La prudencia bien entendida

Mons. Jaume PujolMons. Jaume Pujol       Dentro de la consideración que vengo haciendo de «las siete lámparas», como denominó Juan Pablo I a las virtudes teologales y cardinales, hoy deseo hablar de la prudencia, comenzando por decir lo que no es, para evitar malas interpretaciones. No es cautela, no es mirar las cosas desde la barrera, no es temor. Tampoco es indecisión, como la de la fábula del Asno de Buridán, aquel jumento que por no decidir si era mejor comer primero avena o beber agua, al final murió de hambre y sed.

Vayamos a lo que es: la prudencia nos lleva a saber qué hacer, a evitar los peligros, sortear los obstáculos, valorar las consecuencias de nuestros actos y tomar decisiones ajustadas. Para ello, antes de tomar decisiones que puedan ser importantes, es necesario pararse a pensar y, si es el caso, pedir consejo para tener más elementos de juicio. Juan Pablo II decía que es prudente aquel que edifica su vida según los dictados de su conciencia recta. Alguien que actúa después de informarse y de reflexionar tiene muchas más posibilidades de acertar y, si se equivoca, sabrá más fácilmente reconocer luego su error.

En la vida de un cristiano, la prudencia exigirá a veces tomar riesgos, involucrarse en causas justas. El buen samaritano de la parábola evangélica, se «complicó la vida» porque actuó prudentemente: vio a un hombre mal herido al borde del camino, cargó con él, lo llevó a una posada y pagó su estancia para que fuera curado. Ser prudente no consiste pues en quedarse al margen de las responsabilidades con los más necesitados, pensando «ya lo hará otro».

¿Cómo acertar en lo que debemos hacer en cada momento? La Biblia nos trae el ejemplo de Salomón, que no pidió a Dios más reinos y riquezas, ni una vida más larga, sino la sabiduría, la capacidad de acertar en sus juicios. Y la vida de santo Tomás de Aquino nos muestra un episodio que recuerda a aquel patriarca. En la quietud de una iglesia de Nápoles, el santo sintió que un Cristo esculpido, ante el que estaba arrodillado, le decía: «Bien has escrito de mí. ¿Qué recompensa quieres?» Y Tomás, alzando la cabeza contestó: «Os quiero a Vos».

En el ámbito de la oración será cuando acertaremos mejor la voluntad de Dios para nosotros. Rezar es una manifestación de prudencia. Es en la plegaria donde hallaremos el sentido de nuestra vida y las acciones posibles en beneficio de quienes nos rodean.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

 

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.