Regnum Dei intra vos est

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     El reino de Dios está en medio de vosotros». Es como traduce la Biblia de la Conferencia Episcopal la expresión latina de san Jerónimo con la que he titulado esta carta. Todo el negro jaleo que arman las leyes que han dictaminado que el aborto es un derecho, me ha traído a la memoria la expresión de Jesucristo cuando, en el Evangelio de San Lucas, en su capítulo 17, los discípulos le preguntan: «¿Cuándo va a llegar el reino de Dios?». La respuesta de Jesús nos abre un horizonte que nos descoloca de unas posiciones que son de este mundo, pero que no terminan de cambiar el corazón de las personas, aunque se presenten como respetuosas y favorables al humanismo cristiano y a la Iglesia.

Nos queda a los católicos, y a toda persona de buena voluntad, que ama la vida, el largo camino de mostrar a todos la riqueza que llevamos dentro del corazón, porque Dios la ha puesto ahí «en medio de vosotros» (intra vos est), en la más íntima intimidad, como le gusta decir a san Agustín. Quien crea que las posiciones políticas de izquierdas o de derechas pueden resolver lo que pasa dentro del corazón, en el interior de la persona, de donde salen los buenos o malos propósitos, estará dando al ámbito político una capacidad que no tiene en si mismo.

Por eso, toda la historia de la oportunidad política de derogar o no la ley vigente que sanciona el aborto como una salida digna para quien toma o ayuda o empuja a tomar tal decisión —que de todo hay— no nos debe derrotar en nuestro compromiso de ofrecer y de convencer en todo lo que se refiere al valor supremo y definitivo de la vida, y que está, por lo mismo, en todas las dimensiones que afectan a la dignidad de toda persona. La vida, desde el primer instante de su existencia, ¡SÍ!, como después también será necesaria una alimentación, una educación, un trabajo, una vivienda, una sanidad, la posibilidad de tener una familia estable y para siempre, y todo lo encaminado a hacer esta vida humana viable y digna.

¿Acaso el ámbito político puede asegurar absolutamente todo eso que lleva consigo el existir de la persona? Un paso muy importante fue el reconocimiento de todo ello en forma de «Carta de los derechos humanos», tan tardíamente —para lo que es la historia— como llegó a firmarse por un buen número de países en 1948; pero del reconocimiento formal al libre ejercicio de tales derechos hay un trecho que no se puede recorrer sólo con medidas legales y ahí es donde debe surgir el derecho y el deber de votar o no a la opción política que más se acerque o que menos se aleje del ideal de vida y de la posibilidad de lograrlo en la coyuntura y circunstancia histórica concreta.

Es aceptable la frustración y aun el sentimiento de haber sido defraudados ante unas u otras promesas políticas que, a lo largo de los años, se han dado en buena parte del electorado, seguidores, de los partidos a lo largo de estos años de nuestro régimen democrático. Lo que no es aceptable para los hombres, varones y mujeres de fe, y para mucha gente de buena voluntad, es tirar la toalla al charco del desencanto político. Los valores y las demandas que nacen de la defensa de una vida humana digna desde la concepción a la sepultura, nos deben llevar a meternos de lleno en la refriega de las legítimas luchas político-sociales que puedan lograr las íntimas convicciones que nos da la fe en Jesucristo, puesto que eso es llevar adelante la colaboración de la Iglesia, en todos sus miembros, por que se den las mejores condiciones para nacer y vivir en este mundo global.

Es mucho lo que podemos hacer, ciertamente, pero será muy importante cuidar el motor que da revoluciones y dinamismo a la vida y que gratis se nos ha dado en Jesucristo, aunque esta grandeza esté depositada en humildes vasijas de barro.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.