La familia en un Sínodo

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez       El domingo 19 de octubre terminaron los trabajos del Sínodo de Obispos dedicado a la Familia. Ha sido una asamblea extraordinaria y con vistas al Sínodo ordinario que tendrá lugar en octubre de 2015 y dedicado al mismo tema: la familia. Entendemos perfectamente la importancia de este trabajo del Sínodo de Obispos. Éste no es un Concilio ecuménico, al que el Papa puede convocar a todos los obispos y que acontece en pocas ocasiones. El último, como ustedes saben, fue el Concilio Vaticano II (1962-1965). Un Sínodo de Obispos en asamblea ordinaria o extraordinaria reúne a menos obispos de todo el mundo y sobre un tema concreto.

Pienso que el deseo del Papa Francisco es claro: la familia, institución natural fundamental para la sociedad, necesita una atención muy pormenorizada. Por muchas razones. Una de ellas es que en la familia están en juego cuestiones vitales para esposos e hijos en educación, transmisión de la fe, aprendizaje a vivir en una sociedad en relación con otras personas, y luego estabilidad de los cónyuges a la hora de la construcción del hogar, etc. Hay también una lucha sorda en contra de la familia cristiana, que yo me niego a aceptar que se la llame “familia tradicional”, no porque tenga nada en contra del adjetivo “tradicional”, sino porque llamar así a la familia cristiana normal, con sus fallos, con sus luchas, es una vieja táctica marxista que busca un objetivo claro: atacar el modelo de familia, basada en la realidad de las cosas y en la visión que la Revelación de Dios en la Tradición eclesial tiene del matrimonio que para los bautizados es sacramento.

Esto lo sabe bien el Papa Francisco. Ya sé que él desea también que, como comunidad eclesial, nos preocupemos de familias en dificultades y entremos en contacto con la realidad de cada día y las consecuencias de divorcios y separaciones, situación de los hijos en estas circunstancias; también de cómo entrar en contacto con personas del mismo sexo unidas afectivamente, que la ley española dice que son matrimonios. Es decir, que nos preocupen estos hermanos, como en realidad ya estamos haciendo en tantas ocasiones en los trabajos y acciones de la Delegación de Familia y vida y en tantos y tantos acercamientos desconocidos por el gran público. Otra cosa es el tratamiento que el tema “familia y Sínodo” es descrito por los medios, utilizando tantas veces la fantasía e intentando enfrentar a los miembros de la Iglesia entre “progresistas” y “conservadores”, a la hora de posibles soluciones de los conflictos y situaciones de determinadas parejas. Y tenemos que ser perspicaces en todo este asunto.

Mi consejo es que vayamos a lo esencial, lo fundamental: podemos decir algo sobre el amor esponsal de Jesús con la Iglesia y con toda la humanidad. Es un amor fiel, es perseverante y es fecundo. “La fidelidad –afirma el Papa Francisco- es precisamente el ser del amor de Jesús. Y el amor de Jesús a su Iglesia es fiel”. Es necesaria, pues la perseverancia en el amor, en los buenos momentos y en los mementos difíciles, cuando hay problemas con los hijos, cuando hay problema económicos. También en estas circunstancias “el amor persevera, sigue adelante, tratando de resolver las cosas para salvar la familia”.Ese rasgo de fidelidad de la familia y, sobre todo, de la familia cristiana, es lo que podemos ofrecer a una sociedad que rompe los pactos de todo tipo: políticos, sociales, de amistad; también piensa que puede romper los pactos nupciales “cuando falta el amor”. Pero al hacerlo, no faltan las consecuencias nefastas, en la mayoría de los casos.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.