«Renace la alegría»

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella        Este es el hermoso slogan del Domund de este año 2014, que recoge las palabras del Papa Francisco al comienzo de su espléndida Exhortación Pastoral Evangelii gaudium, “con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”. Si la Buena Noticia del Evangelio es Jesucristo – causa y origen de todo bien, y en consecuencia de toda alegría -, la actividad misionera ha de consistir básicamente en ayudar a los hombres y mujeres de todo el mundo a vivir la alegría del encuentro con Dios o, lo que es lo mismo, la alegría de renacer a la vida de la fe.

A todos nos está llamando la atención el gesto risueño del Papa Francisco, la alegría que desborda su rostro, la dulzura de sus ojos. Y es cierto. Él es el primer misionero que lleva a los hombres de todo el planeta el mensaje de Jesucristo, que comparte con todos la experiencia de su encuentro con Cristo, y especialmente lo hace con los más pobres. Y partiendo de esa experiencia personal, nos dice cuál es el origen de esa alegría: “El amor con el que el Padre ama al Hijo llega hasta nosotros y, por obra del Espíritu Santo, nos envuelve”. Y nos pregunta a todos: “¿Por qué no entramos también nosotros en este río de alegría?”.

En la fotografía que enmarca el lema de este año, se puede contemplar la cara sonriente de cinco chicos y chicas jóvenes que son una invitación a vivir la alegría que brota del corazón. Se trata a todas luces de una alegría que nada en este mundo puede proporcionar, ni el dinero, ni el placer, ni el afán de comodidades, ni el mero deseo de pasarlo bien. Esa sonrisa es mucho más profunda. Sin hacer ningún esfuerzo notable, todos los que contemplamos esas caras y leemos el mensaje de que renace la alegría, evocamos la entrega, la generosidad, el darse del todo de nuestros misioneros, y hacemos el propósito decidido de ayudarles con nuestra oración, con nuestra colaboración voluntaria y con nuestro dinero, poco o mucho.

Al día de hoy, 267 misioneros riojanos están trabajando por el Reino en 40 países: es la fuerza contagiosa del amor lo que les ha llevado a ese dar la vida, su vida, y con una alegría siempre contagiosa. A la mayoría de ellos y de ellas, ya desde muy jovencitos, el saber que todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo les removía las entrañas, hasta el punto de tomar una decisión que los ojos del mundo no ven ni entienden. Solamente los hombres y mujeres de gran corazón son capaces de algo semejante.

El Papa Francisco en su mensaje de este Domund 2014 recuerda a los setenta discípulos que el Señor envió, de dos en dos, a preparar el encuentro de los hombres con Dios. Y cómo se llenaron de inmensa alegría, una alegría que no viene tanto del poder que han recibido cuanto de que “sus nombres están escritos en el cielo”. A ellos se les ha concedido la experiencia del amor de Dios y lo que es más llamativo, la posibilidad de compartirlo con otros. El Santo Padre hace referencia en concreto a unas palabras del Señor, que nos ha recogido Lucas: “Sí, Padre, porque así te ha parecido bien” y que interpreta como el júbilo interior que siente Jesús porque su Padre Dios ha decidido amar a los hombres con el mismo amor que Él tiene por su Hijo. Y también hace una referencia a María que expresó un júbilo similar en el Magnificat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor; se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador” .

Os invito a todos a vivir la alegría del Evangelio: en el trabajo, en la familia, en los momentos buenos y en los momentos no tan buenos. Pensad a menudo en los misioneros y acompañadlos con vuestra oración generosa y con vuestra aportación económica, asimismo generosa.

Y les damos las gracias por esa presencia generosa con los más pobres de la tierra. ¡Cómo nos ha impresionado su compromiso con los enfermos de Ébola hasta entregar la vida por atenderlos! Los misioneros son los mejores heraldos de nuestra sociedad, son sembradores de humanidad, de esperanza y de alegría. No dejemos de acompañarlos con nuestro aprecio, nuestra oración y con nuestra aportación económica.

Con mi afecto y mi bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.