No nos dejemos robar la esperanza

Mons_Francesc_Pardo_ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas       Durante este fin de semana, y especialmente el domingo, recordaremos a todos los difuntos, dado que este año el 2 de noviembre coincide en domingo.

He titulado esta reflexión, “No nos dejemos robar la esperanza”, que es una expresión del papa Francisco en la exhortación “La alegría del Evangelio”, para que todos juntos pensemos en la celebración de la despedida de nuestros difuntos y —por qué no— en la nuestra.

“Es cierto que en algunos lugares se ha producido una “desertificación” espiritual, fruto del proyecto de sociedades que quieren construirse sin Dios o que destruyen sus raíces cristianas. Allí, “el mundo cristiano se está haciendo estéril, y se agota como una tierra sobreexplotada, que se convierte en arena”. También la propia familia o el propio lugar de trabajo puede ser este ambiente árido  donde hay que conservar la fe y tratar de irradiarla. Pero “precisamente a partir de la experiencia de este desierto, de este vacío, es como podemos descubrir nuevamente la alegría de creer, su importancia vital para nosotros, hombres y mujeres. En el desierto se vuelve a descubrir el valor de aquello que es esencial para vivir; así, en el mundo contemporáneo, son muchos los signos de la sed de Dios, del sentido último de la vida, a menudo manifestados de forma implícita o negativa. Y en el desierto se necesitan sobre todo personas de fe que, con su propia vida, indiquen el camino hacia la Tierra prometida manteniendo viva la esperanza”. En todo caso, allí estamos llamados a ser personas/cántaros para dar de beber a los demás. A veces el cántaro se convierte en una pesada cruz, pero fue precisamente en la cruz donde, traspasado, el Señor se nos entregó como fuente de agua viva. ¡No nos dejemos robar la esperanza”! (n. 86). ¿Qué queremos ofrecer: una despedida con esperanza o sin ella? Está claro que cuando las esperanzas humanas terminan es necesario confiar en la esperanza que Dios nos ofrece. Es, ciertamente, una decisión importante par los creyentes, pero al mismo tiempo para quienes dudan, para quienes no tienen una vinculación estrecha con la Iglesia e, incluso, para quienes se consideran no creyentes.

Nos disponemos a vivir los veinte años del Concilio Provincial Tarraconense —popularmente, “de Cataluña”— que nos recordaba: “Las exequias cristianas son un momento importante de profesión de fe en la resurrección y una oportunidad para testimoniar el futuro y la esperanza que la Iglesia anuncia en nombre de Dios. Los pastores de la Iglesia tienen especialmente en las exequias la misión de ser educadores de la fe y ministros del consuelo. El Concilio urge que se garantice en cualquier caso la celebración de las exequias en un clima de acogida fraterna y de esperanza cristiana, de respeto al dolor y de anuncio de la Pascua de Cristo” (Resolución n. 73). Al mismo tiempo, se menciona el carácter profundamente religioso y humano de las exequias como despedida de los difuntos.

Al pensar en la celebración del entierro no hemos de hacerlo únicamente pensando en nuestras convicciones actuales, sino especialmente en las convicciones, creencias y deseos de quien ha muerto. También debemos tener presente cual es el recuerdo y el mejor agradecimiento que le podemos ofrecer como expresión de nuestra estimación.

Al escoger las celebraciones manifestamos cual es la comprensión hacia la persona, hacia su vida, y señalamos un “futuro” o “la nada”. No es irrelevante esta decisión. Alguien pensará que debemos tener fe y esperanza, y es cierto; pero al mismo tiempo debemos pensar que todos tenemos en nuestro ser la señal de Dios, que estamos hechos a su imagen y semejanza. Esta señal es el deseo de vida en plenitud y para siempre. Puede que ahora nos cueste de creer. Pero no es menos cierto que la dificultad no ha de ser negación, y menos aún  para quienes han dado tanto —o todo— por nosotros.

¡No olvidemos que el mejor recuerdo y agradecimiento es la plegaria!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 439 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.