma personal.  Creemos que un sacerdote no tiene un estado de perfección mayor que el de una mujer casada, lo importante es la vocación a la que esa persona está llamada, cuales son las voces de su alma, cual es su  propia historia. A partir de ahí esa persona, en su proceso pedagógico, elabora su ideal personal.

¿En Sevilla hay participantes del Movimiento?

Sí, hay sacerdotes que han hecho su Alianza de Amor y tenemos en varias parroquias el Movimiento Popular y de Peregrinos, sobre todo a través del apostolado de la Virgen Peregrina. Estos grupos se han interesado por la pedagogía del movimiento y han hecho la Alianza de Amor  tratando de vivir su espiritualidad. En Sevilla capital tenemos en la parroquia Ntra. Señora de la O y en la parroquia del Corpus Christi; también en Villanueva del Rio Minas, en Guillena, etc.

100 años de camino…

El 18 de octubre de 1914 el  padre José Kentenich, un joven sacerdote que aún no tenía 30 años, es nombrado director espiritual del seminario y allí hace con estos jóvenes la primera Alianza de Amor. Se empieza a extender durante la primera guerra mundial.  En el campo de concentración de Dachau el ejemplo del P. Kentenich y sus colaboradores, donde fueron hechos prisioneros,  interpeló a los sacerdotes que estaban allí. Y de ese campo de terror y muerte surge la vida. En ese campo se van a fundar el Instituto Secular de los hombres que no son sacerdotes y el Instituto Secular de las familias, todo esto en secreto. Los sacerdotes que conocieron el movimiento, a la hora de ser liberados, lo llevaron a sus respectivos países como fue el caso de Polonia y Checoslovaquia.

Y cuentan ya con ‘alianzas’ en los altares

Estamos en el primer  centenario y, cuando miramos atrás, vemos cómo María ha sido fiel a su Alianza de Amor con nosotros. Hay siete causas de beatificación introducidas entre los miembros de Schoenstatt, uno es ya beato, patrono de la juventud europea. Es un momento de dar gracias y de mirar hacia delante y sentirnos comprometidos con la nueva evangelización a la que somos enviados.

Finalmente, coméntenos el lema: ‘La vida se enciende en la vida’

En Schoenstatt lo primero no son las ideas sino la vida, no son las estructuras sino las personas, no son  los organismos sino las corrientes de vida. Por eso la vida se enciende en la vida, es decir, no hay que poner en las personas una estructura previamente sino descubrir su vida y dónde está Dios en ella. El hombre de hoy tiene necesidad de que se valore su vida, de que se valore su personalidad e identidad, no tanto que se le marquen rutas sino que se le respete por lo que él es y en lo que sueña.

(Loli Ramírez – Iglesia de Sevilla)

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