El misionero, portador de la alegría

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar        Queridos diocesanos:

El próximo 19 de octubre celebramos el Domingo mundial de la misiones (DOMUND); este año lo hacemos con el lema “Renace la alegría”. Ha transcurrido mucho tiempo desde que Jesús encomendó a la Iglesia la misión de ir al mundo entero y anunciar el Evangelio a todos los pueblos (cfr. Mt 28, 19-20) Pero esta misión, después de tantos siglos, se encuentra en los comienzos, como advertía San Juan Pablo II; de ahí que la Iglesia se encuentra siempre en situación de salida para llevar el mensaje salvador de Cristo a todos los rincones de la tierra. Y del cumplimiento de esta misión encargada por Cristo nace realmente la alegría porque, como ha escrito el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica, “con Cristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1). Es la alegría que traían aquellos discípulos después de haber cumplido la misión que el Señor les había encomendado (cfr. Lc 10, 17). Es la misma alegría que expresa Jesús al contemplar a los discípulos que van entendiendo su mensaje: “te doy gracias Padre, Señor del cielo y tierra, porque no has revelado estas cosas a los sabios ni entendidos sino a la gente sencilla; sí, Padre, así te ha parecido bien” (Lc 10, 20-21).

Nosotros, como evangelizadores, experimentamos esta misma alegría que surge del cumplimiento de la misión que el Señor nos ha encomendado para la evangelización del mundo actual. La misión que Cristo confía hoy a la Iglesia le exige ser una Iglesia de puertas abiertas, para poder salir a buscar en las periferias existenciales a aquellos que no conocen a Cristo, se han olvidado de Él o han reducido su fe a una vivencia que no molesta a nadie. Como ha escrito el Papa Francisco, una Iglesia de puertas abiertas que “no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (EG 47).

La misión que el Señor confía a la Iglesia seremos capaces de llevarla adelante si nos dejamos guiar por el Espíritu porque es Él quien nos hace salir de nosotros mismos para convertirnos en anunciadores de las grandezas de Dios; Él es quien “infunde la fuerza para anunciar la novedad del Evangelio con audacia (parresía) en voz alta, en todo tiempo y lugar incluso a contracorriente” (EG 259). El Evangelio y la vinculación a Cristo es la fuerza de donde brota la fuerza que el evangelizador necesita para llevar el mensaje salvador al corazón del mundo, y es lo que produce el auténtico discípulo misionero, es decir, el verdadero seguidor de Cristo que, de tal modo se deja aferrar por el amor de Jesús y apasionar por el Reino de Dios, que se hace y se convierte en portador de la alegría del Evangelio.

La vida entregada del misionero -lo mismo el que trata de anunciar el Evangelio aquí que en tierras lejanas- es una vida alegre y llena de esperanza porque vive la experiencia de salir de sí mismo, venciendo la tentación del individualismo y del egoísmo que promueven la indiferencia e incapacitan para compadecerse de los clamores de los demás, para dedicar su vida por entero a la vivencia y al anuncio del Evangelio.

¿Vamos a encontrar dificultades en esta tarea? ¡Claro! No sólo desde el exterior a nosotros (el consumismo, los placeres efímeros, el materialismo, etc.) sino también desde nuestro propio interior y nuestro egoísmo. Ahora bien, cuando nos encontramos de verdad con el Señor, ese encuentro nos empuja y nos da la alegría de anunciarlo a todas las gentes, una alegría que es una renovación interior que nos conduce a encontrar nuevos caminos, nuevas iniciativas y formas variadas de expresión para la evangelización. Todos los bautizados hemos recibido la misión de llevar con valentía el mensaje salvador de Cristo y la luz del Evangelio a todos las periferias existenciales que lo necesitan; todos y cada uno de los bautizados debemos sentirnos responsables de la evangelización de nuestro mundo y del anuncio del Evangelio a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.

El DOMUND debe ayudarnos a toma de conciencia de las necesidades que tienen los misioneros, que trabajan en las tradicionalmente llamadas tierras de misión, pero también esta Jornada debe concienciarnos a todos de una realidad que jamás podemos obviar: por el hecho de estar bautizados somos responsables de la evangelización del mundo estemos donde estemos, de este mundo occidental, de este mundo que constituyen los hombres de nuestra Europa, de nuestra España, de nuestro pueblo y de nuestra gente porque muchísimos de ellos son hoy auténtica tierra de misión que necesitan recibir el anuncio valiente de Jesucristo. Necesitamos implicarnos todos, estemos donde estemos y vivamos donde vivamos, porque hoy hay muchas personas indiferentes a todo lo que suene a Evangelio o a Cristo; personas que no conocen al Señor porque nadie les ha hablado -ni con la palabra ni con el testimonio- de Él; personas que creyeron, porque así se lo enseñaron sus padres, y hoy no creen porque se han dejado dominar por la llamada de un mundo fácil y de placeres pasajeros.

Todos ellos están cerca de nosotros y necesitan de alguien que les anuncie a Jesucristo: en nuestras propias familias, en nuestros pueblos y ciudades, en los ambientes en los que nos movemos cada día. Un anuncio que nos pide una vida realmente coherente con nuestra identidad de seguidores y discípulos de Cristo. Vivamos nuestra adhesión plena a Cristo, tengamos nuestra vida de cada día bien enraizada en Jesús, el evangelizador por excelencia; ojalá que, a ejemplo de María, seamos portadores de Cristo, como lo fue ella, y también, como ella, podamos experimentar la alegría y el gozo en nosotros der ser testigos y discípulos de Jesucristo.

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.