Beatificación de Pablo VI

HoyoLopezRamonMons. Ramón del Hoyo     Queridos fieles diocesanos: 

  1. Un nuevo testigo de la fe en la larga cadena de la historia de nuestra Madre, la Iglesia. Nos alegra y damos gracias a Dios. Su proceso de beatificación había comenzado el 11 de mayo de 1993 y, hasta el 7 de mayo de 2014, no se aprobó el milagro necesario para su beatificación “por la vía de virtudes”.El próximo domingo, día 19 de octubre, coincidiendo con la jornada del DOMUND, tendrá lugar en la Plaza de San Pedro en Roma, la beatificación del Siervo de Dios, Pablo VI, en la Misa de clausura del Sínodo extraordinario sobre la familia.

Había sucedido a San Juan XXIII en un momento histórico marcado por muchos desafíos y problemas en la Iglesia de aquellos años. Fue el Papa que asumió la gran tarea iniciada por el “Papa bueno”, su predecesor: reabrir el Concilio Vaticano II y dirigir su continuidad hasta su finalización. De él escribió Benedicto XVI que “cuanto más conocido es… tanto más es apreciado y amado”.

Su fecundo Pontificado
  1. Son innumerables los rasgos que podríamos destacar del nuevo Beato: Aparte del desarrollo y finalización del concilio, ya señalado, abrió el diálogo tan necesario de la Iglesia con el mundo contemporáneo, logró una mejor comprensión de la naturaleza de la Iglesia y del Colegio Episcopal, fomentó las relaciones ecuménicas con las iglesias ortodoxas, anglicana y protestantes, impulsó importantes reformas en la Curia romana, y la liturgia, inició la fecunda celebración de los Sínodos de Obispos.

Nunca agradeceremos bastante su fecundo magisterio que, con el paso de los años, cada vez aprecia mejor su importancia. Recordemos sólo sus Encíclicas más sobresalientes: Ecclesiam suam, del año 1964; Mysterium fidei, del año siguiente; Sacerdotalis caelibatus, del año 1967. En este mismo año Populorum Progressio, sobre el desarrollo de los pueblos y, en el siguiente, sobre el amor conyugal, Humanae vitae.

Pero podríamos destacar dos aspectos de su pontificado sobre todos los demás:

  1. Su amor a Cristo y a la Iglesia.
Sus dos amores

Recordamos sus palabras que con íntima emoción pronunció al inaugurar la segunda sesión del Concilio Vaticano II: “Cristo es nuestro principio, dijo, Cristo es nuestro camino y nuestro guía. Cristo es nuestra esperanza y nuestro término… Que no se cierna sobre esta reunión otra luz si no es Cristo, luz del mundo. Que ninguna otra verdad atraiga nuestros ánimos fuera de las palabras del Señor, nuestro divino Maestro. Que ninguna otra aspiración nos anime si no es el deseo de serle absolutamente fieles”[1].

En todas las etapas de su vida, desde los primeros años de su sacerdocio hasta su Pontificado fue siempre fiel a este amor apasionado por Cristo unido a su entrega y servicio incondicional a la Iglesia. Así lo confesó personalmente en una Meditación ante la muerte: “Puedo decir que siempre la he amado… y que para ella, no para otra cosa, me parece haber vivido”[2]. Quiso y defendió una Iglesia “pobre y libre”.

  1. Su celo misionero.
Id al mundo entero… (Mc 16, 15). Día del DOMUND

Destaquemos también esta faceta en el nuevo Beato, en el mes de las misiones que estamos celebrando.

Como el Apóstol Pablo, del que tomó su nombre, su amor a Cristo y a la Iglesia le impulsó a emprender viajes apostólicos nada fáciles y a realizar gestos proféticos de muy importante alcance eclesial y misionero.

Fue el primer Papa en viajar a la tierra donde Cristo vivió y de la que partió el Apóstol Pedro para la Sede de Roma veinte siglos antes. Estaba celebrándose entonces el Concilio y apenas hacía seis meses del inicio de su pontificado. Aquel viaje revistió para todos un especial significado, indicando a la Iglesia que el camino de su misión no es otro que seguir las huellas de Cristo.

Su Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi nos habla de la particular sensibilidad misionera del Siervo de Dios Pablo VI. Su anhelo decidido a favor de la evangelización del mundo contemporáneo impregna, puede decirse, todos los Documentos del Concilio Vaticano II, que culminaría con el Decreto Ad Gentes del 7 de diciembre de 1965.

Unidos en la oración
  1. Invito a los Sacerdotes y Encargados de Iglesias abiertas al culto que, en la fecha indicada del 19 de este mes, se eleven al Señor preces especiales en acción de gracias por el nuevo Beato, Pablo VI, así como por los trabajos del Sínodo extraordinario sobre la familia, informándose a los fieles sobre ambos acontecimientos eclesiales.

Con mi saludo agradecido al Señor.

+ Ramón del Hoyo López

 Obispo de Jaén

 

[1] Pablo VI, Discurso del 29 de septiembre de 1963, en Concilio Vaticano II; Constituciones, Decretos, Declaraciones. Madrid 1968, p. 1045.

[2] Pablo VI, Meditación ante la muerte, L’Osservatore Romano, sección en lengua española, 12 de agosto de 1979, p. 12.

Mons. Ramón del Hoyo
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Mons. Ramón del Hoyo nació el 4 de septiembre de 1940 en Arlanzón (Burgos). Cursó estudios en los Seminarios Menor y Mayor de Burgos, entre 1955 y 1963. Obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca (1963-1965) y el Doctorado en la Pontificia Universidad Angelicum (1975-1977). Fue ordenado sacerdote para la archidiócesis de Burgos el 5 de septiembre de 1965. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis burgalesa. Comenzó como coadjutor de la parroquia de Santa María la Real y Antigua y Director espiritual de la Escuela media femenina “Caritas”, entre 1965 y 1968. Desde este último año y hasta 1974 fue Notario eclesiástico y Secretario del Tribunal Eclesiástico. Además, en el año 1972 fue nombrado Provisor-adjunto de la Curia de Burgos y en 1978 Provisor, cargo que desempeñó hasta 1996. También fue Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano desde el año 1978 y hasta 1993, cuando fue nombrado Vicario General y Canónigo y Presidente del Capítulo Catedral Metropolitano. Estos cargos los compaginó, desde 1977 y hasta su nombramiento episcopal, con la docencia en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, como profesor de Derecho Canónico. El 26 de junio de 1996 fue nombrado obispo de Cuenca y recibió la ordenación episcopal el 15 de septiembre del mismo año. El 19 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo de Jaén, diócesis de la que tomó posesión el 2 de julio de 2005. El papa Francisco acepta su renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis el 9 de abril de 2016 y le nombra administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor,el 28 de mayo de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, de la que fue presidente de 2005 a 2011. Ha sido miembro del Consejo de Economía desde 2012 a 2017. También fue miembro de la “Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia”, que se creó con el encargo de preparar la Declaración y la promoción de la figura del nuevo Doctor.