Id por todo el mundo y predicad a todos la buena nueva del Evangelio

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas       Domingo de las misiones.

El papa Francisco nos ha enviado un mensaje para ayudarnos a vivir la Jornada Mundial de las Misiones (el Domund), que celebramos este domingo. Recuerdo un fragmento:

“Hoy en día todavía hay mucha gente que no conoce a Jesucristo. Por eso es tan urgente la misión ad gentes, en la que todos los miembros de la Iglesia están llamados a  participar, ya que la Iglesia es misionera por naturaleza: la Iglesia ha nacido “en salida”. La Jornada Mundial de las Misiones es un momento privilegiado en el que los fieles de los diferentes continentes se comprometen con oraciones y gestos concretos de solidaridad para ayudar a las iglesias jóvenes en los territorios de misión. Se trata de una celebración de gracia y de alegría. De gracia, porque el Espíritu Santo, mandado por el Padre, ofrece sabiduría y fortaleza a aquellos que son dóciles a su acción De alegría, porque Jesucristo, Hijo del Padre, enviado para evangelizar al mundo, sostiene y acompaña nuestra obra misionera”.

La expresión “celebración de gracia y de alegría” a que el Papa se refiere me sugiere una reflexión desde Girona.

Celebración de gracia. Ciertamente que ha sido una gracia, un don de Dios, la vocación misionera de muchos sacerdotes de nuestra diócesis, así como de religiosos y religiosas, Durante años nuestra Iglesia ha sido generosa y ha enviado misioneros y misioneras a diversos países para anunciar a Jesucristo y, con su anuncio, transformar la vida de las personas para que fuese una mejor “buena noticia”.El anuncio de Jesucristo siempre comporta la transformación de la persona y la siembra de simientes de progreso, de justicia, de fraternidad…En definitiva, de simientes que humanizan y dan fruto. Algunos de estos misioneros hoy están entre nosotros con sus alegrías y sus heridas. Otros han dejado la vida, algunos asesinados, otros por enfermedad. Hoy, son menos, pero todavía están trabajando en diversos países. Todos ellos han ofrecido al mundo la cara más amable y más importante de Girona, porque han ido a llevar el mejor tesoro que hemos recibido, el tesoro del evangelio, dando su vida, sea en el día a día, sea definitivamente.

Ciertamente que la simiente sembrada ha dado fruto. Basta con escuchar la experiencia de los misioneros. Hace pocos meses estaba entre sorprendido y admirado escuchando a D. Joan Soler, párroco de una parroquia de Dapaong (Togo), que comentaba el millar de catecúmenos, el gran número de niños y jóvenes en la catequesis… Pensaba que D. Joan representa a toda la Iglesia diocesana de Girona y su fecundidad, cosa que con frecuencia no palpamos aquí. Lo mismo podría explicar de otros muchos.

También es cierto que, desde hace un tiempo, algunos jóvenes de países que había acogido misioneros se plantean ahora venir aquí, nuevo territorio de misión, no por razones materiales, sino ante la amenaza de no poder ofrecer la propuesta de vida cristiana por falta de sembradores.

Por esta razón, celebración de gracia, pero también de alegría, porque contribuimos a la evangelización de muchas personas y porque podemos vivir y hacer efectiva la comunión entre nuestras Iglesias.

Que la gracia y la alegría se traduzcan en un deseo de convertirnos en más misioneros aquí y solidarios con las necesidades de los misioneros de todo el mundo.

Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 412 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.