Jornada Mundial de Oración y de Colecta por la Evangelización de los Pueblos (DOMUND)

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña     La Iglesia se sirve de las “Obras Misionales Pontificias” (=OMP) para contribuir, mediante la plegaria y la limosna, al desarrollo de la “Missio ad gentes”. En cada uno de los 130 países en donde las OMP han sido implantadas hay un director nacional nombrado por la Congregación para la evangelización de los pueblos. Dicho director, que es en nuestro caso el muy diligente y querido sacerdote Rvdo. D. Anastasio Gil, asume la responsabilidad de promover, en comunión con la Conferencia Episcopal respectiva, el carisma propio de estas obras.

Pues bien, de entre todas las jornadas organizadas por OMP a lo largo del año descuella de forma singular la que hoy celebramos: el DOMUND o Domingo mundial de las misiones. En su Mensaje de 1976 decía Pablo VI a propósito de este día: “La Jornada anual a que nos referimos intenta sobre todo la formación de la conciencia misionera del Pueblo de Dios, tanto de las personas como de las comunidades; el cultivo de las vocaciones misioneras; y el progresivo aumento de la cooperación, espiritual y material, a la actividad misionera en toda su dimensión eclesial”.

Por tanto, la Jornada que hoy vivimos apunta a formar la conciencia misionera de cada cristiano y la conciencia misionera de todas nuestras comunidades e instituciones. Tal conciencia es intrínsecamente inherente a la verdadera conciencia del cristiano, la cual encuentra en la universalidad del Evangelio uno de sus horizontes obligados.

Así mismo, la jornada del Domund nos recuerda que la vocación a la “missio ad gentes” constituye una vocación especifica y singular intrínsecamente necesaria en la Iglesia y que tal vocación no puede diluirse dentro de la vocación evangelizadora general de la existencia cristiana. Es muy hermoso contemplar la siembra y el crecimiento por el Espíritu de la vocación de la “missio ad gentes” en las almas de no pocos sacerdotes, consagrados y seglares. Son éstos personas que, independientemente de su estado concreto en la Iglesia, lo dejan todo con tal de responder prontamente a la llamada de la missio ad gentes recibida del Espíritu.

Y esta jornada – dice el Papa – es precisamente una buena ocasión para incrementar la conciencia de las vocaciones misioneras, especialmente, de las laicales, pues los laicos “están llamados a desempeñar un papel cada vez más relevante en la difusión del Evangelio”.

Finalmente, la presente jornada tiene por objeto estimular la cooperación espiritual y material a la actividad misionera. La Jornada del Domund comporta así salir cada uno de sí mismo para situarse en la vida del otro, concretamente en la vida del hermano misionero que ha pasado a la otra orilla para entregarse a los demás. El ciclo del Domund está constituido, así,  por días en los que se viven con intensidad la oración y el sacrificio para sostener las manos generosas y los corazones ardientes de los misioneros que están en primera línea. Viene después la ayuda económica por medio de donativos para el Domund.

El lema de la campaña de este año es “Renace la alegría”. Su sentido es tratado ampliamente por el papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones. Y su comprensión plena la obtenemos en la Introducción y en el primer capítulo de la exhortación apostólica Evangelii gaudium”.

En efecto, la alegría es el estado en que se encuentra la persona cuando ésta, visitada por Cristo, que es la verdad y el amor, se abre a él y le da aposento en su casa. Y esto es así porque el hombre ha sido hecho para buscar y encontrar la verdad, para amar y para ser amado por el Amor absoluto. Es entonces cuando se produce la “redditio hominis in semetipsum”, la vuelta del hombre a su ser más hondo. Llegada a este punto, la persona se ve inundada por el gozo, por la alegría, por la felicidad más grande.

Todo lo contrario ocurre cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, cuando ya no hay espacio para los demás, cuando dejan de entrar los pobres, cuando ya no se escucha la voz de Dios y ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Entonces amanecen irremediablemente la tristeza, el vacío interior, el aislamiento. No otro es el riesgo del mundo actual, que se resiste a abrirse a la verdad y al amor, y que, anclado en los objetos de consumo, se precipita irremediablemente en la nada.

Tal es la razón más honda del ser de la missio ad gentes. Por medio de ésta se crean las condiciones de posibilidad del encuentro o del reencuentro del sujeto con la verdad y con el amor de Dios, cuyo icono perfecto es Cristo.

La Iglesia necesita misioneros que disfruten dejando la seguridad de la propia orilla y apasionándose en la misión de comunicar vida a los demás. Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo va a poder contener el deseo de comunicarlo a otros? Sólo Cristo puede llenar el corazón humano y hacerlo feliz.

Llevemos, pues, a Cristo a las naciones, a aquellos que todavía no le conocen, a los que ya oyeron su voz, pero, culpable o inculpablemente, no se sintieron interpelados por ella, y a los que, habiéndola escuchado y seguido durante largo tiempo, la han abandonado y han vuelto al paganismo. Pero llevemos a Cristo con alegría, con gozo rebosante, como quiere el Papa, no con cara de funeral ni desde el horizonte de una cuaresma sin Pascua.

Seamos generosos con nuestra ofrenda.

Manuel Ureña,

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.