El bautismo, puerta de los sacramentos (I)

perez_gonzalezMons. Francisco Pérez      Al iniciar estas reflexiones sobre el sacramento del Bautismo, llama enseguida la atención cómo es calificado de primero, primordial, fundamental, “puerta de los sacramentos”. Éstos son los adjetivos que mejor definen qué grado ocupa en el orden de la gracia, en la necesidad y en el tiempo.

El Papa Francisco dedicó la primera audiencia general de este año (8.01.14) al sacramento del Bautismo del que dijo: “Es el sacramento sobre el que se fundamenta nuestra fe y nos hace miembros vivos de Cristo y de su Iglesia”. El Concilio Vaticano II afirma: “Los hombres entran en la Iglesia por el bautismo como por una puerta” (AG 7). El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que es “el pórtico de la vida en el espíritu  y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos” (n. 1213). Cuando el Código de Derecho Canónico trata sobre el Bautismo comienza con estas palabras: “El bautismo, puerta de los sacramentos, cuya recepción es necesaria para la salvación…” (CIC 849). El Ritual del Bautismo (n. 3) sobreabunda diciendo: “El Bautismo, puerta de la vida y del reino, es el primer sacramento de la nueva ley, que Cristo propuso a todos para que tuvieran la vida eterna”.

Todos estos grandes documentos usan la expresión “puerta” para referirse al Bautismo. Este símbolo nos aclara que así como la puerta da acceso a un lugar, de la misma manera el Bautismo da acceso a toda la vida cristiana. Es el primer paso indispensable para entrar a formar parte de la familia de los hijos de Dios, ser insertado en la vida de la gracia de Jesucristo y formar parte de la Iglesia. Sólo a través del Bautismo se es cristiano y se capacita para recibir los restantes sacramentos. Ciertamente el Bautismo nos abre las puertas del cielo.

¿Qué significa atravesar la puerta de un lugar? Cuando los judíos, peregrinos a Jerusalén veían las puertas de la ciudad y del templo se llenaban de alegría cantando: “Ya están pisando nuestros pies, tus umbrales, Jerusalén” (Salmo 121). Delante del templo exclaman: “Abridme las puertas del triunfo y entraré para dar gracias al Señor. Ésta es la puerta del Señor, los vencedores entrarán por ella” (Salmo 177, 19-20). Atravesarlos significaba entrar en la salvación, estar seguros, protegidos, ya que las puertas estaban custodiadas por el cuerpo de guardia. Las murallas eran defensa, fortaleza, alcázar, roca fuerte; los edificios refugio y cobijo; el encuentro con otros: paz, compañía y fraternidad. Era estar a la sombra del Señor Altísimo, libertador, salvador que daba seguridad y tranquilidad ante los peligros.

El simbolismo de la puerta está muy presente en el Antiguo Testamento y en el Evangelio. Los juicios, contratos y negocios se celebraban en las puertas de las ciudades. Estando en la puerta se podía ver, saludar, conversar, tener noticias, exponer filosofías, con los que entraban y salían. El salmista narra cómo se realizaban los juicios: “Hablan contra mí los que se sientan en las puertas” (Ruth 4,1 y S 69,13) y cómo se comentaba el aprecio social: “El marido de una mujer virtuosa es celebrado en las puertas de la ciudad” (Prov. 31, 23). Simbólicamente se habla de las puertas de la muerte y del infierno: “El Señor se apiadó de mí, contempló mi aflicción; me tomó y alzó de la puertas de la muerte, para que pudiera proclamar sus alabanzas y alegrarme por su victoria en las puertas de Sión” (Salmo 9, 15).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).