Domund del Año Jubilar de Santa Teresa

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora         Hay que conocer la vida de santa Teresa para darnos cuenta de que la santidad es muy humana y alegre…, jovial. Perdonad algo que parece broma por lo casi infantil: es famosa la anécdota de que, en su búsqueda de la austeridad, deciden las monjas y ella dejar de vestir con ropa interior blanca y utilizar una más rugosa y áspera donde se pueden refugiar los piojos con más facilidad. Pues bien, hace una especie de rogativa para pedir al Señor librarse de la plaga con una canción y la estrofa que sirve de estribillo es esta: «Pues nos dais vestido nuevo / Rey celestial, / librad de la mala gente / este sayal».

La santa reformadora de la vida cristiana en la Iglesia nos indica un «Camino de perfección», así titula su libro, donde va buscando no una santidad para ella, sino una vida para remediar el mal en las demás. Hace 500 años es el momento de la división y la separación de las iglesias de la reforma de Lutero y dice: «Parecíame que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se perdían. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el ser servicio del Señor, y toda mi ansia era, y aún es, que pues tiene tantos enemigos y tan pocos amigos, que ésos fuesen buenos, determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese».
He juntado en estos dos párrafos la alegría y la misión. Pues este año en la cercanía del aniversario del nacimiento de santa Teresa y la Jornada del Domund, de las misiones y que tiene como lema: «Renace la Alegría, yo soy Domund», os pido que os fijéis en estas palabras de la santa: «determiné a hacer eso poquito que era en mí, que es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese».

Somos, en nuestro tiempo, muy dados a decir lo que otros deberían hacer para salir de la crisis y para arreglar este mundo, y muy poco dados a «hacer ese poquito que era en mí». En este año, muy especialmente, por la también muy especial situación de guerra, violencia, corrupción etc., necesitamos ponernos en marcha o seguir la marcha de cambiar el mundo desde nuestro interior dejando a Jesucristo Nuestro Señor, como santa Teresa, que nos cambie el corazón para entregar la vida por puro amor a los hermanos que son las personas que sufren a causa de estas circunstancias.

La alegría del Evangelio que, como nos pide el Papa, hemos de llevar a nuestros contemporáneos no es, no debe ser delegada en nuestros misioneros, tantas veces heroicos por sufrir en sus carnes las consecuencias de la injusticia y del mal que, desde Occidente provocamos tantas veces. La alegría del Evangelio debe ser llevada por cada uno de nosotros y por nuestras comunidades parroquiales, religiosas, de Hermandades y de Asociaciones católicas, en general, porque ha de brotar de la única fuente que no se acaba y que no está contaminada. La santa lo tiene claro «es seguir los consejos evangélicos con toda la perfección que yo pudiese…» Aunque hay que entender bien las palabras que utiliza el Evangelio en las Bienaventuranzas os las resumo así: pobreza, mansedumbre, llorar con el que sufre, hambre de justicia, misericordia, limpieza de corazón, trabajo por la paz, perseguidos a causa de la defensa de la justicia.

Y más resumido todavía, la búsqueda de la realización plena de la santidad en el seguimiento de Jesucristo para andar por sus huellas de pobreza, castidad y obediencia. Es Jesucristo el modelo de persona que merece ser seguido y santa Teresa es una réplica que se nos ofrece en este Año Jubilar.

Vuestro Obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Articles
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.