La Beatificación del Papa Pablo VI

Mons. Julian LópezMons. Julio López       Queridos diocesanos:

Ayer domingo el papa Francisco ha declarado Beato al siervo de Dios Juan Bautista Montini que ocupó la sede de Roma con el nombre de Pablo VI desde el 21 de junio de 1963 hasta su fallecimiento el 6 de agosto de 1978. La beatificación significa la inscripción en el catálogo de los fieles cristianos que han vivido y alcanzado la santidad en grado eminente y, por tanto, merecen recibir culto de veneración y a los que se puede invocar públicamente.

Quizás no se sepan muchas cosas de este gran papa. Yo tuve la gracia de conocerlo en mis años de estudios en Roma. Asistí a muchas celebraciones presididas por él y siempre me impresionó la fuerza espiritual de sus palabras. La última vez que le vi fue en la basílica de san Juan de Letrán en la fiesta del Corpus Christi de 1978. Ya apenas podía caminar y se notaba el dolor que le causaba la artrosis que padecía. Es cierto que sufrió no poco también espiritualmente, pues era muy delicado en sus pronunciamientos y discursos, pero siempre fidelísimo a su conciencia de supremo pastor y después de meditar mucho lo que tenía que decir aunque no gustara a la opinión pública. Ejemplos notables para mí de esta actitud fueron la encíclica Humanae Vitae (1968) aun en contra de la opinión mayoritaria de la comisión que nombró para estudiar la cuestión de los anticonceptivos, la lucidez con que encauzó el Concilio Vaticano II y el vigor con que puso en marcha la renovación de la Iglesia y la reforma litúrgica. Le tacharon de tímido, melancólico y dubitativo, pero poseía una gran alegría interior, siendo el primer papa que escribió sobre la alegría cristiana (Gaudete in Domino, 1975). Su gesto más frecuente era extender las manos para abrazar a todos, tal y como lo han representado en el tapiz de la beatificación.

El magisterio del beato Pablo VI ofrece perlas singulares: sobre el diálogo de la Iglesia con el mundo (Ecclesiam suam, 1964), la eucaristía (Mysterium Fidei, 1965), el desarrollo de los pueblos (Populorum progressio, 1967), la Virgen María (Marialis Cultus, 1974), la evangelización (Evangelii Nuntiandi, 1975), etc. Otro mérito suyo fue el romper decididamente el aislamiento de los papas, actuando como verdadero obispo de Roma en visitas pastorales y celebraciones, y en aras de la universalidad de la Iglesia viajando a Tierra Santa, Bombay, Nueva York, Fátima, Estambul, Bogotá, Ginebra, Uganda, Manila, etc. Y algo que muy pocos saben o quieren reconocer: el cambio que se produjo en la Iglesia en España después del concilio Vaticano II y que fue uno de los puntales decisivos de la transición democrática debe mucho a Pablo VI, a sus gestos y discursos que entonces no fueron debidamente comprendidos y valorados. Uno de ellos fue el mensaje en la clausura del Congreso Eucarístico Nacional de León el 12 de julio de 1964.

El beato Pablo VI murió el 6 de agosto de 1978, fiesta de la transfiguración del Señor. Era un hombre de una fe extraordinaria, continuamente probada pero sostenida por la oración, transfigurada, como afirmó el hoy papa emérito Benedicto XVI, entonces cardenal arzobispo de Múnich, en la homilía del funeral que presidió en su catedral: “Se podía ver hasta qué punto el hombre, que por naturaleza era un intelectual, se entregaba cada día a Cristo, cómo se dejaba cambiar, transformar, purificar por él, y cómo ello le hacía cada día más libre, cada vez más profundo, cada vez más bueno, perspicaz y sencillo”.

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella