DOMUND 2014: Renace la alegría

Mons. Carlos EscribanoMons. Carlos Escribano         La jornada Mundial de las Misiones se asoma cada año a la vida de la Iglesia universal, a la vez que irrumpe en el día a día de nuestras parroquias. La celebración del Domund ha arraigado en la comunidad cristiana y los contenidos que se proponen cada año, nos ayudan a descubrir nuevos aspectos de lo que significa ser misionero en la vida de la Iglesia y a intentar concienciarnos de la necesidad de ponerlo en práctica, para que no quede reducido a un mero recordatorio que, al final, no nos compromete de verdad.  En esta ocasión se nos invita a recuperar la alegría de evangelizar.

La jornada del Domund nos hace tomar conciencia de la ingente tarea que tenemos por delante. Es mucho el trabajo que se hace en nuestras parroquias y comunidades, en nuestras diócesis, pero queda tanto por hacer. Contamos con ello y estamos animados, pertenecemos a una Iglesia misionera y, siguiendo el mandato del Señor, nos sentimos enviados a trabajar con alegría a su viña: “hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio”. (Evangelii Gaudium 20)

Pablo VI inició la costumbre de entregar a la Iglesia un mensaje para esta Jornada; desde entonces, los papas nos invitan a tomar parte activa en este intercambio de dones espirituales y materiales entre los fieles. Intercambio que en nuestra diócesis se concreta además en el trabajo generoso de nuestros misioneros en el mundo. En el mensaje para el Domund de este año, se nos recuerda que todos debemos comprometernos en esa gran tarea eclesial: “Los discípulos son aquellos que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio. Todos los discípulos del Señor están llamados a cultivar la alegría de la evangelización. Los obispos, como principales responsables del anuncio, tienen la tarea de promover la unidad de la Iglesia local en el compromiso misionero, teniendo en cuenta que la alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en la preocupación de anunciarlo en los lugares más distantes, como en una salida constante hacia las periferias del propio territorio, donde hay más personas pobres en espera” (Francisco, Mensaje Domund 2014, nº  4).

Los cinco continentes son hoy tierra de misión. Cada uno con sus peculiaridades.  La vieja Europa donde nos urge la tarea de una Nueva Evangelización en un contexto muy secularizado y esquivo ante los valores del Evangelio. Asía, donde la Iglesia crece con paso lento pero firme. América donde comenzó la evangelización hace más de quinientos años y continúa con vigor y con fecundidad. Y África, el continente de la esperanza, donde una iglesia joven vive con alegría y generosidad su fe. Pero como recuerda el Papa, nuestra tarea misionera está también aquí, en Teruel y en nuestros pueblos: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad”. (Evangelii Gaudium 27).

¡Qué gran reto! ¡Hacer realidad el sueño que nos propone el Papa!

 + Carlos Escribano Subías,
Obispo de Teruel y de Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.